[Estambul y la Costa Turca]: A las puertas del Bósforo

El Egeo, el Mediterráneo y el Mar Negro bañan Turquía. En la foto, Alanya, en la costa mediterránea.

Nace en Europa diseminada por siete colinas y rodeada de agua por tres lados. Pero se expande hacia Asia, justo al borde del agua, a lo largo de 35 kilómetros a orillas del Bósforo. Así son las dos facetas de una misma Estambul desperezándose bajo la llamada del muecín, envueltas entre la niebla, que apenas se distinguen por la mañana. A esa hora, cuando suelen llegar la mayoría de los vuelos de España, el acceso desde el Aeropuerto de Atatürk (situado a 25 kilómetros al Oeste. www.ataturkairport.com) en taxi –lo más recomendable salvo que se elija un hotel en Taksim, donde ya resulta ventajoso elegir el metro ligero (8 €)– permite admirar la visión de los minaretes de las mezquitas brotando en el histórico barrio de Sultanahmet, sobrevolados por docenas de gaviotas y mecidas por las aguas grises de Cuerno de Oro, atravesadas por ferries cambiando de continente en cada trayecto. Un trayecto que confirma esa fascinación garantizada de la que habla su rica historia.

Lo bueno de la ciudad de Estambul es que nunca defrauda las expectativas del viajero: uno puede acercarse con cualquier imagen preconcebida; siempre encaja en alguna parte de su tangible variedad. Quien busca el aroma de la antigua Bizancio, tiene que madrugar para disfrutar en Hagia Sophia o Santa Sofía (Sultanahmet Meydani. 11 €) de la grandeza del imperio de Justiniano que atesora la enorme mezquita-basílica en soledad. Para construirla, diez mil hombres emplearon columnas de Éfeso y mármol procedente de Egipto. El silencio del templo otorga un impresionante aire místico al pedir un deseo en el agujero de la Sagrada Columna; dicen que llora un agua milagrosa.

Tronos de nácar y esmeraldas

Los melancólicos de las mil y una noches otomanas sólo tienen que girar hacia el vecino Palacio Topkapi (www.topkapisarayi.gov.tr. Entrada, 9 €; harem, 7 €; tesoro, 7 €), en la punta Seraglio. Una larga cola de viajeros variopintos aguarda para ver dónde vivieron los sultanes y su séquito de cinco mil esposas hasta 1868. En la Cámara del Tesoro, las piezas son propias del debido esplendor: esmeraldas grandes como puños, tronos de nácar, cunas de plata, un granate de tres kilos y medio… El harén, plagado de fuentes para garantizar las confidencias del padisha –título supremo de los sultanes otomanos– está vacío, pero llega a resultar evocador.

Los mitómanos pueden continuar su recorrido por la ciudad de Estambul hasta el Museo Arqueológico o Arkeoloji Müzesi (www.istanbularkeoloji.gov.tr. 3,5 €); allí reposa el supuesto Sarcófago de Alejandro Magno y un millón de piezas de valor incalculable. Una visita básica para descubrir la importancia del Imperio Otomano

Bazares y baños turcos

La faceta más internacional resulta la más comerciante, y se va de compras al Kapali Carsisi o Gran Bazar, antepasado de los grandes almacenes. Desde sus cuatro mil puestos, miles de vendedores llaman al regateo y la picaresca para llegar a un precio justo. A la salida, los pasos se dirigen a Istiklal Caddesi, la calle peatonal que discurre entre la Plaza de Taksim y Tünel, atravesada por la línea de transporte más antigua –de 1875–, tras dejarse llevar por la masa humana que cruza el Puente de Gálata. En este circuito peatonal en torno a Beyoglu se concentran los fines de semanas más de dos millones de personas. Una gran parte se detiene en las pastelerías, como la histórica Cafe Markiz (alias Yemek Kulübü, en el nº 360), Inci (nº 124, famosa por sus profiteroles con chocolate) o Koska (nº 122) para degustar sus mejores helva, lokum y baklava de pistacho al aroma de rosas. La faceta más hedonista suele incluir una puesta a punto en algún baño turco histórico, como el de Çemberlitas (www.cemberlitashamami.com.tr. 10 €), de 1584, o el Galatasaray, recomendable para mujeres y construido en 1481.

La representación de una comunidad laica que se adapta a los nuevos tiempos se define mejor al atardecer en lugares como los restaurantes de Nisantasi y las tiendas de Cihangir, o el distrito financiero de Levent y su skyline, entre numerosas torres de moderna construcción y centros comerciales como Kanyon (Büyûkdere Caddesi, 185). La Estambul moderna se localiza en espacios como el Sakip Sabanci Museum (http://muze.sabanciuniv.edu. 4 €), dedicado al arte moderno de Turquía y con su premiado restaurante Müzedechanga. O en el curioso Masumiyet Müzesi o Museo de la Inocencia (www.masumiyetmuzesi.com. 4 €), abierto este año en el barrio de Çukurcuma e inspirado en la novela homónima de Orhan Pamuk. También en los ritmos y el ambiente de los locales de copas de Kadiköy, en la orilla asiática, y Ortaköy.

Templos y acrópolis

Desde allí, dejando a un lado las nueve Islas del Príncipe –un enclave de veraneo para la élite no musulmana desde el siglo XIX situado en el Mar de Mármara–, parte la ruta que desciende bordeando el Egeo por la Costa Turca. Desde Izmir, famosa por su cerámica y su museo, el recorrido se realiza en coche o en un taxi compartido o dolmus. El acceso hacia las playas de Bodrum está jalonado de enclaves arqueológicos, pueblos pesqueros y lugares llenos de encanto, como Assos, desde donde se ve el Templo de Atenea, la Acrópolis de Pérgamo sobre la ciudad de Bergama, las ruinas de Efeso, el Templo de Apolo en Dídyma y de Afrodita en Afrodisias, o las increíbles piscinas calcáreas de Pamukkale en Hierápolis.

Hoteles: Sueños, sultanes y espías

Tras cuatro años de profundas reformas, la reapertura de un hito del alojamiento turco como el Hotel Pera Palace (www.perapalace.com), en el barrio de Beyoglu, resulta de visita obligada, aunque sólo sea para tomar el té y ver los cambios acometidos. Esta joya del año 1892 ha tenido entre sus huéspedes a seductoras como Mata Hari, Greta Garbo y Agatha Christie, quien en la habitación 411 escribió su novela Asesinato en el Orient Express (1933). Con todo, es difícil elegir entre tanto lujo otomano, colonial o moderno. Resultan grandiosos los grandes complejos hoteleros de cinco estrellas que rodean Taksim y se prolongan por el Cuerno de Oro. Allí brotan elegantes edificios como el Hotel Ramada Plaza Istanbul (www.ramadaplazaistanbul.com), al lado del Istanbul Convention & Exhibition Center y el barrio trendy de Nisantasi. Y llega lejos la fama del exclusivo Ciragan Palace Kempinski Istambul (Çıragan Caddesi, 32. www.kempinski.com/en/istanbul), el único palacio otomano imperial a orillas del Bósforo, donde han pernoctado grandes personalidades.

Antiguas casas centenarias y lujosos palacetes, que durante siglos pertenecieron a ricos europeos, funcionan ahora como establecimientos singulares; sus diferencias invitan a cualquier capricho. Las exquisitas suites Witt Istanbul Suites (www.wittistanbul.com. Desde 189 €) reúnen toda clase de gadgets: Nespresso, iPod docking station, muebles orgánicos diseñados por Autoban y una ubicación en la zona fashion de Cihangir. La preciosa mansión de 1890 renovada en estilo depurado da categoría ideal al The House Hotel (www.thehousehotel.com. Desde 150 €). En el centro, tienen su público selecto las casas tradicionales con vistas a la Mezquita Azul como Yesil Ev (www.yesilev.com.tr) o Casa Azul, y el Ayasofia Hotel (www.ayasofyahotel.com), de 21 habitaciones decoradas con antigüedades.

A orillas del agua, se mantienen como alojamientos predilectos la evocación aristocrática del Ajia Hotel (www.ajiahotel.com) y el acento vip del Hotel Les Ottomans (www.lesottomans.com), en Kanlica, que ofrece spa y un trato personalizado.