Dubrovnik, refugio en el Adriático

El casco antiguo es una coqueta villa mediterránea parapetada tras una robusta muralla de casi 2 km.

El casco antiguo es una coqueta villa mediterránea parapetada tras una robusta muralla de casi 2 km.

Más profundas que el sobrenombre La Perla del Adriático, casi desgastado por las campañas publicitarias, fueron las palabras que George Bernard Shaw dedicó a la ciudad: “Todos los que busquen el paraíso terrenal que vengan a visitar Dubrovnik”. Un edén a orillas del Adriático con una historia azarosa de incendios, terremotos y guerras. Pero, por graves que fueran las calamidades, siempre ha habido una fiel reconstrucción, de suerte que, pese a todo, la ciudad ha preservado su bella identidad como si el tiempo se detuviera tras sus murallas. La Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad en 1979.

Las murallas de Dubrovnik se miran en el espejo turquesa de las aguas del Adriático que la rodean. Todo el casco antiguo es una coqueta villa mediterránea parapetada tras una robusta muralla de 1.940 metros de longitud y hasta 25 metros de altura y 6 de espesor. De origen medieval, aunque ampliada y reforzada en diferentes períodos de la historia para repeler los ataques de vénetos, sarracenos y turcos, la muralla se compone de bastiones, casamatas, torres y fortalezas independientes. Destacan por su espectacularidad la Torre Minceta, elevada y almenada, y la fortaleza Lovrijenac, que se eleva 37 metros sobre unos abruptos acantilados y que, junto con la fortaleza de Bokar, cierra y protege el puerto más antiguo de Dubrovnik, Kalarinja.

Un laberinto lleno de sorpresas

Cruzar las murallas por la puerta Ploce, en el flanco oriental, o la de Pile, en el lado occidental, es adentrarse en una ciudad consciente de que debía protegerse de los invasores. Por eso al traspasar la puerta aún quedan un foso, otras puertas menores y pasajes sinuosos donde poder neutralizar a posibles intrusos. Un paseo por encima de las murallas permite tomar perspectiva del entramado interior de la ciudad, algo que se pierde completamente al adentrase por sus callejuelas peatonales. A cambio, a cada paso se puede descubrir un pequeño detalle labrado en alguna piedra, alguna capilla o algún callejón sin salida. Por laberíntico que parezca cruzar la ciudad callejeando, no lleva más de media hora.

Piedra y agua

Ya desde tiempos medievales la ciudad se enorgulleció de su poderío económico fruto del comercio de la plata, con el que pudo costearse un complejo sistema de canalización de agua potable. Y para hacerlo patente ante cualquier forastero se colocaba una fuente exultante de agua corriente nada más traspasar cualquiera de las puertas de la ciudad. Sin disimulos: grande y poderosa. Así es la Gran Fuente de Onofrio, junto a la puerta de Pile, un enorme punto de abastecimiento de agua con 16 caños que se surte del agua de un manantial cercano. Aún hoy sigue manando agua potable, lo que la convierte en parada obligada.

Viaje en el tiempo

Adentrarse intramuros es hacer un viaje en el tiempo. El viajero accede por la avenida principal, la Placa o Stradum, una calle recta con baldosas pulidas jalonada a ambos lados por tiendas y restaurantes con amenas terrazas. Lo habitual es entrar por la puerta de Pile y avanzar hasta la Torre del Reloj en el extremo opuesto. En realidad esta calle originariamente fue un canal que dividía en dos la república de Ragusa, nombre con el que se conocía a la actual Dubrovnik desde tiempos de los dálmatas. Al cubrirlo se convirtió en la calle principal, con suntuosos palacetes a ambos lados. La homogeneidad y discreción de sus edificaciones en la actualidad corresponde a la reconstrucción posterior al gran terremoto de 1667.  Tampoco es ampuloso el puerto viejo ni lo eran los astilleros, una edificación con cuatro secciones abovedadas reconvertida en la actualidad en un café que mira al mar a través de una galería porticada.

Protegidos por Dios

En épocas de invasiones de infieles, además de contar con buenas defensas el pueblo necesitaba iglesias donde, como buenos mediterráneos, encomendarse a la Virgen. La leyenda cuenta que en su regreso de las cruzadas por Tierra Santa, Ricardo Corazón de León salvó la vida de una pavorosa tormenta frente a la costa de Dubrovnik. En agradecimiento hizo un donativo para levantar una basílica que, según las crónicas de la época, rivalizó en belleza con las más ricas catedrales románicas. Destruida tras el gran terremoto de 1667, la catedral de la Asunción se reconstruyó en estilo barroco. Cuenta con obras de Tiziano, Rafael y Savoldo, entre otros, así como un tesoro rico en reliquias y orfebrería litúrgica en oro y plata. No es el único edificio religioso de renombre en Dubrovnik. Paseando por el entramado de calles y cuestas empedradas salen al paso la Iglesia de San Salvador, milagrosamente intacta tras el gran terremoto; la de San Blas, patrón de la ciudad; el convento de Santa Clara, y los monasterios franciscano y dominico que albergan hermosos claustros, obras de arte e importantes archivos con manuscritos e incunables. El Palacio de Sponza y el del Rector constituyen las principales muestras de arquitectura civil, que se complementa con la Columna de Orlando, con un guerrero medieval labrado en piedra y blandiendo una espada, símbolo de la libertad de la ciudad.

Hoteles: Con vistas a la muralla

Solo hay dos hoteles dentro del recinto amurallado. El resto de oferta hotelera se reparte por los alrededores, sobre todo, por el barrio de Lapad. Si no es posible despertar con vistas a esta gran joya en piedra siempre se puede coger el funicular, ascender hasta la cima del Monte Srdj para contemplar la panorámica de la ciudad vieja y luego pasar la noche en alguna localidad cercana. Dormir intramuros es un lujo posible en el Hotel Pucic Palace (www.thepucicpalace.com), un cinco estrellas en un edificio barroco en la Plaza Gundulic. Dispone hasta de capilla privada para oficiar bodas. La otra opción es el Hotel Stari Grad (www.hotelstarigrad.com), cerca de la calle Stradum, con una codiciada azotea para desayunar con vistas a los tejados del casco antiguo. En ambos casos hay que tener en cuenta que el recinto es peatonal y que el coche deberá aparcarse fuera. El staff del hotel ayudará a trasladarlo desde las puertas de entrada a la ciudad. La cadena Hilton regenta el Hotel Imperial (www.hilton.com), a pocos metros de la puerta Pile. Este edificio del siglo XIX ya funcionaba como hotel en época del imperio austrohúngaro. Muy dañado por los bombardeos serbios entre 1991 y 1992, tuvo que reconstruirse, aunque respetando su sabor decimonónico. Muchos viajeros sibaritas optan por alguno de los lujosos hoteles boutique y villas distribuidos por las colinas y, por lo general, con su propia playa privada. Así es el Hotel Bellevue (www.adriaticluxuryhotels.com), con sus 91 habitaciones escalonadas frente a la Bahía Miramare y una excelente oferta gastronómica. La misma cadena regenta también varios pequeños hoteles boutique y villas de lujo. Destacan Villa Agave, erigida sobre las ruinas de la iglesia medieval de San Lázaro; Villa Glavic, en una casona señorial de principios de siglo XX, y Villa Sherezade, de inspiración oriental. Supuestamente la opción más romántica es Villa Dubrovnik (www.villa-dubrovnik.hr), también sobre un risco, con playa privada y barca lanzadera hasta la ciudad vieja.