[Florencia y la Toscana]: En el corazón de la Historia

Piazza del Duomo de Florencia.

Primera recomendación: sentarse en alguno de los cafés de la Piazza della Repubblica y sentir por unos instantes que nos invade la calma. Quizás el elegido sea el Gubbe Rose o quizás el Gilli, junto al Hotel Savoy, apurando un cappucino cremoso. Sólo así uno puede coger fuerzas suficientes para enfrentarse a una de las ciudades más hermosas del mundo, apabullante y casi inabarcable, cuna del Renacimiento, fuente de inspiración de artistas. Cada año son atendidas cientos de personas que sufren el mismo mal que sorprendió a Stendhal nada más visitar la iglesia de la Santa Croce (entrada: 5 €). Durante su primera estancia en Florencia, al escritor no se le ocurrió mejor forma de mostrar sus respetos a Galileo, Miguel Ángel y Maquiavelo que desmayándose ante sus tumbas. La sensación de no poder resistir tanta belleza y no poder verlo todo persigue al turista, que no duda en hacer colas infinitas para visitar uno a uno los monumentos marcados en la memoria y en las guías de viaje. Segunda recomendación: por un poco más de dinero, las entradas pueden reservarse con antelación en Internet (www.firenzemusei.it) o por teléfono (055 29 48 83). Aún queda otra opción: asegurarse la vuelta lanzando una moneda al pozo que vigila el jabalí de bronce del Mercato del Porcellino (Piazza del Mercato Nuovo), que dicen produce los mismos efectos que la Fontana de Trevi romana. Sólo así, con la promesa ya hecha de regresar, es posible pasear sin sufrir por no poder acapararlo todo.

Arte a todas horas

Lo mejor es dejarse llevar, sin rumbo preciso, para sorprenderse un poco más al alcanzar la Piazza della Signoria, que presume de ser el salón más bello de Europa, con su elegante Palazzo Vecchio (entrada: 6 €), su Hércules y su falso David, su Neptuno y su Perseo. Podríamos decir que la plaza es el vestíbulo de acceso a la Galleria degli Uffizi (entrada: 10 €), una de las pinacotecas más importantes del mundo, con obras maestras de Giotto, Botticelli, Miguel Ángel, Leonardo… En la galería hay, además, un bar con una fantástica panorámica de la ciudad. Aunque si se quiere disfrutar de una terraza con vistas, una buena opción es la de la azotea del Hotel Minerva (www.grandhotelminerva.com), junto a la iglesia de Santa Maria Novella, con una piscina en torno a la cual los meses de verano se organizan animadas fiestas. Ya en sus tiempos la clase alta florentina se dedicaba a ver desde las alturas al vulgo. En el siglo XVI se construyó un corredor sobre el Ponte Vecchio para comunicar el Palazzo Vecchio y la Galleria degli Uffizi con el Palazzo Pitti (entrada: 8,50 €), que permitía a sus aristócratas usuarios evitar el bochornoso trance de mezclarse con el pueblo llano. Hablamos del Corredor Vasariano, angosto y largo, que se puede recorrer sólo hasta octubre de 2011 (entrada: 16 €), ya que después cerrará para ser sometido a una profunda restauración.

Mirando al cielo

Llegados a este punto nos falta… todo por ver. El Museo del Bargello (Via del Proconsolo, 4. Entrada: 4 €) y sus donatellos, los jardines de Boboli, la iglesia de San Lorenzo… Y el que es, sin duda, el corazón de Florencia, su Piazza del Duomo. Brunelleschi marcó el comienzo del Renacimiento con la construcción de la cúpula de la catedral de Santa Maria del Fiore, una impresionante obra de ingeniería que cuando fue terminada –en el siglo XV, a pesar de que el templo es del XIII– era la más grande de Europa (entrada a la iglesia, gratuita. Cúpula: 8 €). Es la protagonista absoluta de la plaza, y eso que comparte espacio con el Battistero di San Giovanni (entrada:. 4 €) y su Puerta del Paraíso, obra de Guiberti, y con el Campanile (entrada: 6 €), la torre gótica de 80 metros de altura que hay que subir para ver Florencia desde otra perspectiva. Ya en tierra firme nos quedan aún muchas visitas por hacer, pero una es obligada: la Galleria dell’Accademia (Via Ricaslo, 58-60. Entrada: 6,50 €), donde se alza, poderoso, el David de Miguel Ángel.

Entre viñedos

Cuando uno ya cree que se ha enamorado para siempre de Florencia, Florencia nos regala más sorpresas. Las que se extienden más allá de sus límites, en esa Toscana que comienza a revelarse desde el mirador del Prato de la medieval Arezzo, que el tercer fin de semana de cada mes organiza un mercado de antigüedades en el que merece la pena perderse. Antes o después, eso sí, de visitar la iglesia de San Francesco y los frescos de la Leyenda de la Vera Cruz que pintó en ella Piero della Francesca. Los viñedos del Chianti, con sus factorías-castillo en las que mana su preciado vino, dan paso a ciudades inolvidables, como Siena, con su Duomo perfecto, su Torre Mangiar y su Piazza del Campo, con pavimento de ladrillo rojo y una fuente con la imagen de Adán y Eva. La plaza es el corazón de los 17 contrade de la ciudad, barrios cuyas rivalidades salen a la luz cada año en el famoso Palio, el mayor festival de la región, que tiene lugar en julio y agosto. Nos gusta la romántica San Gimignano y más aún la idílica Lucca de Giacomo Puccini, con lujosas villas, jardines, iglesias y casas levantadas por familias nobles durante la Edad Media para mostrar su poder. También, las termas Tettucio (www.termemontecatini.it), en Montecatini, donde brotan hasta cinco tipos distintos de agua que mejoran la salud. Perfecto para curarse del mal que afectó a Stendhal y del vértigo que produce ver de cerca la torre inclinada de Pisa (entrada: 15 €).

Hoteles: Buscando la paz interior

A todo el mundo le gusta el Savoy (www.hotelsavoy.it). La frase puede parecer una obviedad, ya que se trata de uno de los hoteles más lujosos de Florencia. Pero es que hay pocos sitios en donde se pueda tomar mejor el pulso de la ciudad que en la terraza de su restaurante, abierta a la Piazza della Reppublica. Gracias a la colaboración con el chef Fulvio Pierangelini –dos estrellas Michelin–, L’Incontro se ha convertido en uno de esos lugares a la moda por los que hay que dejarse ver, por ejemplo, después de hacer las compras en las tiendas de Cavalli o Ferragamo. The Four Seasons (www.fourseasons.com/florence) es algo más recargado, que para eso se ubica en el palacio de Gherardesca, del siglo XV. Cuenta con un impresionante jardín y un spa que pasa por ser el único en el mundo que utiliza productos de la Officina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella, elaborados siguiendo las recetas usadas por los monjes desde el siglo XIII. Un buen lugar para encontrar la calma, como lo es también el sorprendente The J and J (www.jandjhotel.net), que ocupa el espacio de un antiguo convento a sólo unos pasos de la catedral. Más alejado, en la orilla izquierda del río Arno, está Riva Lofts (www.rivalofts.com), una fábrica del siglo XIX rehabilitada, con modernos estudios y con terraza privada. En el corazón del Chianti, el hotel Castello del Nero (www.castellodelnero.com) es uno de esos alojamientos muy recomendables para disfrutar de la Toscana, emplazado en un castillo del siglo XII. Sus habitaciones y suites, decoradas en colores pastel con muebles antiguos, invitan a disfrutar del entorno en paz con uno mismo. Mucho más íntimo y sencillo es el Piccolo Hotel Puccini (www.hotelpuccini.com), en Lucca, con un encanto evocador de otras épocas. Pero nada es comparable a alojarse en Casa Albertina E Mario (Fratelli Guermani, 12. Tel.: 0572 900238), en Montecatini Alto, una casa rural con habitaciones con vistas a un espectacular valle y a un jardín repleto de limoneros. En los espacios comunes siempre se escucha buena música de jazz.