Masái Mara y Amboseli [Kenia]: Las terrazas del Kilimanjaro

La reina Victoria cedió el Kilimanjaro a su sobrino nieto el káiser
Guillermo II.

El Mara, como le dicen coloquialmente a la reserva masái establecida en 1961 al oeste del Rift Valley para proteger de los furtivos a sus animales, presume, y con razón, de ser el plato fuerte de cualquier safari por Kenia. La densidad de fauna que atesoran sus colinas y praderas es tan apabullante que conviene reservársela para el final del viaje ya que, de comenzar por aquí, cualquier otro parque del país podría correr el riesgo de desmerecer, incluso aunque no se coincida con la gran migración que acentúa su renombre mundial. Es entonces, aproximadamente entre los meses de julio y octubre, cuando, obviando las fronteras dibujadas a tiralíneas por el hombre blanco, de las vecinas y hoy tanzanas llanuras del Serengeti avanzan haciendo temblar la tierra cerca de un millón y medio de ñus, y cientos de miles de cebras, gacelas e impalas, seguidos en corto por leones y hienas complacidos ante tal concentración de carne. La búsqueda desesperada de agua y pastos frescos origina este peregrinaje circular que, en realidad, no tiene ni principio ni fin, aunque sus momentos más emocionantes se concentran alrededor de estas fechas, cuando las encabritadas hordas de estos peculiarísimos antílopes con cabeza de toro barbudo se ven abocadas a vadear las aguas chocolate de los ríos Mara y Talek, en donde les aguardan pacientes las fauces de los cocodrilos.

Safari de safaris

Ningún viaje a Kenia podría considerarse completo sin consagrarle al menos un par de días a los más de 1.500 kilómetros cuadrados del Masái Mara –recibe su nombre del río Mara y de la tribu que habita la zona, los masái–, donde, como en cualquier otro parque, los mejores safaris arrancan al amanecer y al atardecer. En estas horas más frescas la fauna está más activa y se tiene más posibilidades de presenciar una escena de caza a metros escasos del todoterreno, que aquí incluso puede conducir uno mismo aunque lo más habitual es participar en los safaris, guiados por un ranger, que organizan para sus huéspedes los lodges de la zona. Bien de madrugada, tras a lo sumo un café en recepción mientras llegan los demás participantes, el 4×4, con las luces aún encendidas, asiste a trompicones por las pistas al despertar de la sabana. Una familia de facóqueros al completo con sus rabos erguidos como antenas de radio, las primeras jirafas despuntando sobre las copas de unas acacias, el escándalo de los hipopótamos retozando en el río o la algarabía de las aves más fabulosas celebrando haber sobrevivido un día más a los peligros de la noche… y casi sin previo aviso el sol ecuatorial ya está en lo más alto de la bóveda, iluminando con brío estos territorios donde la vida y la muerte tienen echado un pulso constante.

En busca de los big five

Los rangers, buenos conocedores de los territorios de los animales y sus huellas, sabrán salir al encuentro de las especies más deseadas. Con un poco de suerte, en el Mara podrá verse incluso en un solo día a los famosos big five o cinco grandes mamíferos del safari: el elefante, el búfalo, el rinoceronte, el león y el más esquivo, solitario y noctívago de todos, el leopardo. Pero lo realmente increíble no es solo verlos a ellos sino verlos en semejante entorno, a dos pasos de esas colinas que son la viva imagen del África más libre y salvaje, donde se concentran miles de ejemplares de especies menores, como gacelas, ñús y todo un elenco de herbívoros pastando sin bajar la guardia ante la siempre posible entrada en acción de un predador. En cuanto al paisaje, la mayor parte de la reserva es sabana, aunque suele estar salpicada por fotogénicas acacias solitarias.

El protagonista tanzano

El más reseco Parque Nacional de Amboseli –pegado también a la frontera con Tanzania, aunque más hacia el sureste– es célebre sobre todo por las descomunales manadas de elefantes que se concentran por sus polvorientas hechuras, y que aquí pueden avistarse con el telón de fondo del Kilimanjaro, dominando las llanuras con su cono perfecto desde sus 5.985 metros de altura. Una antigua leyenda swahili aseguraba que en su cima habitaba un dios que castigaba a los que osaban acercarse a su morada paralizándoles de pies a cabeza. La llegada del hombre blanco dio a tan ancestral temor el prosaico nombre de “fenómeno de congelación”, y hasta osó convertir a la montaña más alta del continente en un regalo entre monarcas. Cuando Inglaterra y Alemania se repartían esta porción del África Oriental que de siempre le había pertenecido a la legendaria tribu guerrera de los masái, debió parecerles injusto que los británicos se quedaran con sus dos grandes cumbres y los germánicos con ninguna. Así, la reina Victoria conservó el Monte Kenia y optó por cederle el Kilimanjaro a su sobrino nieto, el káiser Guillermo II. Es por eso que la ridícula línea recta que divide desde entonces Kenia y Tanzania hace en este punto del mapa un quiebro deliberado, dejando la gran montaña africana en territorio tanzano, aunque nadie podría negar que sus mejores vistas se las quedó para siempre el parque Amboseli.

Hoteles: Glamour salvaje

Entre los mejores alojamientos de Amboseli, el Tortilis Camp (www.tortilis.com) y el Tawi Lodge (www.tawilodge.com), situado junto a la entrada del parque en una zona de conservación de 2.400 hectáreas por la que transitan manadas de elefantes en su migración a las colinas de Chyulu. Desde su docena de coquetos cottages, dotados incluso de chimenea, se admira la estampa del Kilimanjaro sin salir de la cama o de la gran bañera de patas que preside sus cuartos de baño. En las cercanías del parque, los también personalísimos Donyo Lodge (www.greatplainsconservation.com) y Kampi Ya Kanzi (www.maasai.com).

Entre la muy bien surtida oferta de alojamientos del Masái Mara sobresalen campamentos tan de lujo como Cottars 1920 (www.cottars.com), en una concesión de terreno alejada de las zonas más trilladas de la reserva. Suma un número muy reducido de tiendas, adornadas con antigüedades y recuerdos de safaris de los años 20, y con servicios habituales en un hotel de nivel como un estiloso cuarto de baño, además de con veranda privada para admirar el paisaje. También entre lo más exclusivo del Mara y en una concesión privada, el Bateleur Camp at Kichwa Tembo (www.kichwatembo.com) permite emprender actividades no viables en otras zonas, como safaris nocturnos o caminatas por la espesura. Con solo una decena de tiendas, el Ol Seki Hemingways Mara (www.hemingways-mara.com) destaca por las panorámicas de 270º que exhibe cada una; mientras que también figuran entre los más sobresalientes el Naibor Camp y el Little Naibor (www.naibor.com), a orillas del río Talek, así como el Mara Explorer (www.heritage-eastafrica.com), cuya decena de preciosas tiendas en una zona boscosa junto al río pueden abrirse casi completamente a la naturaleza. Igualmente, el lodge Saruni (www.sarunicamp.com), con zonas comunes decoradas con recuerdos coloniales, alfombras persas y arte africano, o el boutique lodge Ngerende Island Lodge (www.ngerende.com), cuyas únicas siete suites regalan vistas únicas al río Mara.