[Grandes parques del Este de África]: Paraíso de la fauna salvaje

Elefantes con el Kilimanjaro al fondo.

Cierto que en swahili sólo significa “viaje”, pero no lo es menos que, en cualquier otro idioma, la palabra safari dispara la imaginación hacia las extensiones libres de África. Y es que al Este del continente, Tanzania y Kenia se reparten algunos de esos nombres y paisajes que sobrevuelan por el imaginario colectivo cuando se piensa en un safari: las llanuras del Parque Nacional del Serengeti, que son la continuación natural de la Reserva de Masai Mara, separadas por una frontera trazada a tiralíneas en los días de la colonia que, por supuesto, los animales se saltan sin pedir permiso a nadie cuando llama el instinto. O el Kilimanjaro, localizado en el territorio tanzano, aunque sus mejores vistas las despache el keniano Parque Nacional de Amboseli. O el cráter del Ngorongoro, donde las paredes de este volcán extinguido cercan en el interior de su caldera tal cantidad y variedad de fauna que no parece real.

Desde luego, con semejantes escenarios no es extraño que los grandes espacios del Este de África se hayan convertido en la meca de los safaris fotográficos.

La migración de los ñus. Se trata del espectáculo de vida salvaje más sobrecogedor del planeta, cuando cerca de dos millones de ñus, cebras y gacelas, urgidos por hallar agua y pastos frescos, se cruzan del Serengeti al Masai Mara seguidos en corto por los predadores y acechados por los cocodrilos que les aguardan al vadear los ríos en crispadas hileras. Aunque algunos de los momentos más apasionantes de la migración tienen lugar precisamente al atravesar los ríos Grumeti, en Tanzania, y el Mara, en Kenia, la migración, en realidad, no tiene principio ni fin. Los ñus, esos barbudos antílopes con cabeza de bisonte y cuerpo de gacela, están destinados a vagar en inmensas rutas circulares desde que nacen en los primeros meses del año, en las planicies del Serengeti, hasta el fin de sus días. Cuando el agua comienza a escasear en el parque tanzano por antonomasia, estos gregarios animales, capaces de oler la lluvia a kilómetros de distancia, comienzan a concentrarse en manadas cada vez más numerosas rumbo al corredor Oeste para, entre junio y julio, pasar al lado keniano, al Masai Mara, en el que los supervivientes de la gran migración harán rebosar de vida sus colinas y sabanas hasta el mes de octubre, cuando el instinto les avisa de que va siendo hora de volver al Sur.

Las nieves del Kilimanjaro

Los glaciares que coronan la montaña más alta de África están en peligro, pero incluso si no se lograra frenar el cambio climático que derrite sus hielos, lo que no podrá desaparecer nunca es su majestuosa estampa que, tocando las nubes, se levanta sobre las requemadas sabanas. El Kilimanjaro está en Tanzania, pero se ve mejor desde Kenia. La absurda línea recta que dividió ambos países en la época colonial hace un deliberado requiebro para, precisamente, dejarlo en la parte tanzana. Cuenta la leyenda que fue cosa de la reina Victoria, que en un arranque de generosidad le regaló el coloso a su sobrino nieto el káiser Guillermo II, que mandaba del otro lado. A fin de cuentas, ella ya tenía el Monte Kenia. Hasta sus 5.895 metros puede ascenderse por varias rutas no excesivamente duras para los habituales del trekking. Sin embargo, el común de los mortales se dará por satisfecho con admirarlo desde el Parque Nacional keniano de Amboseli, que es célebre también por sus inmensas manadas de elefantes.

El jardín del edén o el cráter del Ngorongoro

La circunferencia casi perfecta generada por las paredes de este volcán extinguido al norte de Tanzania alberga, al fondo de su caldera, la mayor concentración permanente de fauna de África, con cerca de 30.000 animales luchando por la supervivencia dentro de sus apenas 20 kilómetros de diámetro. A excepción de las jirafas, que aquí no encuentran árboles a su altura con los que alimentarse, en el cráter pueden avistarse, en cualquier época, todos y cada uno de los grandes del safari: por supuesto los míticos big five –el elefante, el león, el rinoceronte, el leopardo y el búfalo–, además de inmensas manadas de ñus y cebras, gacelas, hienas, chacales, hipopótamos chapoteando en sus charcas y demás especies menores a cuyo encuentro salir desde los lodges que, como si de un anfiteatro se tratara, vigilan la caldera desde lo alto de los cerros que la delimitan.

Safaris en todoterreno, en globo o a pie

Los safaris más habituales se hacen en todoterreno, guiados por rangers, y durante unas horas al amanecer y al atardecer, cuando la fauna se encuentra más activa y hay muchas más probabilidades de presenciar una escena de caza. Sin embargo, sobre todo en las reservas y concesiones privadas pueden emprenderse safaris nocturnos para tratar de avistar animales de hábitos noctívagos, como el leopardo. Otra opción capaz de poner la adrenalina al límite son los safaris a pie en compañía de masais o guardas armados. Pero quizá los más espectaculares sean los prohibitivos safaris en globo que, durante cerca de una hora, al amanecer, sobrevuelan  en silencio por encima de las manadas para aterrizar después en un claro en el que espera un desayuno con champán al más puro estilo de Memorias de África.

Hoteles: Safaris fotográficos desde el lodge

En Masai Mara, en una apartada concesión de terreno muy próxima ya al Serengeti, el Cottars 1920 (www.cottars.com), como todos los campamentos de safari de alto nivel, cuenta con muy pocas tiendas que ofician como habitación –en este caso sólo seis–, con servicios habituales que incluyen un estiloso cuarto de baño o una veranda para admirar el paisaje en total privacidad; pero aquí, además, con antigüedades de safaris de los años 20 del siglo pasado. También de lo más exclusivo de la reserva son el Bateleurs Camp at Kichwa Tembo (www.kichwatembo.com), junto a los paisajes de la escena final de Memorias de África; el Ol Seki (www.olseki.com), con panorámicas de 270º sobre la sabana desde cada habitación; el Naibor y Little Naibor (www.naibor.com), a las orillas del río Talek; y el Mara Explorer (www.heritage-eastafrica.com), cuya decena de preciosas tiendas, en una zona boscosa a orillas también de este río, pueden abrirse casi completamente a la naturaleza. Igualmente ocurre con el lodge Saruni (www.sarunicamp.com), decorado con antigüedades coloniales, alfombras persas y arte africano; o el boutique lodge Ngerende Island Lodge (www.ngerende.com), cuyas únicas siete suites despachan impresionantes vistas al río Mara. Y en Amboseli, el nuevo e inmejorablemente situado Tawi Lodge (www.tawilodge.com), junto a la entrada del parque, en una zona de conservación de 6.000 acres por la que transitan las manadas de elefantes en su migración a las colinas de Chyulu. Desde cada uno de sus 12 coquetísimos cottages, que disponen incluso de chimenea, llega a admirarse la estampa del Kilimanjaro sin necesidad siquiera de salir de la cama o de la gran bañera de patas que preside sus cuartos de baño.

En el Serengeti, conviene elegir el Singita Faru Faru (www.singita.com), un logde junto al río Grumeti con capacidad para un máximo de 22 huéspedes, que incluso podrán avistar a la fauna sumergidos en su piscina, alzada sobre unas pozas a las que acuden a beber los animales. Y en el cráter del Ngorongoro, el sempiterno Crater Lodge (www.ngorongorocrater.com), con su opulenta decoración entre lo barroco y lo colonial con las panorámicas de escándalo que permiten su ubicación en los vértices del cráter.

Más información: www.magicalkenya.com y www.tanzaniatouristboard.com