[Iguazú]: Donde nacen las nubes

Las cataratas forman un semicírculo de 3 kilómetros con 275 cascadas de hasta 80 metros de caída libre.

Hay fenómenos naturales que exceden con creces las dimensiones humanas. Iguazú, en el norte más selvático de Argentina, es uno de ellos porque es como una tormenta líquida que jamás descansa, un continuado sonido de truenos que da cuerpo a la catarata más grande de la Tierra. Quienes tienen la oportunidad de acercarse a ella saben que van al encuentro de uno de los espectáculos más formidables de la naturaleza. Por lo menos es la catarata más ancha del mundo. El Iguazú, que marcha con la parsimonia típica de los ríos tropicales, se ensancha de repente y se desploma por un precipicio de más de tres kilómetros de anchura. No hay nada igual en otro lugar. Según los cálculos, en la caída se desparraman 14 millones de litros de agua por segundo. Es como un gran anfiteatro, un semicírculo de 3 kilómetros en el que el río se precipita en 80 metros de caída libre, formando hasta 275 cascadas y un sinfín de pequeños saltos de agua. El más impresionante es la llamada Garganta del Diablo, pero todas tienen nombre: Floriano, Unión, Rivadavia, Belgrano, Los Tres Mosqueteros, San Martín, Dos Hermanas… Todas son inmensas, ninguna de menos de 60 metros de caída, aunque algunas llegan a medir más de 80. La mayoría están partidas por la mitad y golpean las rocas a la mitad de su caída, antes de despeñarse hasta el fondo del barranco.

Hay varias formas de llegar. Las cataratas se encuentran justo en la frontera de Brasil y Argentina. Por lo tanto, si se viene desde Brasil habrá que volar hasta el aeropuerto internacional Foz do Iguazú (hay vuelos directos cada día desde Río de Janeiro, Sao Paulo, Curitiba y Salvador); si uno se encuentra en Argentina, habrá que volar hasta el aeropuerto Puerto Iguazú (vuelos diarios desde Buenos Aires). En ambos casos, un excelente servicio de autobuses enlaza ambos con las cataratas.

En el corazón de Iguazú

Iguazú es un verdadero paraíso para los amantes de la naturaleza y los senderistas. Hay varias excursiones inexcusables y, aunque sea época de lluvias, lo mejor es hacerlas durante los meses de enero a marzo, cuando el escenario se nos ofrece en todo su esplendor. Las cataratas marcan el límite entre Brasil y Argentina y pueden verse desde ambos lados. La mayor parte están en Argentina, pero la mejor panorámica se consigue desde Brasil. Conviene, pues, empezar por este país y, después, pasar al lado argentino (no se necesita visado; hay que abonar una tasa aduanera y sellar el pasaporte). Desde el lado brasileño, las cascadas se pueden observar desde el Parque Nacional Foz do Iguaçu (entrada: 6 dólares), donde hay varias pasarelas que permiten disfrutar de estupendas vistas de los saltos (Santa María, Deodoro, Floriano). El final de la pasarela se sitúa en el corazón de la espectacular Garganta del Diablo. Para los amantes de las emociones fuertes, el Macuco Safari propone una vista privilegiada de las cataratas desde el río, a bordo de una barca para 25 personas, remando a contracorriente en dirección a la Garganta del Diablo (precio: 50 dólares por persona).

En el lado argentino, las cataratas son el centro del Parque Nacional Iguazú, creado en 1934 y con una superficie actual de 70.000 hectáreas. El Centro de Información Yvyrá Retá ofrece amplia información sobre el parque (entrada: 9 dólares). Si el parque brasileño disfruta de la panorámica más amplia, en la parte argentina priman el detalle y la proximidad: hace pocos años se abrieron nuevas pasarelas que se introducen en la selva y llegan hasta la cresta de las cataratas. Son varios kilómetros de recorrido que se realizan en unas 4 horas. Hay tres circuitos principales de pasarelas: el superior, que bordea la parte alta del río y permite observar las cataratas desde la cima de sus abismos; el inferior, que se adentra entre los saltos (aquí se pasa cerca de San Martín y Dos Hermanas), y un tercer recorrido que se abre sobre la Garganta del Diablo. Se trata de una estrecha pasarela de poco más de un kilómetro que va por encima incluso de algunas pequeñas islas y permite la visión del mayor atractivo del parque: un salto de agua de 150 metros de largo por 80 de alto.

Empapados hasta las cejas. El ambiente del parque es húmedo, con temperaturas medias que oscilan entre los 15 ºC en invierno y 30 ºC en verano. No se olvide de llevar ropa cómoda y de repuesto pues para las excursiones con lanchas es inevitable quedar empapado. Asimismo, es recomendable llevar una bolsa de plástico para proteger equipos fotográficos y documentos delicados.

Vuelos en helicóptero

Alquilar una lancha para acercarse al corazón mismo de las cataratas es una experiencia alucinante, sin duda. Pero la actividad más solicitada en Iguazú son los vuelos en helicóptero. Efectivamente, existe la posibilidad de sobrevolar las cataratas en recorridos que duran hasta diez minutos. Estos vuelos pueden contratarse tanto en la orilla argentina como en la brasileña (precio: 100 dólares por persona. www.helisul.com).

Paraíso de senderistas y naturistas. Dentro del Parque Nacional de Iguazú existen varios circuitos que se pueden hacer, ya sea por cuenta propia (a pie o bicicleta) o bien en excursiones organizadas. La más espectacular es el sendero Macuco, que penetra en la misma selva hasta el salto Arrechea. Por el camino, cubierto de espesa y lujuriante vegetación, podrán apreciarse todo tipo de especies animales y de plantas propias del estado argentino de Misiones (información, en los mismos hoteles).

Hoteles: Dormir en plena Naturaleza

Las cataratas de Iguazú constituyen uno de los mayores atractivos turísticos en Argentina y Brasil. Es fácil imaginar, por tanto, que las infraestructuras hoteleras en la zona son buenas y abundantes. Pero hay tres hoteles que destacan sobre los demás:

Hotel das Cataratas (www.hoteldascataratas.com). Situado a sólo dos minutos a pie de las mismas cataratas, es el único hotel en el interior del parque (en la parte brasileña), lo cual quiere decir que ofrece a sus huéspedes el privilegio de acceder en exclusiva a las cataratas cada mañana antes de la apertura al público –a las nueve– o tras su cierre, a las cinco de la tarde. Wilson Fernandes, el biólogo del hotel, acompaña a los huéspedes en un paseo guiado a través de un camino forestal privado que proporciona un excepcional conocimiento de la variedad de flora y fauna del parque. El recorrido, de una duración aproximada de 90 minutos, concluye en las espectaculares plataformas de las cataratas. El recorrido sale diariamente del vestíbulo principal a las 7.15 horas.

Iguazú Grand Resort & Casino (www.iguazugrand.com). Es el más lujoso de Puerto Iguazú, el hotel elegido por los altos dignatarios, celebridades y líderes mundiales. Desde 2002 es miembro de la prestigiosa asociación The Leading Hotels of the World, que reúne a algunos de los mejores hoteles del mundo. Aquí todo está en concordancia a su categoría (servicios, habitaciones, cocina, dependencias…). Sin duda se ha convertido en un referente de la hotelería de lujo a nivel mundial. La majestuosidad de su arquitectura y su decoración de primer nivel lo distinguen en su estilo. Dispone, además, del mejor restaurante, de Puerto Iguazú, la ciudad argentina más próxima a las cascadas, y de un Casino que se ha convertido en una de las salas de juego más importantes de América latina.

Sheraton Iguazú Resort & Spa (www.sheraton.com). La mayoría de las habitaciones de este lujoso hotel disfrutan de vistas a las cataratas. A través de los enormes ventanales del vestíbulo, de los restaurantes, de los bares e incluso desde la piscina se puede contemplar (incluso se oye) el impresionante espectáculo de la Garganta del Diablo. Y es que las cataratas son casi una extensión del hotel: caminando apenas 200 metros ya se encuentran los primeros saltos. Su restaurante goza de una merecidísima fama. Aquí se comen platos preparados por manos expertas mientras un artista local ameniza el ambiente. No deje de probar la trucha con hojaldre (sólo sirve cenas).