[Kioto]: Ciudad de jardines y templos

Kioto fue la capital de Japón durante mil años y no fue bombardeada en la II Guerra Mundial.

Al igual que un hayku, el tradicional verso japonés que en tan sólo diecisiete sílabas capta la plenitud de un instante, la ciudad de Kioto se revelará tras varias lecturas, es decir, paseos. Aunque si se visita durante la floración de los cerezos, es muy posible que el viajero se rinda antes de lo previsto debido a la impresionante belleza blanca y rosácea que viste a templos y jardines, como el santuario sintoísta de Heian (entrada, 600 ¥), el Sendero de los Filósofos, que parte desde la entrada al precioso Ginkakuji o Pabellón de Plata y discurre durante unos dos kilómetros a lo largo de un canal, el parque de Maruyama, el enclave más popular de Kioto para reunirse con la familia o amigos bajo los cerezos florecidos en torno a una comida acompañada de sake, el santuario de Hirano o los alrededores del puente Togetsukyo, en el distrito de Arashiyama. Precisamente en el río Hozu se puede disfrutar de una excursión en barco de dos horas de duración (3.900 ¥), un balcón perfecto también para descubrir el momiji gari, o lo que es lo mismo, cómo el otoño embellece la ciudad con los colores rojizos y amarillos de los arces y los ginkos. Los barcos parten desde Kameoka, a donde se suele llegar, entre otras combinaciones, con el Tren Romántico Sagano (600 ¥), que también discurre paralelo al río.

La esencia de la “ciudad capital”

El área de Higashiyama, donde se encuentran las callejuelas más atmosféricas de la ciudad, como Ninen-zaka y Sannen-zaka, jalonadas de machiyas o casas tradicionales de Kioto, es donde el viajero puede descubrir la esencia del antiguo Japón y de Kioto, la “ciudad capital”, que eso significa su nombre, ya que lo fue durante más de mil años, hasta 1868, que se produce la Restauración de los Meiji. También fue la única ciudad importante que no fue bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial para preservar su importante patrimonio. Al salir de la moderna estación de Kioto –la forma más habitual de llegar a la ciudad es en tren– y observar la famosa y en su día discutida Torre de Kioto, a cuyo observatorio se puede subir (770 ¥), lo mejor es comenzar el recorrido dirigiéndose al templo de Sanjusangen (600 ¥), cuya sala principal alberga 1.001 estatuas de madera de la diosa budista Kannon. De aquí a Higashiyama hay un paso y lo común es abordarla por la calle Kiyomizu-micha. Al final, el templo de Kiyomizu (300 ¥), declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y famoso por su impresionante terraza apoyada sobre cientos de pilares de madera. Otras de las visitas a marcar en esta zona son el santuario de Yasaka, el templo Ginkaku (500 ¥), con un hermoso jardín japonés, o Nanzen, uno de los templos zen más importantes de todo el país.

Los jardines también son protagonistas

Visitar Kioto sin reparar en sus jardines sería imperdonable. La esencia de la ciudad y de la cultura del país reposa en ellos y son un reflejo de la estética tradicional japonesa. Los jardines del Palacio Imperial, un oasis dentro del centro de la ciudad, constituyen una excelente opción si se quiere disfrutar de un picnic. Aunque las antiguas dependencias imperiales se pueden visitar gratuitamente en un tour previa reserva (http://sankan.kunaicho.go.jp/english/), es más interesante destinar ese tiempo a la antigua residencia de los shogunes Tokugawa, el Castillo de Nijo (600 ¥), rodeado de jardines y cuya delicada ornamentación interior lo convierten en una de las visitas más destacables de la ciudad.

Los iconos del mundo zen

El otoño convierte al jardín del templo zen de Kinkaku (400 ¥), también llamado Pabellón Dorado, en un precioso marco que resalta aún más el que es uno de los edificios más fotografiados de la ciudad, mientras que el paso de las estaciones realmente no afecta a otra de las imágenes más conocidas de Kioto, el templo de Ryoan (500 ¥), famoso por su jardin zen, el más antiguo y sobresaliente jardín seco o karesansui del país.

La delicadeza del kaiseki

Una de las mejores experiencias culinarias que se pueden disfrutar en Kioto es la de saborear el conjunto de platitos que conforman el kaiseki, una refinada comida donde la delicada presentación tiene tanto valor como la frescura de los productos. En el distrito de Gion, famoso por sus casas de té, sus exclusivos establecimientos atendidos por geishas y sus calles tradicionales, como Hanami-koji y Shirakawa Minami-dori, se puede probar cocina kaiseki, aunque uno de los establecimientos más prestigiosos, Kikuonoi (www.kikunoi.jp), se encuentra junto al templo de Kodai, cerca del parque de Maruyama. Aparte de este tres estrellas Michelin, otro de los templos del kaiseki es Kitcho (www.kitcho.com), situado en el distrito de Arashiyama, cuya visita es una verdadera delicatessen en todos los sentidos y en el que la reserva es imprescindible. En el animado distrito de Pontocho, cuyas callejuelas se iluminan a la noche con la luz rojiza de las linternas de papel situadas a las puertas de sus restaurantes, también se pueden encontrar locales que ofrecen kaiseki, al igual que numerosos establecimientos especializados en noodles (fideos) o brochetas.

Hoteles: Cuando lo mínimo es más

En Kioto hay que dormir en un ryokan. Aunque sea sólo por una noche. Los hay económicos, pero los pequeños detalles de aquellos con tarifas más altas marcan una gran diferencia durante la estancia. Flores frescas, bañeras de cedro y un elaborado menú kaiseki realzará la experiencia de dormir en este tipo de alojamiento tradicional japonés que se caracteriza por sus baños termales colectivos y sus habitaciones amplias cubiertas de esterillas o tatamis, donde a la noche se despliegan los futones. Uno de los más célebres es el Hiiragiya (www.hiiragiya.co.jp), fundado en 1818 y a donde han acudido personalidades de renombre, incluido el escritor Yasunari Kawabata, para quien era uno de sus alojamientos preferidos en la ciudad. Al reservar, hay que decantarse por el edificio más antiguo o el nuevo anexo, construido también al estilo tradicional y con el mismo encanto que el ryokan original.

Si se visita la ciudad de Kioto durante la floración de los cerezos o durante el otoño, hay que ir a Togetsutei (www.togetsutei.co.jp), ya que se encuentra junto al puente de Togetsukyo y las colinas de Arashiyama, espectaculares en estas épocas del año. Las vistas desde el ryokan son imbatibles. La también estupenda localización del Yuzuya (www.yuzuyaryokan.com), situado junto al parque Maruyama, suma a la elegancia de sus ocho habitaciones la cualidad de ofrecer un alojamiento como éste en uno de los rincones más bonitos de la ciudad. Perfecto para sentirse en el antiguo Kioto. El ambiente tradicional que se respira del mismo modo en algunas callejuelas de Gion rodea al Mume (www.hotelmume.com), cuya fachada gris esconde un pequeño hotel boutique de siete habitaciones repleto de buen gusto y mimo, perfecto para quien prefiera dormir al estilo occidental pero sin renunciar a la equilabrada y cuidada estética japonesa.