Jeju [Corea del Sur]: La isla de los tres tesoros

Jeju, de orografía volcánica, cuenta con numerosos conos cubiertos de verde en cuyo centro se forman lagos.

Con poco menos de dos mil kilómetros cuadrados, Jeju la bella –como también se la denomina– es la isla más grande de Corea del Sur. A pesar de hallarse a tan solo una hora de vuelo desde Seúl, disfruta de un clima subtropical totalmente diferente, con una media anual muy superior: 16 ºC, frente a los 11 ºC de la capital. La isla de armónica forma ovalada es quien primero da la bienvenida a la primavera, inundándose con la floración amarilla de sus extensos campos de colza. Además, Jeju es la única provincia de Corea del Sur libre de industrialización, aquí no se fabrican ni coches ni móviles. Hyundai y Samsung quedan muy lejos y los isleños viven de la pesca, el cultivo de mandarinas y el turismo.

Un mundo aparte

El boom estalló en los años 70, cuando se convirtió en destino preferencial de parejas de coreanos recién casados, un poco como ocurrió con nuestras Islas Canarias, cuando pasaron de pronto a simbolizar el romanticismo de un lugar inesperado, cercano y lejano a la vez, y el profundo contraste que ofrecían las sorprendentes maravillas de la Naturaleza, fruto de sus misteriosos orígenes volcánicos. En la isla de Jeju, tres de estas maravillas fueron destacadas en 2007 por la Unesco debido a sus características geológicas excepcionales. A Seongsan, el Pico del Sol Naciente que brotó del mar en una erupción volcánica de hace cien mil años, se asciende antes de que salga el sol, para contemplar el amanecer desde su inmenso cráter cubierto de hierba y bordeado por las noventa y nueve rocas picudas que lo convierten en una gigantesca corona. Las otras dos maravillas tituladas son las cinco laberínticas cuevas de lava formadas por las erupciones basálticas del volcán Geomun Oreun, que parecen invitarnos a un enigmático Viaje al centro de la Tierra, y Hallasan, la montaña más alta de Corea del Sur –Parque Nacional desde 1970–, que con sus 1.950 metros de altitud domina el centro de la isla y es visible desde cualquier punto. La excursión a la fría cima requiere el esfuerzo de un día completo de marcha, pero nadie queda decepcionado: el antiguo cráter esconde en su interior un hermoso lago rodeado de rica fauna y flora, tan exuberante como para entender por qué la leyenda asegura que entre sus secretos posee el elixir de la larga vida.

Viento, rocas y buceadoras

Sin duda, los tres lugares señalados por la Unesco son de imprescindible visita, pero no deben restar protagonismo al resto de prodigios isleños. Aunque ya van quedando pocas, las famosas mujeres buceadoras ensalzadas como uno de los tres tesoros de la isla aún constituyen su peculiaridad más original. Hace milenios que la pesca por inmersión constituye una de las tradiciones asiáticas, pero solo en Jeju se estableció –desde el siglo XVII– que fueran las mujeres las encargadas de tal oficio. Con sus variadas capturas de algas, moluscos, mariscos y crustáceos, las haenyo sostuvieron desde entonces el peso de la economía isleña mientras sus maridos se quedaban en casa cuidando de los hijos. Por su parte, el viento y las rocas, los otros dos tesoros, hicieron de las suyas uniéndose con el océano para crear entre todos algunas de las erosiones más espectaculares de la isla. Esculpieron una bella geometría de pilares hexagonales en los acantilados de basalto de Jusangjeolli; en las rocas de Yongduam moldearon una legendaria Cabeza de Dragón que sin embargo más tarde destruyeron con la furia de una tempestad, y dirigieron hacia el mar potentes cauces de cataratas, como la de Jeongbang, la única de toda Asia que salta sin preámbulos al océano y cuyas aguas curativas guardan, según la leyenda, el espíritu de un dragón sagrado; o las de Cheonjeyeon, el Estanque del Emperador Celestial que cae en tres niveles de cascadas, entre bucólicos remansos de agua donde cuentan que venían a bañarse las ninfas por la noche.

Playas, caminos y antiguas aldeas

La tópica dicotomía de tener que elegir destino vacacional entre el mar y la montaña no nos dará ningún quebradero de cabeza en este caso. La isla volcánica cuenta también con estupendas playas. Como las blanquísimas, de polvo de conchas, de Hyeopjae; o la de Jungmun, que mezcla frente al cobalto marino arenas de tonos blanco, rojo, gris y negro. Además de nadar y tomar el sol, o bucear y windsurfear, en la isla también podemos practicar el ciclismo, la equitación, el parapente… o peregrinar a través de los más de doscientos kilómetros de caminos Jeju Olle trazados sobre antiguas sendas entre bosques, aldeas y tramos costeros. También podemos acercarnos en barco a la diminuta isla de pescadores Marado, o a la pequeña Udo –protegida por un parque marítimo–, que constituye una especie de réplica en miniatura de la misma Jeju, con aldeas tradicionales, picacho central y expertas buceadoras. Con el fin de conservar las antiguas tradiciones, se ha protegido el antiguo pueblo de Seongeup como una especie de gran museo al aire libre, y se ha construido la Aldea Folclórica que reúne diferentes tipos de arquitectura popular. Aquí y allá nos encontraremos con las emblemáticas estatuas de los abuelos, que se esculpieron en piedra para que guardaran la isla. Contra viento y marea, siguen cumpliendo sus funciones como pueden.

Hoteles: Sueño de enamorados

La mayoría de los mejores hoteles de la isla se encuentran en el Centro Turístico de Jungmun (www.jungmunresort.com), el mayor del país, situado en el litoral de la región del mismo nombre, en Seogwipo. Además de buenas playas, cuenta con el mayor complejo de instalaciones deportivas coreanas y un buen número de restaurantes. Ofrece espectáculo de focas y delfines, jardín botánico, campo de golf de 18 hoyos, hipódromo, un parque eólico, tienda de recuerdos y un museo dedicado al osito de peluche cuyas colecciones contrastan con su bar nocturno, solo para adultos. En sus cercanías encontramos la Aldea Folclórica, la catarata Cheonjeyeon y el puente Seonimgyo.

Mezclando un elegante estilo colonial con una decoración inspirada en la Riviera francesa, el Hotel Shilla (www.shilla.net) brinda una buena colección de suites decoradas en tonos pastel, con vistas al océano, a los jardines y al monte Halla. Sus cuatro lujosos restaurantes sirven gastronomía coreana, japonesa y europea. Decorado totalmente en tonos crudos y cremas, el gran Hyatt Regency (www.jeju.regency.hyatt.com), emplazado entre pinares, dispone de sauna y piscina interior acristaladas frente al mar, un restaurante que combina parrilladas asiáticas con sushi y sashimi, cenador de verano en el ático y un asombroso island-lounge rodeado por un estanque circular lleno de peces de colores. Además, cuenta con un bar de buceo con gruta y cascada incluidas. En The Seaes Hotel & Resort (www.seaes.co.kr) tientan con varias suites ajardinadas con pequeñas piscinas privadas de estilo oriental, mientras las del Jeju Pacific Hotel (www.jejupacific.co.kr) dan a elegir entre un curioso estilo afrancesado barroco de tonos pastel, el clásico diseño moderno de líneas depuradas o los grandes espacios vacíos coreanos con almohadones a ras de suelo. Los recién casados en luna de miel constituyen una gran parte de la clientela de todos estos hoteles.