[Halong Bay]: La bahía de los sueños

Además de navegar por la bahía de Halong hay que visitar alguna de sus fascinantes grutas.

La bahía de Halong es uno de los platos fuertes de un viaje por Vietnam, un paisaje único, realmente mágico. Según una leyenda, fue creada por un grupo de dragones enviados por el Emperador de Jade para defenderse de un ejército invasor. Mientras los barcos enemigos avanzaban por las aguas del Mar de China, los dragones bajaron del cielo y lanzaron una lluvia de perlas sobre el mar. Al contacto con el agua, las perlas se convirtieron en inmensas islas de roca que impidieron para siempre el avance de las naves adversarias. Efectivamente, son islas grandes, formaciones de caliza que con la acción erosiva del agua y el viento han adquirido las formas más caprichosas, y que la película Indochina, protagonizada por una excepcional Catherine Deneuve, descubrió al mundo como el mejor decorado para una historia de amor. La primera visión de la bahía sobrecoge por completo: hasta donde alcanza la vista, miles de pequeñas islas surgen de un agua tranquila, surcada por juncos y sampanes dedicados a fondear en estas aguas pesqueras.

Qué hacer en la bahía

El modo más práctico para moverse a través de este maravilloso laberinto de piedra y agua es a bordo de uno de los muchos barcos que surcan la bahía (precio: 120 dólares por persona). Numerosos cruceros turísticos parten de Hanoi (donde se hacen las reservas), pero es mejor hacerlo en el mismo puerto de Bai Chay, en Halong Ville (desde Hanoi se llega fácilmente por carretera. Es un trayecto largo, más de 3 horas de viaje, pero por el camino se suceden las imágenes más bellas del país). En Bai Chay los barcos turísticos se apiñan por decenas. Las velas de las embarcaciones, pese a su aspecto sucio y castigado, proporcionan a la bahía un aire de postal china, con las aguas tranquilas y los pescadores vestidos con el traje tradicional y el cónico sombrero de paja. La sensación es de caos rotundo. Sin embargo, no hay que alarmarse: una vez en el agua esa sensación desaparece completamente y se puede disfrutar de la zona con cierta intimidad. Y es que se navega por una geografía fantástica que se superpone a la real, entre playas blancas y playas negras, entre lagunas color turquesa y otras de color verde. El sonido del silencio invade la atmósfera. Las excursiones en estos barcos típicos vietnamitas permiten acercarse a los pequeños pueblos flotantes escondidos entre las islas y, de paso, adquirir alguna que otra pieza de fruta que los numerosos vendedores ambulantes van ofreciendo. Navegan con sus canoas y van de un lado a otro transportando sus mercancías y buscando compradores.

De gruta en gruta

Navegar por la bahía es una experiencia fascinante y es además la única forma de llegar a otro de sus grandes atractivos: las grutas que se han ido creando por la acción del viento y del agua. Las hay a cientos, pero posiblemente la más famosa es Hang Sung Sot (Gruta de las Sorpresas). Una senda de 500 metros de largo se interna en la gruta y recorre tres cámaras espectacularmente decoradas con enormes estalagmitas y estalactitas que recuerdan muchas veces una tortuga, un Buda, un sapo… Hang Sung Sot es una maravilla, pero hay más: Hang Dau Go (donde el agua ha formado caprichosas figuras en las que hay quien logra ver una asamblea de gnomos petrificados), Hang Luon (donde surcar las aguas para alcanzar una laguna de muros majestuosos y descubrir uno de los mejores jardines de coral), Hang Quang (una caverna de un kilómetro y medio de longitud, con paisajes iluminados por fragmentos de luces naturales y cascadas de estalactitas de colores)… En ninguna se paga entrada, está incluida en el precio de alquiler del barco.

Parque nacional de Cat Ba

Es el otro plato fuerte de este viaje. Tras algunas horas de navegación por las aguas cenagosas del río Rojo, se entra en un laberinto de islotes, en el archipiélago de Cat Ba, que acoge 336 islas. Hay que llegar a la aldea de pescadores de Cat Ba Ville. Es la capital de la isla del mismo nombre, cuartel de piratas vietnamitas y chinos desde tiempos inmemoriales, y sede, desde 1986, del parque nacional que protege casi diez mil hectáreas de jungla y cuatro mil de mar. Gracias a este parque se ha frenado la masacre de delfines, caballitos de mar y tortugas marinas. No hay comparación con Halong Ville, pero Cat Ba Ville es una aldea organizada también de cara al turismo, con restaurantes y bares, un gran hotel gubernamental y otros hotelitos y casas privadas donde se pueden alquilar habitaciones y botes a motor. Las innumerables agencias turísticas de la aldea organizan de todo, desde recorridos de una jornada por esta isla de 358 kilómetros cuadrados hasta excursiones a pie que duran casi seis horas y que recorren el parque de punta a punta. También es posible hacer excursiones en barca a las calitas y arrecifes coralinos donde juegan los delfines y se protegen más de 200 especies acuáticas. (Entrada: 2 dólares, con guía: 6 dólares).

Regatear, siempre regatear

Vietnam es un país barato y hay gran cantidad de productos que comprar: sombreros cónicos, artesanía típica, muebles de madera lacada… Aunque el regateo no es una costumbre vietnamita, la llegada de los turistas ha estimulado su implantación y ahora resulta casi inevitable negociar todo antes de comprar. Sin embargo, los vendedores no suelen rebajar mucho sus pretensiones, y si se hace un ademán de renunciar al objeto deseado, casi nunca te volverán a llamar para ofrecer un precio nuevo.

Hoteles: A la luz de las estrellas

La opción más atractiva es alojarse en los mismos barcos turísticos que realizan rutas de dos o tres días de duración. Esa es la mejor manera de acceder a los lugares más remotos, disfrutar de las hermosas puestas de sol desde el mar y realizar las actividades mencionadas. Según la categoría de la embarcación se tendrán más o menos comodidades, aunque en general los servicios son bastante básicos. ¿Cómo alquilar las embarcaciones? Muy fácil, los mismos alegres marineros hacen señales con la mano para que subamos a bordo de sus embarcaciones.  Sin embargo, para evitar desagradables sorpresas algunos hacen las reservas en Hanoi (la misma empresa se encarga del traslado de sus clientes hasta Bai Chay). Nuestra sugerencia es Huang Hai Junk. Se trata de una flota de nueve juncos. Zarpan todos los días desde Bai Chay, sirven comida y cena, y los camarotes, confortables, disponen de aire acondicionado y vistas magníficas (precio: 200 dólares por persona, www.halongtravels.com). Y para las ocasiones especiales, el Emeraude Classic. Se trata de una répilica de un barco de palas francés que navegaba por la bahía en la década de 1920. Si ha soñado con un viaje nostálgico a la Indochina colonial, lo hará realidad en el Emeraude (reservas en 59 A LY Thai To, Ste.214. Hanoi. Precio: alrededor de 300 dólares por persona).

Por otro lado, ¿quién no recuerda la película Indochina, protagonizada por una colosal Catherine Deneuve? Pues bien, algunos tramos fueron rodados precisamente aquí, en Halong Bay (si se pide a los barqueros, nos acercarán a los lugares más famosos donde se rodó la película). Catherine Deneuve se alojó en la habitación número 208 del Hotel Halong I (www.hotelvietnamonline.com/halong/halong1/index.htm). Está a nuestra disposición, aunque es la habitación más solicitada, desde luego.

El Halong I no es un cinco estrellas, pero es elegante y está exquisitamente decorado, reflejando la rica herencia de Vietnam. Todas sus dependencias (piscina, spa, sauna, habitaciones…) ofrecen todas las comodidades modernas que uno espera encontrar. Destaca el llamado Palacio del Dragón, el restaurante donde se sirve cocina internacional y, cómo no, platos típicos de la cocina vietnamita (por cierto, pruebe los platos de mariscos finos. No se arrepentirá).