[La Habana]: Cuando la noche mira al Malecón

Sí, su arquitectura colonial necesita más que un lifting, pero hasta en decadencia tiene clase. Cualquiera de sus barrios conocidos –la Habana Vieja, Vedado, Miramar, Centro Habana, Malecón– muestran una vejez seductora a pesar de todo. Para eso se ha forjado con lo mejor de Africa y las Antillas. O acaso será el pleno bullicio, porque La Habana no entiende el silencio. Da lo mismo que su casco histórico cuente con un millar de edificios de los siglos XVI, XVII y XVIII. Aquí todo despide energía. La actividad queda patente también en el Aeropuerto José Martí, desde donde se suele contar con un transporte concertado al hotel, o un coche con guía listo para el desplazamiento. Si no, es mejor cerrar un viaje en taxi; el precio, hay que negociarlo.

La autogestión es indispensable en La Habana. Es posible desplazarse en transporte público, pero el pago en Peso Cubano Convertible (CUC) o chavito –única moneda aceptada oficialmente para las operaciones realizadas por extranjeros– no compensa el tiempo de espera y las colas si se alquila un coche privado o se combina con los paseos. En cuanto a las compras, copas y otras actividades, no hay que olvidar que la propina está a la orden del día. Y que casi todo es negociable.

Un paseo por el centro

La Habana Vieja conforma el corazón de la ciudad antigua y no puede pasarse por alto para perderse sin más en la rumba. Arropa la ensenada del puerto, en torno a una plaza de Armas, que recuerda a Cádiz y a Tenerife. Esta parte de la ciudad que Alejo Carpentier llamó “de las columnas” parece un catálogo de rejas, portalones, sombras y frescor de patios. El juego está en buscarlo por las fortalezas, conventos e iglesias, palacios, callejuelas y soportales sin rumbo específico. El Palacio Capitanes Generales (hoy Museo de la Ciudad, abierto de 9 a 18 horas, 3 CUC) merece una visita con calma, lo mismo que el vecino Museo de Pintura Mural (Obispo esquina Mercaderes) y el Nacional de Bellas Artes (Calle San Rafael, 8 CUC). La zona invita a caminar desde la Plaza de la Catedral, cerca de la de Armas, rodeada de casas porticadas del XVIII. Lo esencial incluye visitas como el Convento de Santa Clara, de 1644 (9 a 17 horas, 2 CUC), la Casa Natal de José Martí (Calle Leonor Pérez, de 9 a 18,30 horas, 1 CUC), considerado el apóstol de la independencia cubana, y la farmacia Tachequel (Aguiar, 155). En la cercana fábrica de Tabacos de Partagás (9 a 11 y 12 a 15 horas. 1 CUC), puede adquirirse algún habano mientras se aprende todo el proceso de fabricación y sus características aromáticas.

Un helado en Coppelia

Por la tarde se ha puesto de moda asistir a la ceremonia del Cañonazo de las Nueve, en la fortaleza colonial Castillo del Morro (5 CUC). Las luces de las antorchas y el fogonazo ponen el sonido culminante a un evento que los fines de semana los habaneros disfrutan en familia, con picnic incluido.

Para contrarrestar el calor, la heladería Coppelia, enfrente del parque que hay al lado del hotel Habana Libre, en el barrio de Miramar, se ha hecho famosa por sus ricos helados y largas colas. De los anunciados 42 sabores sólo suelen servir el de fresa, chocolate, mango, piña y vainilla. Además, hay maneras de saltarse la cola. Para almorzar, tienen su encanto la atmósfera intimista de los paladares o restaurantes instalados en casas particulares. El de La Guarida (Calle Concordia, 318, entre Gervasio y Escobar) se conserva igual que está en el filme Fresa y chocolate.

En los momentos de mayor calor, o en esas noches que comienzan, los cafés y tabernas constituyen un punto de reunión donde intercambiar diálogo y gracejo con los habaneros, expertos en el arte comunicacional. Los locales clásicos de la Habana Vieja mantienen un encanto que invita a quedarse durante horas, enganchando el aperitivo con el cóctel y la serenata. Quizás obligado sea el mojito de La bodeguita del Medio (calle Empedrado), local que ha visto tanto mundo y tanto girar que ya nada le sorprende. Le sigue el inventor del cóctel daiquirí –como le dicen aquí–: El Floridita (calle Bélgica esquina Misiones), un poco más alejado, y con público más nocturno. Para charlas en grupo, hay espacio en el bar-café Ambos Mundos, en la terraza del hotel homónimo, con las mejores vistas del centro histórico. Un lugar que abre las 24 horas es el Bar Dos Hermanos (Avenida del Puerto, 304 esquina calle Santa Clara), frecuentado por todo tipo de público. Cerca, en el bar Montserrate (calle Monserrate) suele haber música en directo y sirven un cóctel de la casa con pomelo. La música también acompaña en el conocido Lluvia de Oro (calle Obispo esquina Habana).

El callejón mágico de Hamel

Para comprar, el ambiente y la inspiración predominan en el concurrido callejón de Hamel (calle Aramburu y Hospital), decorado con altares de santería, palomonte y abakuá. Sus rincones alternan los puestos de souvenires durante el día con pequeños locales para refrescarse. En estos portones suenan sesiones de rumba, boleros y descargas poéticas en las que se gestó el romántico feeling cubano. Allí se alcanza el ánimo ideal antes de caminar bajo las estrellas hasta el paseo del Malecón.

Hoteles: Grandes y pequeñas joyas

La noche habanera poco invita a dormir, aunque claro que algo hay que descansar, sobre todo cuando más aprieta el calor. La oferta hotelera incluye desde establecimientos a la vera del agua llenos de encanto a nuevas incorporaciones en la zona colonial, cerca de las calles más animadas. Un incombustible de Malecón, en el barrio de El Vedado, es el Hotel Nacional (www.hotelnacionaldecuba.com, doble, 153 €), un noble edificio ecléctico con detalles coloniales de los años 30. En él han dejado su huella desde Frank Sinatra a María Félix o Bola de Nieve. Pide dejarse llevar por su atmósfera evocadora y el runrún de sus ventiladores. El cinco estrellas Meliá Cohiba (avenida Paseo, entre Primera y Tercera, www.solmelia.com, doble, desde 100 €) es otro de los grandes establecimientos de El Vedado, con vistas al mar. Grande y confortable, el espectáculo en su Habana Café evoca la atmósfera habanera de los agitados años 50.

El centro histórico, alejado del agua, resulta más proclive a esconder establecimientos de aire peculiar y mucho menos populosos. Uno de atmósfera art nouveau y encanto colonial es el Hotel Raquel (calle Amargura, 103 esquina San Ignacio, hotelraquel-cuba.com, desde 52 €). Merece la pena tomarse un mojito en su bar-lobby, a apenas unos metros de la Plaza Vieja. Con sólo 10 habitaciones, el Hotel Beltrán de Santa Cruz (calle San Ignacio, 411 esquina Muralla y Sol, www.habaguanexhotels.com, desde 55 €) ocupa una casona del XVIII que tuvo como ilustres huéspedes al Barón de Humboldt y los duques de Orleáns, ideal para los amantes de la historia que, además, no necesiten una suite con los estándares del lujo internacional. Otro edificio histórico reconvertido en alojamiento recientemente, actualizado y céntrico es el Hotel los Frailes (calle Teniente Rey 8 esquina Mercaderes y Oficios, www.hotellosfrailescuba.com, desde 50 €). El edificio fue antaño hogar de un marqués de la marina francesa y ahora sorprende gratamente a quien lo descubre con delicias como su tranquilo patio interior.