Everest [Nepal]: el reino de los Himalayas

 

Los manantiales del Himalaya originan los ríos más importantes de la India y del Sudeste Asiático.

Una consideración previa. El Himalaya no es una sola cordillera sino el conjunto de cuatro cadenas montañosas de diferentes alturas, situadas a lo largo de un arco de más de 2.400 kilómetros entre la India, Paquistán, Tíbet, Nepal y Bután. También conviene saber que su superficie es de casi 600.000 kilómetros cuadrados o, lo que es lo mismo, algo más grande que toda España. Es decir, resulta inútil plantearse una visita a todo el Himalaya en un solo viaje. Complicado resulta incluso conocer todos los espacios naturales de cada país, pues los accesos son realmente complicados: lo normal es que para cubrir distancias de unas decenas de kilómetros se necesiten varias horas de tortuosas carreteras. Por tanto, lo más recomendable es centrarse en una sola zona de un solo país. Éste, con toda garantía, debería ser Nepal, recorrido por el sistema del Gran Himalaya, donde se encuentran tanto el macizo del Everest como el del Annapurna, que, junto al K2 –entre Paquistán y China–, son las tres cimas más conocidas de estas montañas, aunque probablemente sea porque son las más letales para los escaladores.

De esas tres cumbres, sin duda el Everest es el que más ríos de tinta ha hecho correr desde que, allá por 1959, Edmund Hillary y Tenzing Norway coronaron su cima. La que se considera la montaña más alta del planeta sobre tierra es la meta a la que llegan cada año centenares de personas con la intención de emular a esos dos míticos montañeros. No todos lo consiguen; de hecho, son más los que se van a casa con la frustración de no haber logrado el objetivo de alcanzar sus 8.848 metros de altitud, meta solo apta para los más preparados física y psicológicamente. A cambio de ese fracaso se llevan la sensación de haber estado en medio de uno de los paisajes más sobrecogedores del planeta, rodeados de nevados ochomiles, azotados a menudo por incesantes y gélidos vientos.

Insólita biodiversidad

A estas alturas y con las condiciones climáticas habituales de la zona, la presencia de seres vivos es realmente escasa. No así en zonas más bajas de estos macizos, donde hace su aparición la tundra, ecosistema caracterizado por suelos cubiertos de musgos y líquenes. Este es el hogar del rarísimo leopardo de las nieves, especie en serio peligro de extinción, y también del yak, que, pese a que pueda encontrarse en libertad, es el animal más utilizado por los habitantes de las montañas como sistema de transporte y ayuda en sus actividades diarias. También es el lugar donde viven las marmotas y las llamadas ovejas azules.

Más abajo se pueden encontrar bosques de coníferas y frondosas que, con el descenso de altitud y el aumento de la temperatura y la humedad, se transforman en bosques tropicales donde se mezclan arces, bambús y rododendros con otras exóticas especies.

Es tal la biodiversidad del Himalaya que solo su parte oriental es el hábitat de más de 300 especies de mamíferos, unas mil especies de aves, 175 de reptiles, más de cien de anfibios y unas 250 de peces fluviales. A todo esto hay que sumar la presencia de más de 10.000 especies de árboles, arbustos y plantas herbáceas. Una riqueza biológica aún en proceso de descubrimiento. De hecho, en la pasada década se hallaron a lo largo y ancho de estas cordilleras unas 305 especies de animales, plantas y fósiles no catalogadas hasta ese momento. Un buen ejemplo de la importancia de esos descubrimientos es que aquí se ha encontrado el único simio nuevo en el último siglo de exploraciones científicas: el macaco de Arunachal (vive en la zona india del Himalaya). También se ha descubierto al cérvido más pequeño del planeta, el Muntiacus putaoensis, cuya altura no sobrepasa los 80 centímetros.

Capítulo propio merece la presencia del agua en estas cordilleras. Junto a los numerosos lagos de montaña y glaciares tan espectaculares como el Siachen –es el de mayor tamaño del mundo si obviamos las zonas polares y está situado entre India y Paquistán–, aquí se encuentran los manantiales y las afluencias hídricas que originan los ríos más importantes de la India y del Sudeste Asiático, como el Indo, el Ganges, el Brahmaputra, el Mekong y, en la vertiente china, el Yangtsé, el tercer río más largo del planeta.

El macizo de Annapurna

El otro gran punto de atracción para montañeros y amantes de la naturaleza en Nepal es el macizo del Annapurna, montaña de 8.091 metros de altura, acompañada de otras cinco cumbres que superan los 7.200 metros, en una impresionante composición paisajística de nieves milenarias que es, sin duda, la más sobrecogedora de todos los Himalayas. También porque el Annapurna I es la montaña más mortífera del planeta: se ha cobrado la vida de cerca de un 40 por ciento de los que han acometido su arriesgada ascensión. Y es que el Himalaya es superlativo también en este capítulo.

Una última consideración a tener en cuenta antes de preparar el viaje al techo del planeta: merece la pena confiar en alguna de las muchas empresas especializadas en la organización de rutas de montaña y aventura, pues la tramitación de permisos, reservas y alquiler de material por cuenta propia puede convertirse en una tarea desesperante.

Hoteles: Remansos entre el caos

Es difícil encontrar alojamientos de una cierta calidad junto a las más altas cimas del planeta. Quienes se aventuran en los trekkings y escaladas hacia las cumbres suelen dormir bien en refugios básicos, bien en tiendas de campaña proporcionadas por las empresas organizadoras. Ellas mismas se encargan de contratar a porteadores, sherpas, guías y cocineros para que sus clientes realicen la travesía de la forma más cómoda posible. No ocurre igual en las principales ciudades en torno a la cordillera, donde existen muchos hoteles de lujo. Así, en Katmandú está Dwarika’s Hotel (www.dwarikas.com), una auténtica fantasía de riquezas orientales, con elaboradas figuras de madera y piedra como base de la decoración en la mayor parte de los espacios generales y las habitaciones. De éstas hay 87, incluyendo varias suites, que recuerdan a las estancias de un palacio real del siglo XIV. Como un palacio está concebido el hotel Hyatt Regency (www.hyatt.com), también en la capital nepalí. Sus 280 habitaciones, decoradas de una forma muy occidental, como el resto de hoteles de la cadena, suponen un remanso de paz. De hecho, se encuentra apartado del centro, lo que se agradece en una ciudad tan caótica como ésta. Conviene no perderse sus restaurantes de cocina internacional y local, ni la piscina. Algo más próximo al Everest, en la zona oriental del país y, en concreto, en Namcha Bazaar, a más de 3.450 metros de altitud, está el Hotel Sherpaland (www.hotelsherpaland.com). Un alojamiento bastante cómodo, con servicios occidentalizados y 22 habitaciones que tienen un estilo minimalista. Quienes quieran acceder al entorno del Annapurna pueden elegir Pokhara como punto de partida, donde está el lujoso Shangri-La Village (www.hotelshangrila.com/pokhara), un resort con 61 habitaciones y un atractivo estilo oriental. Además, ofrece una destacable cocina en sus restaurantes, piscina y un prestigioso centro de bienestar. También organizan actividades de aventura al aire libre.