[Los templos de Angkor]: Guardianes de la jungla

Los templos de Angkor fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1992.

Son, sin pero posible, el mayor aliciente viajero de Camboya, y uno de los grandes destinos del sureste asiático. Cercados por la jungla, a apenas un paseo en tuck-tuck desde el bullicioso y excesivamente turístico pueblo de Siem Reap, los templos de Angkor revelan bajo sus musgos centenarios la monumentalidad vencida del imperio jemer, cuyos reyes, o dioses, alumbraron entre los siglos IX y XV una de las grandes civilizaciones del continente. Cada monarca, al llegar al poder fundaba una nueva ciudad, de ahí que cerca de 400 kilómetros cuadrados estén literalmente sembrados de majestuosos templos y palacios. Sólo estas construcciones más nobles de sus antiguas ciudades han llegado a nuestros días, ya que cualquier otra, de madera o bambú, fue tragada por los siglos. Pero aunque incluso muchos de estos edificios erigidos en piedra siguen hoy en ruinas, aguardando bajo el manto vegetal su momento de ver la luz, los ya restaurados o en razonable buena forma son todo un exceso que la Unesco bendijo en 1992 como Patrimonio de la Humanidad, y al que se le sacará todo su jugo organizando con sentido común la visita al recinto arqueológico.

Elegir la temporada

Aunque poder se puede visitar todo el año, la temporada más agradable va de noviembre a febrero, con un clima más suave y menos húmedo. Desde luego convendría evitar los meses de marzo, abril e incluso mayo, absolutamente tórridos, y tener en cuenta que de mayo a octubre son frecuentes los aguaceros tropicales, aunque, salvo que se tenga muy mala suerte, éstos suelen durar sólo unas horas, tras las cuales poner rumbo hacia los templos.

Programar la visita

A menos que sólo se tenga un día y, entonces, para llevarse una idea de la monumentalidad que encierra Angkor convenga aprovechar la jornada entera dentro del recinto arqueológico por agotadora que resulte; si se dispone de dos o tres días, se hará bien en racionar con más sensatez el atracón de templos. Lo ideal será madrugar mucho cada día y llegarse al recinto al alba. Nada más abrir sus puertas hay menos visitantes y la temperatura es más agradable. Y cuando el sol comience a apretar sin clemencia, regresar al pueblo para comer, relajarse en la piscina del hotel o entregarse a un masaje de reflexología podal en los perfectamente respetables y popularísimos locales  de este tipo que abundan por todo Siem Reap. Así, de nuevo frescos, volverse al recinto –a apenas ocho kilómetros– para seguir explorando sus templos y disfrutar del atardecer desde alguno de ellos.

Contratar un tuck-tuck

Estas motillos con habitáculo para un par de pasajeros son la forma más popular de explorar el recinto arqueológico. Hay muchísimos, baratos y fáciles de encontrar, y sus conductores, que suelen defenderse sin problema en inglés, se conocen al dedillo los recorridos a emprender y el mejor orden para abordar los templos. Lo suyo es acordar el precio para la primera media jornada en los templos y, si se ha tenido una buena experiencia –que es lo habitual, ya que suele ser gente amabilísima–, quedar con el mismo conductor para todas las visitas a Angkor que se vayan a hacer durante los días siguientes.

Templos imprescindibles y templos menores

La tentación de acudir en primer lugar a presentarle sus respetos a la joya de la corona, el templo de Angkor Vat, es más que comprensible, pero siempre es mejor ir de menos a más. Convendrá pues saber esperar, y disfrutarlo con las luces oblicuas del final del día. Un criterio perfectamente válido para abordar el complejo de Angkor es seguir el orden cronológico en que fueron levantados los distintos templos y así ir apreciando la evolución de sus estilos. También se pueden hilvanar en función del culto al que se consagraban: hinduista o budista, según cada monarca. Otra opción, más habitual, es irlos visitando por el orden en que aparecen dentro de los perfectamente señalizados en los mapas circuito grande y circuito pequeño, que todo conductor de tuck-tuck se conoce de memoria. Se haga como se haga, no podrán dejarse de ver maravillas de la talla de la ciudad amurallada de Angkor Thom, con las torres y los delicadísimos relieves de las galerías del templo de Bayon, el de Baphuon y las fabulosas terrazas esculpidas del Rey Leproso y de los Elefantes; templos injustamente algo menos solicitados como el de Preah Khan, Preah Rup o Banteay Kdey; el enigmático y emocionante Ta Prohm, donde las inmensas raíces de los árboles se cuelan entre sus moles pétreas mostrándolo tal y como lo encontraron los exploradores del siglo XIX, y, por supuesto, Angkor Vat, el más deseado, grande y mejor conservado, antecedido por un gran estanque en el que se reflejan sus cinco torres en forma de flor de loto y desde cuyas alturas se impone aguardar la puesta de sol.

Y si se dispone de tiempo para viajar más allá del estricto cogollo de Angkor, podrá dedicarse otro buen par de días a explorar conjuntos mucho menos visitados de sus relativas cercanías, como Kbal Spien y Banteay Srei, el perdido en la jungla Beng Melea o el grupo de Roulos.

Hoteles: Suites en los oasis de Camboya

Con el marcado estilo del grupo Orient Express, La Résidence d’Angkor (www.residencedangkor.com), rodeado de jardines junto al cauce del río y con una impronta colonial en sus estancias, es un oasis en el agitado centro de Siem Reap. Igualmente apetecibles, los más minimalistas y también cinco estrellas Hotel de la Paix (www.hoteldelapaixangkor.com), un romántico refugio garantizado en este caso por el sello Small Luxury Hotels, en el que las líneas puras de su diseño se aliñan con un toque art-decó y con piezas cuidadosamente elegidas de artesanía jemer, y el Amansara (www.amanresorts.com), en la antigua residencia que el rey Sihanouk encargó en los años 60 a un arquitecto francés para alojar a sus huéspedes y que hoy, avalado por uno de los grupos hoteleros señeros de Asia, ofrece entre sus jardines apenas 24 suites, de las cuales la mitad tiene incluso piscina privada. Raffles, otro grupo hotelero de referencia en lo que a lujo asiático se refiere, responde por la calidad y el buen gusto del Gran Hotel d’Angkor (www.raffles.com), construido en 1932 y hoy ampliado a 120 habitaciones y suites, mientras que Relais & Châteaux hace lo propio con el Heritage Suites (www.heritagesuiteshotel.com), con 25 habitaciones y tres suites, algunas con hasta 150 metros cuadrados. Y ya sin filiación a firmas hoteleras de renombre internacional, el exclusivo The Sothea (www.thesothea.com), inaugurado como boutique hotel de lujo en febrero de 2009 y con hasta mayordomo en sus suites. Más información sobre el destino y los hoteles en www.tourismcambodia.com