Estambul, sueños del sultán

La Cisterna Basílica almacenaba hasta cien mil toneladas de agua.

La Cisterna Basílica almacenaba hasta cien mil toneladas de agua.

Imaginemos nuestro planeta sin Roma, sin París o Nueva York. Difícil, ¿verdad? Son tantos los atractivos de esas ciudades que el mundo no podría considerarse mundo sin estos faros para la arquitectura, el arte y las tendencias de todo signo. Pues Estambul no tiene absolutamente nada que envidiar a esas grandes ciudades. Incluso más: es difícil encontrar otro lugar que pueda hacerle competencia en Historia, en plástica y, sobre todo, en personalidad y vivencias. Lejos de rendirse al peso de las centenarias piedras con que se construyeron sus numerosos monumentos, la que fue capital del Imperio Otomano se regenera con esa fascinación que producen las ciudades-frontera. Y esta lo es más que ninguna otra en el resto del planeta: con un pie en Europa y otro en Asia, o lo que es lo mismo, en el límite entre el Cristianismo y el Islam; entre Occidente y Oriente; entre la antigüedad y un futuro desbocado…

La mayor parte de las bellezas de esta inmensa urbe de más de doce millones de habitantes se concentran en el barrio de Sultanahmet, en la zona europea. Allí, en una enorme explanada ajardinada compiten en señorío (y visitantes) Santa Sofía (o Aya Sofia) y la Mezquita Azul (o del Sultán Ahmed). La primera ha sido rejuvenecida después de siglos de ocultación de buena parte de la decoración original, gracias una laboriosa restauración que ha llevado casi dos décadas. Si ya impresionaba la visita a este enorme templo, construido hace más de 16 siglos, ahora resulta casi imposible controlar la mandíbula ante el asombro que produce su magnífico interior, su soberbia cúpula de más 55 metros de alto y 33 de diámetro, sus galerías con vistas al gran vano central y cómo no, los mosacios que decoran altares, muros, pilares y pechinas

Por su parte, la Mezquita Azul se levanta sobre el solar donde en la antigüedad estaba el palacio imperial de Constantinopla. Al ver su aspecto exterior no se entiende muy bien el calificativo de azul. La incógnita se despeja al penetrar en su interior, con una espectacular decoración donde los celestes azulejos de Iznir son protagonistas. Si impresiona la belleza de la cerámica, no menos lo hacen la maraña de pequeñas lámparas que cuelgan del techo. Junto a Sultanahmet está el Gran Bazar, ese seductor laberinto del que es imposible escapar sin caer en la tentación de la compra. Y también se encuentra la Cisterna Basílica, la mayor de las sesenta cisternas que abastecían las necesidades del Gran Palacio de Constantino I El Grande.

Los tesoros de Topkapi

Sobre una colina que domina el Mar de Mármara y el Estrecho del Bósforo se encuentra el complejo palaciego de Topkapi, hoy convertido en museo, pero hasta mediados del siglo XIX residencia de los sultanes otomanos. Desde sus amplios ventanales, balcones y terrazas uno diría que, más que por dominio político, el palacio fue construido como un canto al hedonismo. Contemplar el atardecer brumoso de Estambul bajo uno de los arcos del harén, o desde las terrazas ajardinadas del tercer y cuarto patio, es una experiencia epatante, absolutamente inolvidable. Como admirar las riquezas que se muestran en las vitrinas de sus decenas de salas, repartidas a lo largo de los 700.000 m2 del complejo. Topkapi fue residencia real hasta mediados del siglo XIX. En 1853 el sultán Abd-ul-Mejid I trasladó la Corte al recién construido Palacio de Dolmabahçe, a orillas del Bósforo y al pie de la colina de Gálata. El edificio, además de espectacular,  es una suerte de fantasía neobarroca occidental, con numerosos guiños orientalizantes. Llama la atención la colección de objetos (no solo lámparas o menaje) realizados con cristal de Bohemia y de Baccarat, como la llamada Escalinata de Cristal.

Un paseo por el Estrecho

La colina de Gálata, a la que se accede a pie, tranvía o vehículo a través del puente del mismo nombre, está presidida por una bellísima torre circular de más de 65 metros de altura.

Construida a mediados del siglo XIV por los genoveses de Constantinopla, la Torre de Gálata fue parte de las fortificaciones desde las que se controlaban los intereses comerciales de la República marítima. Pero, más que por cuestiones arquitectónicas o históricas, merece la pena subir las nueve plantas del edificio para admirar el soberbio espectáculo paisajístico que regalan el restaurante y la cafetería alojados allí.En la otra orilla del puente de Gálata (flanqueado en su parte inferior por numerosos restaurantes de cocina turca e internacional) se sitúa Eminönü, en pleno Cuerno de Oro, desde cuyo muelle parten los barquitos que, en un par de horas, recorren el Bósforo en trayectos de ida y vuelta. No muy cómodos y algo caros, se podría pensar que son una turistada prescindible. Nada más lejos de la realidad: quien no navegue por el legendario estrecho entre Europa y Asia se perderá una de las claves para comprender la singularidad de esta ciudad, aparte de uno de sus momentos más bellos, sobre todo si éste coincide con el ocaso, cuando la ciudad de Estambul se tiñe de dorado y el olfato se embriaga de especias, sal, pescado y perfumes orientales.

Hoteles: ¿Agatha Christie? Room 411

No resulta fácil hacer una selección de los mejores hoteles de Estambul. La oferta es tan amplia que se adapta a todo tipo de viajeros y bolsillos. Como muestra, cuatro ideas orentadas al lujo pero muy diferentes en concepto:

Four Seasons Istanbul at Sultanahmet (Tevkifhane Sokak, 1 Sultanahmet-Eminönü, I. www.fourseasons.com/istanbul). Lujos orientales, comodidades occidentales y el privilegio de dormir junto a Santa Sofía, la Mezquita Azul y el Palacio de Topkapi, en el cogollo monumental de la ciudad. Al dormir en cualquiera de sus 65 habitaciones, nadie diría que esto fue, hasta hace solo unas décadas, la terrible prisión en la que se basó la novela y película El expreso de medianoche.

Pera Palace (Mesrutiyet Caddesi, 52, 34430 Tepebası, Beyoglu, www.perapalace.com). Tras una cuidada reforma, el hotel ha recobrado su pátina como uno de los hoteles más esplendorosos de Estambul. Baste recordar que en una de sus habitaciones, la 411, la genial Agatha Christie escribió su célebre novela Asesinato en el Orient Express. Y, de hecho, aquí se alojaban los pasajeros que llegaban a Estambul a bordo del legendario tren. En total, 99 habitaciones y 16 suites.

Çiragan Palace Kempinski (Ciragan Caddesi, 32. www.kempinski.com). Ideal para quienes quieran experimentar de forma plena el contacto y la cercanía con el Estrecho del Bósforo y alojarse a cuerpo de rey. No en vano, esta fue la residencia del último sultán otomano. Llaman la atención la lujosa decoración, los jardines y la magnífica piscina con vistas. Con más de 300 habitaciones, si se lo puede permitir, reserve la Gran Sultan Suite.

Tomtom Suites (Bogazkesen Caddesi. Tomtom Kaptan Sokak, 18, Beyoglu.  www.tomtomsuites.com). Concepto de lo más actual, en diseño y comodidades, el que ofrece este hotel de apenas 20 habitaciones. Y eso que ocupa un edificio de principios del siglo XX reformado hace pocos años. Se sitúa en el barrio de Gálata, junto a Istiklal Caddesi, la gran vía comercial (y peatonal) de la zona europea de Estambul.