[Ciudades Coloniales Mexicanas]: El éxtasis del mestizaje

El volcán Popocatepetl domina Puebla.

No hay embajador del Perú capaz de hacerle sombra al Machu Picchu, cuya imagen lo traslada a uno sin titubeo posible a este país de profunda herencia inca. La Ciudad Perdida de esta extraordinaria civilización prehispánica se yergue entre las quebradas y los silencios de los Andes, aupada en la cresta de un cerro sobre el valle del río Urubamba. Éste, conocido también como el Valle Sagrado, fue el mayor centro de producción agrícola de los antiguos incas, que esculpieron sus laderas de terrazas o andenes para poder cultivar en geografías tan abruptas. En ruinas o perfectamente en uso, los miles de kilómetros de muretes San Miguel de Allende, Guanajuato, Morelia, Oaxaca, Puebla, Querétaro, Tlacotalpán, Zacatecas… Aguascalientes, Durango, Guadalajara, Mérida, San Luis Potosí, Tlaxcala, Guerrero, Michoacán… El legado colonial mexicano resulta tan imponente como extenso. Con 26 sitios Patrimonio de la Humanidad –cifra que aumenta cada año– y 200.000 sitios arqueológicos, la huella de la influencia española durante el Virreinato de Nueva España se extiende de norte a sur. En algunos lugares el testimonio es apoteósico, sobre todo en los estados centrales del llamado Camino de la Plata, que enlaza la Ciudad de México con San Luis Potosí, Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro y Michoacán.

Desde la capital defeña es posible establecer un itinerario que se detiene en ejemplos patrimoniales muy visitados hasta alcanzar la villa de Oaxaca, en el sur del país. Tras la llegada al Aeropuerto Internacional Ciudad de México (www.aicm.com.mx), situado a 10 kilómetros del centro, resulta cómodo el viaje a bordo de la excelente red de autobuses interestatales Primera Bus (www.primeraplus.com.mx), con rutas a más de cien destinos. Otra opción posible es realizar el recorrido en un coche de alquiler con conductor.

Expresión de arte

Fundadas entre 1531 y 1592, las ciudades del llamado Camino Real de Tierra Adentro o Camino de la Plata añaden a las expresiones artísticas propias del arte barroco presente en retablos e iglesias profusas explosiones de color y apabullante ornamentación, llegando a deslumbrar la vista y retener el aliento de quien los observa. Filigranas, carmesíes e índigos encienden así el interior de los conventos y cúpulas de San Luis Potosí y sus ilustres edificios: el Teatro de la Paz, la antigua Caja Real, los templos de San Francisco, del Carmen y Guadalupe. La atmósfera virreinal se compensa con varios espacios naturales de interés en los alrededores, como el Sótano de las Golondrinas –un abismo de 512 metros de profundidad– o las cascadas de Tamul, Micos y Tamasopo. En las lagunas de Puente de Dios y Media Luna se  organizan curiosos paseos en barca.

Querétaro, reconocido por su acueducto de 75 arcos y un centro colonial de calles andadoras o peatonales articulado en torno a la Plaza de la Independencia, es un lugar mágico, especialmente diseñado para caminar al atardecer. Aunque su tempo resulte un tanto lánguido comparado con la animación que reina en la cercana y siempre dinámica Guanajuato, que se autodefine como universitaria, tunera y cervantina. Su Festival Cervantino de finales de octubre (www.festivalcervantino.gob.mx) es un acontecimiento internacional. La Basílica de Nuestra Señora (siglo XVII) y la iglesia de San Cayetano (siglo XVIII) resultan los dos ejemplos arquitectónicos más destacados entre las multicolores fachadas del centro histórico.

Hacia Michoacán

Hacia el noroeste, la carretera 54 conecta Ciudad de México con Morelia, a 300 kilómetros de distancia. La capital de Michoacán, fundada en 1541, exhibe edificios sublimes como una catedral del siglo XVII –que se identifica con sus torres de 70 metros de alto–, el convento de San Francisco, el Conservatorio de las Rosas y el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Detrás del Palacio Clavijero, una parada obligada es su estupendo Mercado de los Dulces, donde venden exquisito té y otras tentaciones, como el dulce de leche al tequila. En el Exconvento de San Francisco se instala una interesante Casa de las Artesanías bien surtida: madera tallada de Cuanajo, tinajas de Tzintzuntzan, máscaras de Tócuaro, lacados de Pátzcuaro y Uruapán, tejidos de Tarecuato, cobres de Santa Clara, guitarras de Paracho y sombreros de lana de Jarácuaro.

Tradición artesana

Tras pasar por la Plaza de Aguascalientes, Oaxaca interpreta la herencia colonial más cercana al espíritu mestizo. Lugar que inspiró a artistas y creadores a lo largo de las últimas décadas, el convento de Santo Domingo de Guzmán es la sede del Museo de la Cultura de Oaxaca (5 €): con piezas extraídas del yacimiento arqueológico de Monte Albán, resulta de visita obligada. El ambiente indígena se palpa en la tradición artesana de sus tianguis o mercados –donde se prueban sus famosos chapulines o saltamontes adobados y aromáticos chocolates con canela–. La Galería de Arte (Murgía, 105) tiene piezas de modernos creadores y artesanos que recrean los patrones tradicionales.

El reino del mole

En la carretera hacia el norte, de Puebla se dice que sus calles fueron concebidas por ángeles. Tal es la riqueza de su centro histórico único, donde se atesoran 70 templos y un millar de edificios virreinales, muchos de ellos de propiedad privada. Hay que conocer la colección de arte del Museo Amparo (Calle 2 Sur, 708) y hacerle justicia a una de sus aportaciones clave a la gastronomía mexicana: el cuatricentenario mole. El lugar irremediable es el propio Mercado de Cholula (Camino Real a Cholula con Calle 20 Norte), donde se ve en acción a los comerciantes y se elige lo que se degusta a voluntad. Las tortillas de maíz son gruesas y dulces, el huitlacoche brilla como la muerte, y el mole es una pasta perfumada. En tres horas de camino, se puede conducir de regreso hasta la capital mexicana.

Hoteles: Puro éxtasis barroco

En San Miguel de Allende, Casa de Sierra Nevada (Hospicio 35. www.casadesierranevada.com. 160 €) ejemplifica el esplendor ultra-barroco que imprime todo el estado de Guanajuato. Distribuido en nueve casas coloniales de los siglos XVI y XVII, a unos pasos de la Plaza de San Miguel, su restaurante Gourmet tiene el distintivo H mexicano. Su Casa del Parque hizo las veces de casa de aduanas para el comercio de la plata. En las habitaciones destacan detalles rústicos como las baldosas de Talavera y los lavabos de cobre en los baños. En su escuela de cocina, Sazón, imparten cursos para dominar las delicias mexicanas.
Entre otros establecimientos de encanto colonial y trato distinguido figuran el boutique Dos Casas Hotel (www.doscasas.com.mx), con un coqueto wine bar; el Hotel Vista Real (www.vistarealhotel.com) y La Puertecita (www.lapuertecita.com), rodeado de jardines que lo catalogan como un espacio verde.

En la monumental Cholula, La Quinta Luna (www.laquintaluna.com) ocupa una restaurada casona del año 1700 en pleno barrio fundacional de Santa María Xixitla y declarada monumento histórico. De magnífica factura, fue construida para albergar a un miembro de la nobleza indígena, don Juan de León y Mendoza, descendiente de Tecpan de Tenanquiáhuac. Su atmósfera es tan sabrosa como sus platillos de chilaquiles prietos y huevos a la cazuela con jocoque.

Cerca del mercado de El Parián y a dos pasos del Zócalo de Puebla, el Mesón Sacristía de la Compañía (Callejón De Los Sapos. www.mesones-sacristia.com. Suite, 96 €) esconde en la planta inferior ocho habitaciones coquetas, decoradas con detalles coloristas y cerámicas artesanas. Otro espacio céntrico asentado sobre un edificio histórico y relacionado con un personaje popular de la ciudad es La Casona de la China Poblana (www.casonadelachinapoblana.com).

En Guanajuato, no defrauda el precioso Villa María Cristina Hotel (www.villamariacristina.com.mx). La fachada bicentenaria del Hotel Santa Rita (www.hotelsantarita.com), en Zacatecas, compite con la colección de arte moderno que decora sus salas interiores, toda firmada por artistas locales.