Viendo

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El estado de Rajastán es el favorito de los sentidos, y el Taj Mahal, en Agra, la joya romántica del viaje.

[Rajastán y Agra]: El triángulo dorado

La intensidad de las leyendas, los turbantes rojos y las ciudades fortaleza dan la bienvenida a la parte más visitada y popular de la India, que sigue la estela de los maharajás y la casta de los antiguos guerreros rajputs. El segundo estado en extensión del país es territorio de leyendas y desiertos.

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[Varanasi]: Con los ciclos del Ganges

Hay dos Indias que aceptar por primera vez: la de la crematoria y sagrada Benarés o Varanasi, y el resto. Una vez sumergido en la extraña belleza de la primera, e interiorizado su cauce por la vida y la muerte, la otra es un reflejo de lo admisible. No existe una ciudad tan parecida a un río como ésta, la capital que fundó el propio dios shiva.

La stupa de Bodnath, con los peregrinos a su alrededor.

[Kathmandú]: Camino del cielo

Apasionados de la montaña, aprendices de Buda, amantes de lo exótico… viajeros de muy distinta índole han caído rendidos ante los encantos de la vibrante capital de Nepal. No es un farol, muchos de los afortunados que han paseado por Durbar Square no dudan en proclamar que Kathmandú es su ciudad favorita.

Monje tibetano.

[Lhasa]: El techo del mundo

Durante siglos, los tibetanos prohibieron a los extranjeros entrar en Lhasa. Afortunadamente los tiempos han cambiado. Cuna del budismo, esta ciudad mágica ubicada en plena cordillera del Himalaya se debate entre la tradición representada por el majestuoso palacio de Potala y el empuje de la influencia china.

La Gran Muralla, una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno.

[Beijing, la Muralla y Xi’an]: Viaje al país celeste

China es mucho más que un gigantesco país. La civilización más antigua del mundo guarda un imprescindible catálogo de paisajes fascinantes, centenares de monumentos extraordinarios y la sabiduría histórica más peculiar del mundo. He aquí un pequeño itinerario por algunos de sus míticos destinos.

Paseos en globo por Bagan.

[Myanmar]: El secreto del sureste asiático

En la antigua Birmania aguarda uno de los destinos menos trillados de Asia. Toda una fortuna para los privilegiados que, sin demasiados testigos, puedan recorrer las mil y una pagodas que alfombran cada una de sus esquinas, la infinidad de templos que se levantan en Bagan, sus paisajes de arrozales y junglas o las bucólicas escenas del Lago Inle.

Los templos de Angkor fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco  en 1992.

[Los templos de Angkor]: Guardianes de la jungla

Las huellas de la civilización jemer, cuyos reyes de atribución divina forjaron un entramado de ciudades concebidas a la medida de los dioses, fueron engullidas por la jungla del norte de Camboya. sus mil y un templos se yerguen junto al pueblo de Siem Reap a la espera de ser paladeados con emoción y respeto.

Bali es destino de luna de miel, de relajación, espiritual y activo.

[Bali]: El encanto del verde

Todo es sagrado, todo es hermoso, todo bulle en plenitud. La isla indonesia de la hospitalidad y el color recupera la demanda de antaño con el espíritu de siempre. Sus playas, arrozales y selvas tropicales derrochan belleza, armonía y paraíso, lo mismo que sus gentes en esta tierra que es como un templo palpitante.

Los 2.400 kilómetros del Atlas aislan  el Gran Sur hasta de la lluvia y crean su deshabitado desierto.

[Marruecos]: Por los oasis del Gran Sur

Al sur de las cordilleras del Medio y Alto Atlas, las antiguas caravanas que se dirigían a cruzar el Sahara dejaron a su paso las más memorables hazañas comerciales que jamás viviera el norte de África. Hoy sus espectaculares oasis, sus históricas alcazabas y unos valles de ensueño hacen de la ruta un destino fascinante e histórico.

Kioto fue la capital de Japón durante mil años y no fue bombardeada en la II Guerra Mundial.

[Kioto]: Ciudad de jardines y templos

Con diecisiete enclaves designados Patrimonio de la Humanidad y más de dos mil templos budistas y santuarios sintoístas, parecería que la monumentalidad de la ciudad es tan evidente como la de París o Roma. al contrario, su belleza se esconde en gran parte tras los muros y por eso Kioto no atrapa al primer contacto.