Berlín, carácter dinámico

Catedral.

Catedral.

Berlín nunca será una ciudad tranquila. Sus monumentos prusianos, sus barrios cargados de cicatrices causados por los obuses lanzados durante la Segunda Guerra Mundial, sus museos, incluso su extravagante vida nocturna, están tocados por la tragedia, manchados y ennoblecidos por una historia como la alemana, llena de fracasos políticos y de brillantez individual. Hay pocos paisajes inocentes aquí, y sí en cambio muchos recuerdos amargos. Se pueden hallar muchos motivos de satisfacción en esa vieja-nueva capital alemana, que invita a sumergirse en un tortuoso pasado para entender el porqué de su júbilo actual.

La historia de Berlín, marcada por el Muro durante casi treinta años, la ha forjado de una personalidad que se refleja en sus múltiples corrientes culturales, siempre innovadoras y transgresoras. Sus calles parecen hechas a medida para las mentes inquietas, las almas curiosas y los amantes de lo cosmopolita. Ahora hay más motivos que nunca para detenerse. En los últimos años la ciudad se ha transformado por completo. Y es que Berlín ya no es aquella ciudad derruida, repleta de casas de okupas y centro del movimiento punk, como en los años inmediatamente posteriores a la caída del Muro, sino un lugar cada vez más armonioso y con una población divertida y hospitalaria. A medida que se va descubriendo, seduce y atrapa.

El barrio de Mitte

Fundada hace 800 años, la capital alemana es joven en comparación con otras metrópolis. Sin embargo, pocas ciudades han presenciado tantos acontecimientos históricos. Dividida y aislada durante décadas, experimenta un resurgir volviendo a ser una ciudad emprendedora. A partir de la caída del Muro, en 1989, el este de la ciudad volvió a recuperar su posición de centro histórico, político y monumental, arrancando un esfuerzo de construcción y rehabilitación sin precedentes. Desde entonces el barrio de Mitte, con su interminable lista de locales nocturnos, se ha convertido en el eje de la urbe.

Junto a la puerta de Brandemburgo, el monumento más característico de Berlín, construida como símbolo de paz, el nuevo edificio del Reichstag –el Parlamento–, un edificio cargado de historia, luce ahora coronado por una futurista cúpula de cristal diseñada por Norman Foster. De aquí parte la elegante avenida Unterlinden.

La edificación más emblemática del nuevo Berlín es la Potsdamer Platz. Situada en la que antaño fue tierra de nadie, un conjunto moderno y futurista de rascacielos la han convertido en el centro financiero y de ocio. Potsdamer Platz ha rescatado su antiguo esplendor, recuperando su original forma octogonal, y siempre está animada, con sus restaurantes, cines, museos y clubs nocturnos.

Quienquiera que fuese el que dijo que el mejor modo de caer sobre Berlín es subir los 360 m. de la Fernsehturm, la torre de la televisión de la antigua RDA, no se equivocaba. Solo de este modo, efectivamente, esta ciudad inmensa se empequeñece y se simplifica. Toda la ciudad está allí abajo, encerrada por un gigantesco anillo de agua de color azul: el río Spree al este y el Havel al oeste. ¡Todo Berlín unido! Un espectáculo único, por lo menos para quienes no tienen vértigo. Esta torre colosal, que pesa más de 26.000 toneladas, nunca deja de dar vueltas, ni siquiera de noche. Es igual que Berlín, que nunca se detiene. Cuando una parte de sus habitantes se levanta para ir a trabajar, hay mucha gente que no se ha ido a dormir. Siempre ha sido así. En lo alto de la torre, el Telecafé, un restaurante giratorio, invita a pasar una jornada inolvidable.

La Isla de los Museos

Junto a sus palacios e iglesias, los káiseres levantaron, en una isla artificial sobre el río Spree, un conjunto de museos para guardar y mostrar sus tesoros. Tal fue la cantidad de piezas que acumularon con los años que hubieron de construir cinco grandes museos para albergarlas. La joya de la Isla de los Museos es el fabuloso Museo de Pergamon, que acoge el reconstruido altar del siglo II a.C. de la ciudad griega de Pérgamo.

Hay, sin embargo, una colección que no tiene rival: el Museo del Muro. Instalado a pocos metros del antiguo paso fronterizo de Checkpoint Charlie, un portero híbrido, medio policía, medio payaso, invita a revivir la odisea de los alemanes que se atrevieron a franquear el Muro. Checkpoint Charlie era la puerta de salvación. En su lugar se alza hoy una Estatua de la Libertad clonada y dorada.

En Berlín, claro, la historia hebrea pesa mucho. Pero no todo son referencias dolorosas: Scheunenviertel, la judería histórica, es uno de los barrios más animados de la ciudad, lleno de restaurantes, galerías de arte y clubs nocturnos. En la calle Oranienbuirger, en el nº 28 se halla la imagen más reconocible de la comunidad hebrea: la cúpula dorada de la Nueva Sinagoga.

Arte en la calle

Nacidas en el barrio de Kreuzberg, las pinturas murales de Berlín se expandieron felizmente como un maremoto de colores. Kreuzberg es el barrio de los punkies, de los freak, de los intelectuales, de los artistas… Tierra de nadie y tierra de todos, el barrio de Kreuzberg se transformó en una galería de arte. También el Muro luce una colección de Estatuas de la Libertad pintadas con los colores del arco iris. Hoy el Muro ha desaparecido casi en su totalidad, y el trozo que ha sobrevivido ha sido bautizado como East Side Gallery. Se trata de una franja de 1.300 metros de longitud cuyo material y forma corresponden al auténtico Muro de la frontera estatal este. Desde hace años, su cara oriental es pintada, una y otra vez, por artistas alemanes y extranjeros invitados por el ayuntamiento. Desafiando las inclemencias del tiempo, aprovechan el gran lienzo de este monumento histórico que se estira a lo largo del río Spree.

Hoteles: Siempre a la vanguardia

Ya sea por su particular atmósfera en un hotel de diseño o un ambiente elegante en un hotel cinco estrellas, la diversidad y modernidad del paisaje hotelero berlinés es única en Europa. El Hotel Adlon (Unter del Linden, 77. www.hotel-adlon.de) es una opción ideal para quien se lo pueda permitir. El viajero podrá contemplar la Puerta de Brandemburgo desde su ventana y disfrutar de las lujosas estancias de este hotel, que abrió de nuevo sus puertas en 1997 tras sufrir en sus muros los avatares del siglo XX. Por si fuera poco, su restaurante tiene una estrella Michelin.

Grand Hyatt (Marlene-Dietrich-Platz, 2. www.berlin.hyatt.com) es, también, una opción excelente. Proyectado por Rafael Moneo, es una de las piezas que componen la ultramoderna Potsdamer Platz. Las habitaciones hacen honor a su prestigio como hotel de vanguardia.
Con el Hotel Waldorf Astoria (www.aldorfastoriaberlin.com) se inaugura en Europa el primer hotel de nueva construcción de esta cadena de lujo. No pasa desapercibido desde luego, pues es el edificio más alto del oeste de Berlín. El lujo se puede apreciar por todas partes, en todos los rincones, pero no agrede porque se ha construido con un gusto exquisito. En el Spa, los huéspedes se sienten imbuidos a probar cualquiera de los tratamientos que se sugieren. Da lo mismo, lo importante es dejarse llevar en este templo de la salud y tocar por las expertas manos de los profesionales.

La mejor opción para los amantes del diseño es el Hotel Nhow (www.nhow-hotels.com/berlin). Situado a orillas del Spree, es un crisol de diseño, moda y música. En los dos estudios de música (privados) de alto standing, cantantes y grupos musicales ensayan sus nuevas grabaciones. Para completar esta miniguía, la compañía Meliá Hotels International presume de un establecimiento de una de las marcas más reputadas en el país, el Hotel Innside Berlin (www.melia.com). Dentro de su fachada histórica se reúnen el más moderno diseño con el arte contemporáneo. Sus 133 distinguidos y espaciosos estudios y suites, con baños abiertos a la zona de estar y vistas a los luminosos jardines del patio interior, ofrecen el más moderno confort para el descanso y un concepto de alojamiento ejemplar.