[Las Vegas y el Gran Cañón del Colorado]: El juego y la naturaleza

El Gran Cañón del Colorado se encuentra a unos 400 kilómetros de Las Vegas y se llega por la ruta 66.

Las miles de historias ganadas al desierto de Nevada en esta ciudad centenaria casi se concentran en una calle: Las Vegas Boulevard, más conocida como The Strip, que atraviesa este vergel de luces de neón que dormita de día y fiestea de noche desde hace más de cien años. Y da igual que uno acuda sólo a curiosear. Las Vegas garantiza que uno acabará jugando, como el 87 por ciento de sus visitantes. En el mismo aeropuerto de MacCarran (www.mccarran.com), la principal vía de acceso (transporte en shuttle, 7 €), la invitación al juego y sus reglas entran por ojos y los oídos, dándote la bienvenida con el sonido tintineante y sugerente de las máquinas tragaperras.

Todo en exceso

El ambiente festivo, los excesos y una sensación de estar inmerso en una especie de espejismo contagia la fantasía de adentrarse en esta especie de parque temático para adultos. El clima extremo hace que los hoteles sobrepasen su papel de alojamientos, funcionando como espacios de ocio integral. La mayoría despliegan un encanto de espectáculos y decoraciones delirantes, desde reproducciones de las pirámides de Egipto a una réplica del David de Miguel Ángel de seis metros o una recreación de la Piazza San Marcos de Venecia, con Campanile incluido. La sorpresa casi infantil que generan, unido a lo extremo del clima, el sonido de los cortes del Bacarrat, los espectáculos de luz y sonido, y lo asequible de las copas –que en muchos casinos para incitar el juego, apenas cuestan el precio de la propina– incitan al descoloque local.

Así lo preconiza la oferta que reúne The Strip a partir de la Stratosphere, la torre de observación (155 metros) más alta del país. A su paso, Las Vegas se disfruta sin bajarse del coche, mientras se suceden casinos y resorts alineados como perlas de un ostentoso collar de bisutería: Circus Circus, el Stardust, The Venetian con su réplica del museo Tussauds, el Mirage y sus mil palmeras, el París Las Vegas, donde los turistas se hacen fotos delante de una réplica de la Torre Eiffel, el MGM Grand –el hotel más grande de Estados Unidos, con 5.900 habitaciones–, el New York y su montaña rusa que atraviesa la sala de juegos, el medieval Excalibur, el egipcio Luxor, el tropical Mandala Bay…

Las bodas de Elvis

Otra cosa extrema que hacer en Las Vegas es pasar por la vicaría; le pasa a más de cien mil parejas. A veces se tarda menos de cinco minutos, sin bajarse físicamente del coche (lo que se llama una drive-up wedding). El lugar mítico donde hacerlo es la Little White Chapel (1301 Las Vegas Boulevard. www.alittlewhitechapel.com. Ceremonia básica, 40 €); la más demandada sigue siendo la boda al estilo Elvis. Hijo predilecto de Las Vegas, Elvis Presley actuó por primera vez en 1956, y su romance con la ciudad se prolongó hasta su declive en el año 76, ocho meses antes de morir. Sus objetos personales, como un Cadillac y unos zapatos de gamuza azul, pueden verse en el Elvis-A-Rama (3401 Industrial Rd. www.elvisarama.com. 9 €). Resulta un lugar de peregrinaje, aunque sea sólo para visitar su golosa tienda de souvenires. El toque delirante lo ponen los espectáculos de impersonators o imitadores. Desde Sinatra a Dean Martin o Sammy Davis Jr, Dolly Parton o los Blues Brothers… se dejan ver por el escenario del Imperial Palace (3535 Las Vegas Blvd. S. www.imperialpalace.com).

Ciudad del Pecado

La también conocida como Sin City o Ciudad del Pecado homenajea otros viejos símbolos de sus excesos. Una de sus últimas incorporaciones es el recién inaugurado Burlesque Hall of Fame (www.burlesquehall.com), un museo del striptease donde se exhiben las técnicas, los trajes y los nombres de las vedettes que hicieron de esta técnica un baile erótico más que pornográfico. La lista pasa por los no menos entretenidos Erotic Heritage Museum (3275 Industrial Road. www.eroticheritage.org. 15 €), con sesiones de yoga desnudo y dibujo de modelos en vivo, y el inquietante Atomic Testing Museum (755 E Flamingo Road. www.atomictestingmuseum.org. 5 €).

El espectáculo natural

A unos 400 kilómetros de la capital del juego, la ruta 66 se detiene ante uno de los espectáculos naturales más sobrecogedores de Norteamérica: el Gran Cañón del Colorado (Village Loop Rd. www.nps.gov/grca. 17,8 € por vehículo y 8,5 € por pasajero). Hay varios accesos de entrada: por el borde sur, desde las ciudades de Williams o Flagstaff, que llegan a Grand Canyon Village, o desde Tusayan, donde existe un aeropuerto donde aterrizan vuelos de Las Vegas y se realizan tours panorámicos en avioneta y helicóptero. El acceso por Flagstaff tiene opciones de alojamiento más baratas. Como el parque está abierto las 24 horas, lo mejor es ver amanecer a eso de las cinco de la mañana sobre el South Rim, que está abierto todo el año. Hay un servicio de autobús cicular gratuito, pues es obligatorio dejar el coche en el aparcamiento. Dentro impera la naturaleza debidamente ofertada por quince empresas concesionarias de vuelos (Grand Canyon Airlines, www.grandcanyonairlines.com), excursiones en mula con alojamiento en ranchos (www.grandcanyonlodges.com) o descensos en rafting. La última atracción es el mirador Skywalk (23,50 €. www.grandcanyonskywalk.com). Inaugurada en 2007, desde esta plataforma de acero con suelo de cristal se puede contemplar el fondo del precipicio; recibe medio millón de turistas al año.

Hoteles: Fantasías a buen precio

Lo bueno de una ciudad como esta es que siempre se reinventa, incluso en los precios. La crisis ha rebajado sus tarifas hoteleras cerca de un 15 por ciento y la cosa mejora si se elije un hotel con casino, donde tienen comprobado que el beneficio no anda tanto en el gasto de la habitación sino en los pluses que los clientes se dejan en los extras, incluidas las mesas de juego. En esta tesitura puede uno permitirse dejar volar la imaginación en el lugar del que todos hablan: el nuevo Aria Resort and Casino (3730 Las Vegas Boulevard South. www.arialasvegas.com. Doble, desde 106 €), situado al lado del incombustible y elegante Bellagio (www.bellagio.com) –donde se rodó la película Ocean’s Eleven- y el Monte Carlo. Este rascacielos de 61 pisos y nada menos que 4.004 habitaciones es un microcosmos con casino, centro de convenciones, spa y trece restaurantes. En su teatro programa el último de los seis espectáculos que ofrece el Cirque du Soleil en Las Vegas: Viva Elvis.

Los amantes de los excesos pueden divertirse de lo lindo entre las chicas con uniforme romano y las albercas con dejes grandiromanos a lo Yo, Claudio del Caesars Palace Hotel (www.caesarspalace.com. desde 89 €). Desde el año 66, este es el lugar para jugar en plan exhibicionista –incluidas las sillas forradas de tela de leopardo-; a muchos les tienta su sala de póquer privado, la más grande de Las Vegas.

Aunque un must para elegir y acertar es el Wynn Las Vegas (131 Las Vegas Blvd. www.wynnlasvegas.com. Desde 139 €). Su apuesta decorativa incluye luz natural, maderas claras y una decoración con plantas del desierto; es la primera vez que un establecimiento de lujo mira hacia el exterior en vez de recrear una atmósfera ajena al entorno. Además, su casino colecciona más premios Forbes que ninguno y no sólo eso: su propietario, Steve Wynn, ha dado forma, con este y otros proyectos millonarios, a la nueva Las Vegas.

En la banda más asequible se encuentran establecimientos como el renovado Hotel Casino El Cortez (600 East Fremont Street. www.ecvegas.com. Desde 22 €); la otrora propiedad del mafioso Bugsy Siegel, este clásico de 1948 frecuentado por Clark Gable, Cary Grant y Jean Harlow es ahora un moderno espacio donde se puede jugar casi sin salir de la habitación.