[Beijing, la Muralla y Xi’an]: Viaje al país celeste

La Gran Muralla, una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno.

Una advertencia. La primera impresión que uno tiene al llegar a China es de que está perdido. Es como si uno hubiera aterrizado a un lugar tan extraño que nuestros sentidos se manifiestan del todo inservibles. Quizá por tratarse del país más ajeno e impenetrable de todos, uno no debería pensar que ha viajado de verdad hasta que ha visitado China. Sólo en ese instante se comprenderá por qué este país es esa realidad insólita e indescriptible que sigue marcando la diferencia. Para sentirse cómodo, lo mejor es comenzar por Beijing, la capital. El aeropuerto se encuentra a 30 kilómetros, pero un  buen servicio de autobuses nos llevará en 45 minutos a la ciudad (18 yuanes). También puede hacerse el trayecto en un taxi (la carrera cuesta unos 100 yuanes).

En la ciudad, mucho cuidado

Moverse por la capital no es una tarea fácil. Será muy útil disponer de un mapa y señalar el destino deseado, por ejemplo, a un taxista. Podemos solicitar uno (preferible en inglés) en el hotel donde nos alojemos. Aprovechémonos del recepcionista y pidámosle que nos escriba en caracteres chinos el nombre y la dirección de nuestro hotel. Es la mejor fórmula para regresar. Los taxis en China son muy baratos y probablemente el mejor modo para desplazarnos. Pero no es el único, desde luego. Se puede optar por el metro (muy rápido; precio, 2 yuanes), o el autobús (precio máximo, 2 yuanes, dependiendo del recorrido) Ambos llegan a cualquier punto de la ciudad.

Para los más viajeros más atrevidos existe la posibilidad de descubrir la capital a lo chino, es decir, en bicicleta. La mayoría de los hoteles de la ciudad suelen alquilarlas por horas o días. Los rickshaws es mejor tomarlos con una cierta cautela. En todo caso, este medio de locomoción es una buena alternativa para recorridos cortos.

Elegido ya el transporte, dispongámonos a descubrir los tesoros de esta urbe fascinante: la magnífica Ciudad Prohibida (entrada, 100 yuanes. Abierto desde las 8.30 hasta las 17 horas), la Plaza de Tiananmen, el Mausoleo de Mao –alberga el cuerpo embalsamado del dictador comunista–, el Templo del Cielo y, cómo no, los hutongs, esos estrechos callejones tradicionales por los que es una verdadera delicia pasear sin rumbo fijo y que se encuentran abarrotados de fascinantes farmacias tradicionales y herbolarios. Esta maravillosa parte de la capital china constituye un buen lugar para comer, pues aquí encontraremos una de las mejores selecciones de tentempiés de la ciudad. Y si de comida hablamos, hay que probar las delicias que se ofrecen en los puestos callejeros. Es típico , y los platos sabrosísimos. En estos puestos se puede optar por unos deliciosos tallarines por 3 o 4 yuanes.

La serpiente pétrea

Para quien se encuentra en Beijing, no hay visita más irresistible que la que nos lleva a la atracción más espectacular de toda China: su Gran Muralla, que  está situada a 70 kilómetros de la capital china.

Empezó a construirse hace unos 2.000 años bajo la dinastía Qing. Esta monumental línea defensiva tenía como principal fin proteger al imperio de la amenaza con la que se enfrentó China durante casi toda su historia: la invasión de bárbaros procedente del norte.
El tramo abierto al turismo más cercano a la ciudad de  Beijing es Juyongguan (se puede caminar un buen trecho). Más alejadas están Huanghua, Badaling y Mutianyu (precio, 45 yuanes). Muchos viajeros llegan a la Gran Muralla en viajes organizados, pero también se puede acceder en transporte público (existe un autobús directo que cuesta unos 8 yuanes) o en taxi.

Los hoteles más lujosos de Beijing organizan excursiones a Badaling, pero los precios resultan abusivos. Por tanto, es mejor hacerlo por cuenta propia.

Por la Ruta de la Seda

Xi´an es una de las ciudades más apacibles de China y una parada importante en nuestro viaje, sobre todo para los amantes de la historia. Capital de la China imperial en varias ocasiones a lo largo de mil años, la mítica Ruta de la Seda tenía aquí su punto de partida hacia el Oeste, por lo que el emperador Han Huidi, de la dinastía Han, construyó en el siglo II a.C. una magnífica ciudad imperial a la que llamó Chang´an (Paz Eterna). En el año 1368 pasó a llamarse Xi´an (Paz en Occidente). Desde Beijing, la mejor manera de llegar a este destino es en avión. El areopuerto se encuentra a 40 kilómetros de la ciudad, pero es fácil encontrar taxis que, por unos 150 yuanes, nos llevarán al centro.

Hay aquí muchas reliquias e impresionantes yacimientos arqueológicos: las tumbas imperiales de las dinastías Han y Tang, la pagoda de las Ocas, las murallas de las dinastías Ming, un extraordinario museo con una excelente colección perteneciente a la Ruta de la Seda y alguna de las mezquitas más grandes del país.

Sin embargo, la mayoría viene para presenciar lo que ha sido catalogado como uno de los más espectaculares descubrimientos arqueológicos del siglo XX: el ejército de terracota del emperador Qin. En 1974, a unos 40 kilómetros de la ciudad, unos campesinos que cavaban la tierra en busca de agua encontraron una cámara subterránea de tierra y madera con miles de soldados y caballos de terracota de tamaño natural. Aunque no hay una clara evidencia histórica de esta asombrosa guardia de soldados, se cree que poseían la función de guardar el fantasma  de Qin Shihuang (221-210 a.C.), el legendario emperador del estado de Qin y unificador de China.

El yacimiento, a 30 kilómetros de la ciudad, se puede visitar (entrada, 100 yuanes) y los mejores hoteles de la zona organizan excursiones de mediodía. Si se decide a ir por libre, tome el autobús 306 que sale cada mañana desde la estación de ferrocarril.

Hoteles: Entre la Gran Muralla y la Ciudad Prohibida

Un viaje a China nunca puede considerarse completo si no se ha tenido la oportunidad de ir a uno de los espectáculos  más característicos del país: la ópera china. Hay muchos lugares donde disfrutar de la ópera en Beijing, pero destacamos el Teatro Liyuan, que suele ofrecer un magnífico compendio de las mejores obras del género.

En cuanto a los hoteles, el Grand Mercure Xidan (www.mercure.com) está situado muy cerca de la Ciudad Prohibida. Además está equipado con los medios tecnológicos más avanzados (wifi, centro informático…). El restaurante sirve platos de cocina china e internacional.

Si nos decantamos por uno histórico, nada mejor que el Bamboo Garden Hotel (www.bbgh.com.cn). De estilo arquitectónico chino tradicional, está en una calle muy tranquila, al Oeste de la Torre del Tambor. Lo que lo hace singular es que se trata de la antigua residencia del ministro de correos de la dinastía Qing. Sus pabellones están conectados por corredores elegantemente decorados con enormes plantaciones de bambú. También hay que destacar el Lusongyuan (www.sinohotelguide.com/beijing/lusongyuan), un hotel situado en medio de un hutong y que está construido sobre lo que quedó de un palacio de un príncipe de la familia imperial. Conserva, por tanto, la arquitectura tradicional y un bellísimo patio interior desde el se escucha la agradable melodía de los pájaros.

Mucho más clásico es el Grand Hotel Beijing (www.grandhotelBeijing.com). Situado a las puertas de la Ciudad Prohibida, muchos viajeros lo consideran la mejor opción de Beijing. Hay que solicitar las habitaciones de los pisos superiores, pues tienen una espectacular vista de la Ciudad Prohibida. Muy superior, pero para sentirse como en el mismo paraíso, es el Shangri-La Hotel (www.shangri-La.com). Cerca de la Gran Muralla, La Commune de la Gran Muralla se encuentra a muy pocos metros de Badaling, el lugar más visitado de esta maravilla. Son 11 edificios concebidos por 11 arquitectos de diferente nacionalidad. Es el lugar preferido por los grandes ejecutivos y estrellas cinematográficas de Hong Kong. Para los que busquen alojamiento en Xi´an, nada como el Hyatt. Está intramuros, lo que ya es una gran ventaja, puesto que la mayoría de los monumentos de la ciudad se encuentran allí. Se trata del hotel más lujoso de la ciudad. Algunos jefes de Estado, como el presidente Bill Clinton, se han hospedado aquí.