Sundarbans [India y Bangladesh]: el refugio del tigre de Bengala

La admiración, y cierto sentido del humor, hizo decir a los científicos que el de Sundarbans es un “tigre anfibio”.

En el profundo Golfo de Bengala, allí donde el místico Ganges se encamina hacia el mar junto al caudaloso Brahmaputra y la riada de afluentes que los acompañan, la tierra y las aguas se entremezclaron creando un impenetrable mundo de islas y canales, húmedas praderas y tupidos bosques estuarios. Islotes de aluvión, fangosas playas, espesos follajes, dunas y bancos de arena conforman los perfiles costeros de este singular mundo cambiante, agitado a diario por el rítmico vaivén de las mareas. Una vez más, la dificultad de acceso para el hombre convertía un territorio en santuario de fauna salvaje. Recóndito y secreto, el intrincado laberinto acogió un sinfín de especies en su generoso abrazo acuático. Miles de aves coloridas, tímidos chital –el ciervo de la India–, macacos y jabalíes, esporádicos delfines, tiburones y tortugas marinas, reptiles de todos los tamaños que incluyen cobras, pitones y cocodrilos de agua salada, más una infinidad de peces y crustáceos. Todos encontraron buen refugio en lo que a su vez constituyó el feudo más grande del diezmado tigre de Bengala.

Un paraíso a golpe de barco

Registrado como Patrimonio de la Humanidad en 1987, el Parque Nacional de Sundarbans ocupa unos diez mil kilómetros cuadrados repartidos entre el Estado indio de Bengala Occidental y el sur de Bangladesh. Visto desde el cielo parece una enmarañada raíz gigantesca dibujada con hilos de plata. Más de la mitad del territorio es agua, motivo por el que solo se puede llegar en barco. Los tours más populares combinan el traslado desde los aeropuertos de Calcuta o de Dhaka –la capital de Bangladesh– con singladuras por el delta del Ganges a bordo de viejas barcazas rehabilitadas donde se sirven almuerzos caseros y tés tradicionales. Las visitas al manglar se realizan siempre en compañía de guías expertos. Las torres de avistamiento permiten contemplar en su conjunto la arrebatadora belleza del estuario salvaje, pero su función es en realidad la de intentar facilitar el máximo anhelo de cualquier viajero a Sundarbans: avistar sin peligro al rey de la jungla. A pesar de lo difícil que resulta, nadie pierde la emoción.

Tras las huellas del tigre

El pavor que provoca el gran felino no disminuye un ápice el hechizo con que nos atrae. El ansia de capturarlo –su caza suponía un verdadero símbolo de poder y prestigio durante el siglo XIX– estuvo a punto de acabar con él, pero nuevos Proyectos Tigre luchan hoy, tanto en la India como en Bangladesh, por preservar al que todos reverenciamos como uno de los animales más poderosos y fascinantes del planeta. Aunque nadie sabe cuándo llegó a estos húmedos contornos, lo cierto es que fue la enorme dificultad para explorarlos la que los convirtió en su máxima garantía. El temido tigre de Bengala, Panthera tigris tigris oficialmente, también conocido como Devorador de hombres, tuvo que adaptarse aquí a la elevada salinidad del agua –con la que debe calmar su sed–, desarrollar a plena potencia sus cualidades de excelente nadador e incluir en su dieta peces, ranas y lagartos monitor acuáticos. La admiración, mezclada con buen sentido del humor, hizo decir a los científicos que el de Sundarbans es un “tigre anfibio”. También, con el semblante más serio, preconizan que si acaba Sundarbans, se acaba el tigre, pues constituye actualmente su mayor refugio. Y como reza la profecía, si el tigre desaparece, desaparecemos con él. De momento, se mantiene lo más invisible que puede. Los casi cuatrocientos ejemplares que viven en Sundarbans disponen de innumerables escondrijos. Reputados predadores, son capaces de moverse entre el follaje en un silencio absoluto y sin dejar más huella por donde pasan que la de sus impresionantes zarpas. Puede que sean sus pisadas impresas en el lodo lo único que lleguemos a ver de ellos. Pero, a muchos, llevarse a casa ese recuerdo o imagen ya les colma.

Las deidades del manglar

Dicen que el temido felino no se deja ver fácilmente, pero que él siempre te ve a ti, como saben muy bien los habitantes de Sundarbans, cuyos medios de subsistencia han implicado siempre el peligro del encontronazo fatal. Algunos de ellos ni siquiera vivieron para contarlo, y otros pocos ostentan imborrables recuerdos junto a cicatrices que muestran con tanto orgullo como pavor. Siempre en grupo, los hombres pescan en barquichuelas de madera mientras las mujeres arrastran bastidores de redes por las aguas de poca profundidad, con los saris de vivos colores ondeando en la brisa. Los más bravos se adentran en el bosque en busca de leña o para recolectar panales de miel, pero nadie se aventura en los dominios de Shere Khan sin encomendarse antes a Banbibi, “la señora del bosque”. La gran diosa que suele sentarse sobre un tigre y cuyas estatuillas abundan en los pequeños templetes rurales. Cristianos, musulmanes o hinduistas, da igual la creencia, rezan y le ruegan una vuelta a casa sanos y salvos. Las mujeres que ven marchar a sus maridos hacia el bosque cambian el comportamiento hasta su regreso. Se vuelven vegetarianas o comen únicamente de noche, se quitan las joyas de casadas, visten saris blancos de luto y multiplican las ofrendas a la diosa de Sundarbans. Afortunadamente, Banbibi no suele fallarle a sus fieles y casi siempre cumple con éxito su importante cometido.

Hoteles: La ribera del Nirvana

Así es como titula su programa a Sundarbans la prestigiosa compañía de cruceros que combina las visitas al estuario con el descenso –o ascenso– del Ganges. Dado que al territorio del tigre de Bengala solo se puede acceder en barco, la mejor opción es en dejarse llevar en su místico tour de cuatro días y tres noches a bordo del M.V. Paramhamsa (www.sunderbancruises.com), un barco de 53 metros y tres pisos con 32 cabinas –12 de ellas suites– y todos los lujos imaginables. En el crucero no faltan opciones, a cual más variopinta: colchas de seda india, tratamientos ayurvédicos, sauna, gimnasio, galería de arte, bar, librería, tés a la inglesa en sus terrazas y langostas y mariscos en el restaurante, una cocina viva donde aprender recetas locales, zona de Internet 24 horas, música y espectáculos bengalíes al atardecer y una cubierta-mirador con binoculares para observar la fauna y telescopios para mirar a las estrellas. Los paseos por el manglar y sus torres de avistamiento se complementan con visitas –a la granja de cocodrilos, el área de rehabilitación de ciervos, el centro de interpretación, una cala de pescadores, un templo antiguo, un poblado típico– y espectáculos folclóricos. La misma compañía ofrece un programa de una semana para combinar la naturaleza de Sundarbans con ciudades del Ganges. El refinamiento indio de influencia victoriana lo encontraremos también en uno de los mejores hoteles de Calcuta, The Oberoi Grand (www.oberoihotels.com/oberoi_kolkata). Y, ya sin esperar grandes lujos, la opción más aventurera consiste en alojarse en los bungalós del Jungle Camp del Parque Nacional indio (www.sunderbansnationalpark.com), de básicas comodidades, o en los cottages del Tiger Camp (www.sunderbantigercamp.com), que sí cuentan con agua caliente corriente, aire acondicionado y servicio personal de té o café en las habitaciones. Estos complejos ecoturísticos se hallan sólidamente protegidos y suelen ofrecer una pequeña obra de teatro a cargo de intérpretes locales. La gastronomía, a base de frutos del mar recién capturados, constituye una sabrosa experiencia en ambas opciones.