Serengeti y Ngorongoro [Tanzania]: La emoción de la vida salvaje

Por Serengeti pasa el mayor espectáculo natural del mundo: la migración de millones de herbívoros.

Hay pocas sensaciones parecidas a emprender un safari de madrugada en el parque de Serengeti. El aire es fresco en el amanecer de la sabana y el mundo huele a limpio. Una claridad suave ilumina las verdes planicies de África. A los pocos minutos de iniciar el recorrido, se siente que la vida bulle por doquier. Hay jirafas que cruzan el camino a las que se debe ceder el paso y grupos de cebras que pastan tranquilamente en la llanura. Los búfalos chapotean en el barro y hay pájaros que picotean entre los pliegues de su piel. Se adivina la presencia de cocodrilos e hipopótamos en las charcas. De repente, a lo lejos aparece una manada de elefantes que camina sobre la llanura. Hay que asomarse por las aberturas del techo del vehículo y sentir el aire en la cara, abrirse lo más posible a este mundo primigenio de los vastos espacios. La magia de Serengeti es única, y el visitante queda abrumado por la abundancia de animales salvajes. Delante de sus ojos se desarrolla el milagro de la vida natural en África. En las épocas de las grandes migraciones, las fronteras entre Kenia y Tanzania no existen para los animales y la reserva de Masái Mara y el parque de Serengeti son una misma tierra para millones de ñus, cebras y gacelas, que se mueven en busca de mejores pastos ante la mirada de los poderosos elefantes y el acecho continuo de leones, hienas y leopardos, que aprovechan los días de caza abundante.

El espectáculo migratorio

La migración de los herbívoros es un movimiento cíclico que comienza durante el mes de octubre o noviembre en el Masái Mara, llega al sureste del Serengeti en diciembre y se desplaza al oeste en mayo para volver después al norte. La masiva migración anual es, sin duda, el mayor espectáculo del mundo animal: un viaje que se desarrolla en un círculo de 800 kilómetros de diámetro y que emprenden alrededor de un millón y medio de ñus, 300.000 gacelas (la mayor parte de Thomson y de Grant), 200.000 cebras y 70.000 impalas: dos millones de herbívoros a los que acompañan algunos predadores sin territorio fijo. Los animales forman hileras compactas que pueden alcanzar los 40 kilómetros. Vistas desde fuera, parecen un solo ser vivo, una inmensa masa animal que sigue un solo instinto. Para ellos, las verdaderas barreras infranqueables las constituyen los ríos Grumeti y Mara, así como sus afluentes, el Sand y el Bologonja, donde los cocodrilos esperan para cobrar su peaje a todo aquel que no muestre fuerza y coraje en la lucha contra el miedo, la corriente y la empinada orilla.

Pero Serengeti no es solamente la gran migración. Es uno de los mayores parques nacionales africanos, con una extensión de casi 15.000 kilómetros cuadrados, y el que posee una de las mayores concentraciones de fauna salvaje en el mundo: aparte de los trashumantes ya mencionados, hay miles de búfalos, hipopótamos, jirafas, hienas, antílopes y avestruces, centenares de leones, rinocerontes y elefantes, además de 500 especies de aves y muchos otros pequeños mamíferos.

Los masái y su arca de Noé

Pero hay muchos más parques y reservas en los que observar la naturaleza primigenia de Tanzania. A pocos kilómetros se encuentra otro lugar excepcional, completamente diferente: el cráter del Ngorongoro, que ha sido definido como el arca de Noé por la extraordinaria variedad de animales que concentra en un espacio muy reducido. Lo extraordinario es que se trata del cráter de un volcán de unos veinte kilómetros de diámetro, uno de los mayores de la Tierra, con unas paredes que casi alcanzan los 600 metros de altura. Un refugio para la fauna salvaje del que los animales entran y salen con relativa facilidad, salvo las jirafas, ya que sus patas no les permiten escalar las vertientes empinadas de este antiguo volcán africano.

Esta región de Tanzania y de la vecina Kenia es la tierra ancestral de los masái, a los que se les reconoce el derecho de utilizar el cráter como territorio de pasto. Todo ello hace del Ngorongoro –el cráter y el área de conservación que lo rodea– un lugar especial en el que es posible la vida salvaje y la actividad humana. Se calcula que más de 15.000 masái, y su ganado, comparten el territorio con los animales salvajes. Todo ello pasa desde hace mucho, mucho tiempo. Dentro del cráter se han hallado piedras con marcas realizadas por los antiguos pobladores de la zona que los investigadores consideran tableros de bau, el juego que todavía se sigue practicando en la zona y en muchas otras partes de África. Estas marcas en las rocas del Ngorongoro tal vez sean los tableros de juego más antiguos que se conocen en todo el mundo. Pero su antigüedad parecerá poca cosa comparada con lo que se descubrió a pocas decenas de kilómetros. En la garganta de Olduvai se conservan las huellas que unos homínidos que caminaban erguidos dejaron sobre las cenizas de los volcanes de la zona hace millones de años.

Al recorrer estas regiones del norte de Tanzania, el viajero siente como en pocos lugares del planeta la emoción del safari, la trepidante búsqueda de fauna salvaje. La magia y el misterio de la naturaleza africana son un magnífico espectáculo del que uno puede sentir que es ya parte.

Hoteles: La experiencia Tented Camp

La experiencia de vagar por las planicies del Serengeti tiene solo un inconveniente: alojarse en un lodge… sobre todo en los que se concentran en las áreas más transitadas, pues nunca se puede uno alejar mucho de esa zona y en ella se aglomeran además todos los vehículos. Por eso no hay nada comparable, cuando cae la tarde, a alejarse del lugar en el que se agrupan todos los visitantes del parque y recorrer en absoluta soledad el camino hacia un tented camp como el de Ratpanat (www.ratpanatsafaricamps.com). Un tented camp es un campamento de tiendas de campaña pero, al mismo tiempo, es lo más diferente posible a un camping. En ellos es factible sentir la caída de la noche mientras uno se toma un gin-tonic con hielo o se cuentan historias a la luz de la fogata, mientras se oyen las llamadas de los animales salvajes y se sabe que no hay vallas o ninguna otra protección entre los leones y los viajeros. Las tiendas disponen de camas como las de cualquier hotel y las duchas ofrecen agua caliente. Todo, a decenas de kilómetros del campamento más cercano. Si se busca un lodge que tenga habitaciones con aire acondicionado, pero que se salga de lo normal, una elección oportuna es el Singita Faru Faru Lodge (www.singita.com), que solo admite veintidós privilegiados huéspedes de una vez. Alojados en sus diez suites, disfrutan de este espacio que se encuentra junto a un curso de agua al que acuden los animales a beber. Enclavado justo en el borde del cráter del Ngorongoro, el Ngorongoro Crater Lodge (www.ngorongorocrater.com) goza de uno de los emplazamientos más espectaculares del mundo natural. Son treinta suites que fusionan el elegante estilo colonial europeo con las características de la arquitectura tradicional africana. Un desayuno con las vistas del Ngorongoro es una experiencia irrepetible, algo que muy pocos establecimientos hoteleros pueden ofrecer. Ratpanat tiene también el Ratpanat Ngorongoro Safari Camp, con once tiendas, situado en el borde del cráter del Ngorongoro: una situación inmejorable en un espacio, de verdad, único en el mundo.