[Los canales de Kerala]: La India verde y anfibia

Los cruceros de aire colonial surcan lo canales de Kerala en trayectos de tres o cuatro días.

Entre la jungla y los arrozales, por los muelles de Alappuzha, Kollam, Kumarakoum e incluso la histórica ciudad de Cochín se concentran mansamente las barcazas en las que adentrarse por el lírico mundo de los backwaters o canales de Kerala. Estos caminos de agua son el mayor aliciente viajero de esta bellísima región del sur de India. Un área también sobrada de playas, de pueblos de pescadores y de huellas de los tiempos en los que un trasiego marítimo procedente de Europa y Oriente arribaba a los puertos de su Costa Malabar. Aquí, llenaban las bodegas de los barcos con los cargamentos de especias que habían venido a buscar.

Casi paralelo al Mar de Arabia, el laberinto de los backwaters alarga tierra adentro sus brazos de agua por prácticamente toda la provincia. Los kettuvallam son unas alargadas embarcaciones construidas en madera sin usar ni un solo clavo y recubiertas, como un armadillo gigante, por un caparazón de fibra. Habían servido desde siempre para acarrear hasta la ciudad o el pueblo más próximo el arroz, los anacardos y los cocos que se cosechan por los canales. Estos humildes y tradicionales cargueros estaban sin embargo en vías de extinción hace apenas unas décadas. El transporte por carretera les había ganado la mano, y su construcción habría ido languideciendo de no haber pergeñado el entonces joven local Babu Varghese la idea de reciclarlos en auténticas casas flotantes con las que colar a los visitantes hacia el interior de uno de los escenarios más bucólicos de la India rural.

Instalarse en un kettuvallam por apenas unas horas o, aún mejor, durante varios días, será la llave con la que abrirle al alma el sosiego y la armonía que contagia esta India acuática. Son siempre barcos pequeños, en su mayoría bastante espartanos – algunos hay también de lujo–, pero todos dueños y señores de una zona al aire libre desde la que espiar a los pescadores. Éstos se internan en balsas por canales menores, anegados de nenúfares y jacintos de agua mientras las mujeres, con sus saris de princesa, lavan acuclilladas en la orilla en la que los niños chapotean en su universo inmutable.

Los días a bordo

Si no se dispone de más tiempo, hay kettuvallams, sobre todo en poblaciones como Alappuzha, que ofrecen paseos de apenas unas horas. Si se tiene la posibilidad, sería una lástima no quedarse al menos un par de días, porque cuanto más hacia el interior se viaja más auténtica y hasta onírica se torna esta maraña de canales e islas no siempre habitadas, de lagos lisos como un plato y de aldeas ribereñas en las que el día a día se diría ajeno al resto del mundo. Estas barcazas, incluso las más básicas, suelen contar con todo lo indispensable para unos días: camarotes para los pocos huéspedes que pueden llevar a bordo, un cocinero que se ocupa de todas las comidas y, esencial, una parte de la cubierta acondicionada para relajarse con un libro o admirar el paisaje hasta que llegue el momento de desembarcar en la siguiente aldea o de, por unas pocas rupias, contratar una canoa en la que adentrarse por canales menores por los que no caben los kettuvallam. Si se trata de un viaje organizado es probable que se siga una ruta fija por los canales, pero no es difícil acordar con el capitán un recorrido a la medida e incluso sugerirle al cocinero lo que se prefiere comer en los días a bordo.

La mejor época.

Aunque las grandes lluvias del monzón que llegan con julio también tienen su encanto –amén de ser la temporada más indicada para los tratamientos de medicina ayurvédica por los que Kerala es también muy popular–, la mejor época para navegar por los canales va de octubre a marzo o abril. Agosto y septiembre cuentan con el aliciente de las regatas de snake-boat o barcos-serpiente, con varias decenas de hombres compitiendo en cada una y una larguísima tradición en la región, especialmente en Alappuzha.

Comer con las manos

Como en casi todo el sur de India, la cocina de Kerala es fundamentalmente vegetariana, aunque en la zona de los canales, así como en la costa, abunda también el pescado y los mariscos, siempre acompañados con arroz, coco cocinado de todas las formas imaginables y, por supuesto, la cúrcuma, el cardamomo y el clavo, el jengibre o la codiciada pimienta que venían a buscar los barcos que surcaban la no por casualidad denominada Ruta de las Especias. Una buena forma de iniciarse en la gastronomía de Kerala es enfrentarse a una sadya, todo un banquete servido sobre una hoja de banano por la que van desfilando, en un orden preciso, infinidad de platillos. Frituras de plátano, pappadams, currys, encurtidos de mango o limón, sambar y tantos otros guisos de verduras son sólo algunos de los ingredientes de la sadya, que por supuesto habría de comerse, como ellos, con las manos.

Abrir boca con El Dios de las Pequeñas Cosas

La premiada novela de Arundhati Roy, ambientada en las geografías de su niñez vivida en la zona de los canales, es, amén de un libro imprescindible, todo un aperitivo con el que familiarizarse con los paisajes, pero sobre todo con la sociedad de esta porción de la India.

Hoteles: Cruceros boutique

Propiedad de la compañía Far Horizon (www.farhorizonindia.com), el Vaikundum, con nueve camarotes presididos por ventanales por los que asomarse a los canales, y el más íntimo Sauver Nigam, con apenas dos, son dos de sus mejores barcos. Aunque nuevos, fueron construidos al estilo de los viejos kettuvallam, pero dotando ambas embarcaciones de medidas para no dañar el ecosistema. Mientras que el primero está más indicado para grupos, el segundo es perfecto para ser alquilado en su totalidad, a lo sumo con otra pareja. Los dos, amén de cuarto de baño o agua caliente dentro del camarote, cuentan con cocinero a bordo, un salón-comedor panorámico en cubierta y hasta solarium en lo alto. También de lo más exquisito de la zona y en el mismo estilo, las embarcaciones de White Water Cruise (www.whitewatercruise.com), Lakes & Lagoons (www.lakeslagoons.com), Nastours (www.nastours.com) o Palma Verde (www.palmaverdetours.com). Fuera ya del estilo tradicional, el grupo hotelero Oberoi (www.oberoihotels.com) propone en las ocho cabinas de regusto colonial del Vrinda, cruceros de tres y cuatro días. También los propietarios del delicioso hotel boutique de Cochín The Malabar House (www.malabarhouse.com) –avalado por el sello Relais & Châteaux y con sólo 17 habitaciones y suites con mucha personalidad–, cuentan en los backwaters con un par de villas y hasta con un coqueto e íntimo barco en el que emprender cruceros de hasta tres y cuatro días. Se desembarque o no en Cochín, habrá obligatoriamente que visitar esta ciudad en la que aguarda otro hotel que enamora: The Brunton Boatyard (www.cghearth.com), frente al puerto, junto al casco histórico, dentro de un edificio por el que todavía se escuchan los ecos de los días de la colonia. Y para instalarse en el corazón de los canales pero sin navegar, una opción inmejorable son los cottages y villas del Vivanta by Taj Kumarakom (www.vivantabytaj.com), a orillas del lago Vembanad.

Sobre los alojamientos se puede obtener más información en www.keralatourism.org y www.incredibleindia.org