[Península del Cabo]: El continente más “chic”

La espectacular playa de Camps Bay.

No es casualidad que la Península del Cabo sea uno de esos rincones en los que cada año se ruedan infinidad de anuncios publicitarios y se orquestan sesiones fotográficas para las mejores revistas de moda. En unas distancias cortas lo tiene todo, o casi: despampanantes escenarios de mar,  playas y parques naturales, un exotismo africano que a veces se parece a la mejor Europa, y todos los servicios imaginables al alcance de la mano.

Ciudad del Cabo, encajonada entre el océano y la Montaña de la Mesa, es uno de esos lugares a los que cualquiera, con los ojos cerrados, se iría a vivir unos años. No sólo vibra en un ambiente de lo más cosmopolita por sus restaurantes y sus locales a la última, es que, además, disfrutarla por todo lo alto no resulta prohibitivo. Y si la ciudad ya es un planazo, sus alrededores lo son casi más, con posibilidad de avistar colonias de focas y pingüinos o salir al encuentro del gran blanco, caminar por los senderos del mítico Cabo de Buena Esperanza, tomar el sol en playas inmensas o escaparse a los viñedos de sus alrededores, presididos por las mansiones holandesas que albergan muchas de sus bodegas y que, en ocasiones, se han transformado en hotelitos con encanto o restaurantes de nivel. Un microcosmos con alicientes dispares.

Auparse a la Montaña de la Mesa

En teleférico o a pie –sólo para los más valientes–, la ascensión hasta esta montaña será la mejor tarjeta de presentación de la región. Desde la plataforma rasa que la corona, sus miradores despliegan una panorámica asombrosa de la ciudad y de toda la Península, para proponer después un puñado de senderos en los que familiarizarse con la diversidad vegetal del fynbos, el reino floral más pequeño del mundo, pero, en proporción a su tamaño, el más rico.

Vivir su ambiente cosmopolita

Si las mañanas de Ciudad del Cabo le pertenecen a los regateos por los puestos de la Plaza de Green Market y el Panafrican Market, a los paseos por la fortaleza holandesa y a las idas y venidas por los edificios nobles del centro o el colorido barrio de Bo-Kaap, al caer la tarde no hay nada mejor que empaparse con el ambiente del muelle de V&A Waterfront, con su vaivén de ferrys, sus artistas callejeros, sus terrazas, sus restaurantes de pescado tan memorables como el Baia o sus locales de copas que aparecen a rebosar de gente guapa. Para continuar la noche, los cafés, pubs, clubes y discotecas situados a lo largo de Long Street.

Navegar hasta Robben Island

A una media hora en ferry desde el Waterfront, esta cárcel en la que Nelson Mandela pasara 18 de los 27 años en los que estuvo prisionero por el régimen del apartheid constituye todo un icono de lo que fue la segregación racial, pero también del milagro de la reconciliación que, con Mandela como presidente, protagonizó la Nación del Arco Iris.

Alquilarse un coche para recorrer la Península

En un día bien aprovechado, el circuito por la Península despacha platos fuertes como las playas de todos los estilos que van aflorando junto a la carretera: las ultra chic de Clifton, el espectáculo de Camps Bay, la nudista Sandy Beach, el inmenso arenal virgen de Long Beach o el aún más blanco y solitario de White Beach… Además, desde el puertito de Hout Bay puede hacerse un pequeño crucero para avistar las colonias de focas de Duikers Island, se podrá caminar por los senderos y acantilados barridos por los vientos del hoy Parque Nacional del Cabo de Buena Esperanza y, en la playa de Bouldes, también se podrán ver los pingüinos africanos que moran sobre sus arenales.

Tiburones, ballenas y buen vino

Fuera ya de la Península –aunque bastante cerca–, afloran otros alicientes que nadie por estos pagos debería perderse. Salir al encuentro del gran blanco es el más emocionante. Desde Gansbaai, a unos 150 kilómetros de Ciudad del Cabo, parten barcos a diario para ver a estos “devoradores de hombres”. Los que se atrevan podrán incluso sumergirse junto a ellos protegidos por una jaula. Más aptos para cardíacos son los avistamientos de ballenas francas australes, que entre los meses de mayo y diciembre –aunque sobre todo de agosto a octubre– pueden hacerse en Hermanus. Este pueblo, localizado a unas dos horas de Ciudad del Cabo, es el mejor lugar del mundo para admirar a estas grandes viajeras sin necesidad siquiera de meterse en el agua, ya que las ballenas, que se acercan increíblemente a los acantilados, alcanzan a verse desde tierra.

Y para dedicarle otro día completo, a cerca de una hora de Ciudad del Cabo, aguarda una de las zonas de viñedos más despampanantes del planeta. Ya en el siglo XVII los holandeses comenzaron por aquí a hacer vino para surtir a los barcos de su todopoderosa Compañía de las Indias. El vino, a diferencia del agua, no se pudría en las travesías y era bueno para evitar el escorbuto entre la tripulación. La llegada de los hugonotes franceses mejoró considerablemente la calidad de estos caldos y, desde entonces, los vinos del Cabo han ido ganando en renombre internacional. En las proximidades de pueblitos de la tradición de Stellenbosch, Franschhoek, Constantia y Paarl son cientos las bodegas que se pueden visitar. Algunas tan aristocráticas como Lanzerac o Boschendal, presididas por deliciosos caserones holandeses y con terrazas en las que hacer una degustación; tan de diseño como Tokara, o tan emblemáticas como las antiquísimas de Klein Constantia y Groot Constantia.

Hoteles: Elegancia y confort

Romántico y refinado, el edificio rosa del Mount Nelson (www.mountnelson.co.za), perteneciente al prestigioso grupo hotelero Orient Express, es todo un clásico del lujo de Ciudad del Cabo, al igual que, junto al Waterfront, el también cinco estrellas The Table Bay (www.suninternational.com). Otro de los más exclusivos y estilosos es el One & Only Cape Town (www.oneandonlyresorts.com), que ofrece unas vistas impactantes de la Montaña de la Mesa a través de sus cristaleras. Muy cerca de la ciudad y más íntimos son hoteles boutique tan exquisitos como 26 Sunset Avenue (www.26sunsetavenue.com), en la zona residencial de Llandudno; el casi vecino Ezard House (www.ezardhouse.com), solitario en su ubicación a caballo entre el mar y la montaña; o el coquetísimo Alta Bay (www.altabay.com), también entre jardines en las faldas de la Montaña de la Mesa. Frente al mar de Bantry Bay, Ellerman House & Villa (www.ellerman.co.za), es una mansión de estilo eduardiano con el sello de Relais Châteaux. A 15 minutos del centro, a los pies de la montaña a la que toma prestado el nombre, se encuentra el Twelve Apostles Hotel and Spa (www.12apostleshotel.com). También con vistas espectacuares de la costa de False Bay, el Colona Castle (www.colonacastle.co.za) es una villa de estilo toscano con apenas ocho suites.

En el área de los viñedos, pueden hallarse auténticas delicias rurales como el Grande Roche (www.granderoche.com), en una mansión holandesa del XVIII; Steenberg State (www.steenberghotel.com), con spa y dos docenas de habitaciones y suites con vistas a los viñedos o al campo de golf que lo circunda; o el Relais & Châteaux Le Quartier Français (www.lequartier.co.za), dueño y señor, además, de uno de los mejores restaurantes de la zona. Y en Hermanus estála estilosísima y romántica Birkenhead House (www.birkenheadhouse.com), una villa con una decena de habitaciones aupada en lo alto de un acantilado y con un restaurante sólo para sus huéspedes en el que celebrar una ocasión especial.

Más información: www.southafrica.net, www.capetown.travel y www.tourismcapetown.co.za