[Berlín]: Inspiración en clave europea

Iglesia del emperador Guillermo.

El aspecto casi galáctico de Postdarmerplatz, el traslado del Busto de Nefertiti, las tiendas de diseño rompedor y la interminable lista de locales nocturnos del barrio de Mitte –donde hay ambiente de miércoles a domingo– retratan la intensidad con que el Berlín renovado recibe al visitante. Siempre hay novedades, lo que, en buena parte, explica el constante peregrinaje de artistas, jóvenes y asiduos que buscan en ella diversión e inspiración. El transporte en tren desde Schönefeld (www.berlin-airport.de. 10 €) permite conectar con la red de metro o U-Bahn y tren ligero o S-Bahn (2,10 € con eficacia germana); en apenas 45 minutos acerca a cualquier punto del centro de la ciudad.

Isla de los Museos

Para moverse (consultar www.bvg.de), dadas sus dimensiones, hay que hacerse con una tarjeta diaria (6,10 €), semanal (26,20 €) o turística (cinco días, 29,90 €. www.berlin-welcomecard.de), que incluye transporte, visitas y descuentos. La línea de autobús número 100 constituye un recurso bastante habitual porque recorre buena parte de los atractivos turísticos.

No está de más repetir o empezar por la Museum Sinsel o Isla de los Museos (www.museumsinsel-berlin.de). En apenas un kilómetro, se congregan cinco museos de primer orden. Hasta el año 2015 sigue adelante su proyecto de renovación, por lo que algo se va añadiendo. Esta Atenas del río Spree asombra con los tesoros del Museo de Pérgamo, el Museo Antiguo, la Antigua Galería Nacional y el Bode. Una manera original del recorrerlos y hacerse una idea de las dimensiones urbanas es a bordo de un minicrucero, como los de Stren und Kreis (www.sternundkreis.de); el de una hora recorre también una buena parte del centro. Hay que dejar tiempo para saludar en el Neues Museum (www.neues-museum.de. Bono, 10 €) a su ilustre nueva inquilina, la hermosa Nefertiti, y volver a admirar los tesoros babilónicos del Museo de Pérgamo (www.berlin.de), que recibe un millón de visitantes al año; en la Puerta de Ishtar (siglo VI a.C.), protegida por dragones con cabeza de serpiente y aguijón de escorpión, siempre se desvela algún detalle que pasó desapercibido.

Reichstag y el Muro de Berlín

Enfrente de la Isla, la cola de público indica el punto de entrada a uno de los lugares más visitados de Berlín, que recoge el espíritu de la película Bye, bye, Lenin: el Museo de la DDR (la RDA, o República Democrática Alemana, en castellano. www.ddr-museum.de). El espacio es demasiado pequeño y provoca bastantes aglomeraciones –sería de agradecer una ampliación–, pero no tiene desperidicio la parafernalia de objetos cotidianos –desde un paquete de café a una moqueta– y escenas a la vista. Igualmente famosas resultan las visitas relacionadas con el Muro y la historia reciente, como la restaurada East Side Gallery (www.eastsidegallery.com), un tramo de 1,3 kilómetros de largo que funciona como un museo al aire libre que contiene los 160 dibujos y pinturas más conocidos relacionados con su caída.

Para contemplar el corazón de la Alemania unificada hay que madrugar. El Reichstag (www.deutscher-reichstag.de) tiene cientos de visitantes diarios, más desde que abrieran un restaurante con cafetería al lado de la cúpula de Norman Foster, que ilumina el interior del edificio con luz natural gracias a un complicado sistema de espejos. Tan sólo es posible solucionarlo a primera hora. Merece la espera no sólo porque desde lo alto se tienen estupendas vistas del jardín de Tiergarten o la columna de la Victoria, otros símbolos de la orografía urbana berlinesa, sino porque de veras simboliza en un edificio la idea de la Alemania unificada para sus ciudadanos.

Otras visitas gratuitas y simbólicas, dignas de recapacitar sobre la sana regeneración de una ciudad desde el reconocimiento de lo que ha pasado, conducen al cercano Memorial del Holocausto (Cora-Berliner-Strasse, 1), un Campo de Estrellas diseñado por el arquitecto Peter Eisenman que guarda cierta similitud con el viejo cementerio judío de Praga y que contagia una clara sensación de confinamiento. Se completa con el espectacular edificio del Museo Judío (Lindenstrasse, 9. www.jmberlin.de), diseñado por el arquitecto Daniel Libeskind. Tampoco dejan indiferente el conocido paso fronterizo Checkpoint Charlie (www.mauer-museum.com. 12,50 €), situado en pleno Friedrichstrasse, donde se relatan las aventuras de ciudadanos anónimos entre los años 1945 y 1990.

Café y cabaré

Los cafés son una institución que representa el Berlín clásico, lugares donde disfrutar de la tarde, comer, leer y charlar, siempre rodeados de tiendas y ambiente. Algunos son auténticas instituciones, como el retro Café Einstein (de 9 a medianoche. www.cafeeinstein.com), en Küfürstenstrasse; otros más bohemios, como el Café Brel (www.cafebrel.de), en Charlottenburg; o ideales para el brunch del domingo, como el panorámico Nola’s am Weinberg (www.nola.de), en Prezlaeuer Berg.

Además de darse un paseo por el señorial paseo de los Tilos o Unter der Linden –de más de 3,3 kilómetros de largo–, donde están las tiendas más elegantes, es recomendable también experimentar el cabaré auténtico. Es el caso de Chamaleon Varieté (www.chamaeleonberlin.de), en el barrio bohemio de Hackescher Höfe (en el Este de la ciudad), donde el cabaré se concibe como una bomba de ingenio actualizada, con travestidos que juegan al hula-hop y un público entregado a la cerveza, las salchicas y los pretzels; para reír en cualquier idioma.

Hoteles: Una oferta con clase

En pleno Pariser Platz, el renovado Hotel Adlon (Unter den Linden, 77. www.hotel-adlon.de. Desde 390 €) permite el lujo de tener desde la cama las mejores vistas de la puerta de Puerta de Brandemburgo. Este establecimiento de categoría cinco estrellas, que inspiró la novela Gran Hotel de 1929, mantiene su curiosa fuente central japonesa, pero alrededor todo su glamour germano brilla con una nueva intensidad. Sus magníficos restaurantes con estrellas Michelin, sus detalles de lujo Biedermier y sus inmejorables vistas de la capital berlinesa le han conseguido mantener como la mejor opción para recordar a Greta Garbo. El lujo máximo también se refleja en opciones como el Ritz-Carlton Berlín (Posdamer Platz, 3. www.ritzcarlton.com), un prestigioso hotel donde resulta posible encontrarse con más de una cara famosa durante el festival de cine Berlinale; y el Grand Hyatt Berlin (Marlene Dietrich Platz, 2. www.berlin.grand.hyatt.com), diseñado por Rafael Moneo y próximo al edificio Daimler-Benz, obra de Renzo Piano en Postdamer Platz.

Los turistas entran directamente a visitar el Radisson SAS Hotel (Karl Liebknecht Strasse, 3. www.radisson.com. Desde 154 €), un cinco estrellas levantado en torno a un acuario circular de 25 metros de altura –AquaDom– que alberga un millón de litros de agua salada en los que nadan dos mil peces tropicales, integrado en el complejo DomAquarée, con tiendas y cercano a Isla de los Museos.

La peculiaridad, con todo, es un rasgo muy berlinés. Esta cualidad se encuentra en establecimientos de Berlín Este como el precioso Hotel de Rome (Behrenstrasse, 37. www.hotelderome.com), junto a Bebelplatz, que rezuma una impecable seriedad clasicista por fuera y un magistral uso del color en el interior; y el Arte Luise Kunstthotel (Luisentrasse 19. www.luise-berlin.com), un establecimiento que aparece decorado con obras de arte rompedoras, 3D incluido. Los locos por las tendencias del diseño pueden elegir entre el novedoso The Weinmeister Berlin-Mitte (www.the-weinmeister.com), el arquitectónico Ellington Hotel (www.ellington-hotel.com) y el hot Q!-Hotel (www.loock-hotels.com).