[Petra y Wadi Rum]: Tras los pasos de Lawrence

Ubicada cerca del Mar Muerto, Petra fue elegida como una de las nuevas Siete Maravillas del Mundo.

Petra se encuentra al sur de Jordania, en Wadi Musa (Valle de Moisés), a poco más de 250 kilómetros de la capital, Ammán, o, lo que es lo mismo, a unas tres horas por carretera siguiendo la autovía del Desierto. El aeropuerto de Jordania es caótico, así que es preferible llevar, además del pasaporte, el visado turístico necesario para moverse por el país tramitado ya desde España. Un dinar jordano equivale a 1,01 euros. Sabido esto, se puede ya pactar el precio (unos 50 dinares) para que un taxi nos lleve directamente a la ciudad nabatea. Otra opción es subirse a uno de los autobuses de la compañía Jett. Las salidas se realizan desde la estación de Abdali, en Ammán, todos los días a las 6.30 h. La entrada a Petra cuesta 21 dinares si sólo se va a estar un día, 26 si son dos y 31 si son tres. La puerta de acceso nunca se abre antes de las siete de la mañana y se cierra con la caída del sol. Desde el centro de visitantes hasta el siq hay unos 800 metros que se pueden recorrer a pie o a caballo, por siete dinares más. Una vez en el desfiladero lo único que queda es abrir bien los ojos y dejarse llevar por las emociones que provoca uno de los lugares más fascinantes del mundo.

La ciudad multicolor

Petra es rosa, roja, amarilla, azul. Hasta 78 tonalidades distintas se podrían contar en sus paredes agrietadas. Fue el suizo Johann Lewis Burckardt el primer occidental que, disfrazado de beduino, logró adentrarse en este apartado rincón, repleto de monumentos tallados en piedra construidos por un grupo de nómadas de la península arábiga que llegó hasta aquí huyendo de los enfrentamientos entre babilonios y persas. Nómadas que se asentaron y comenzaron a vender incienso, mirra y especias. Ni las tormentas del desierto ni las lluvias ni los fuertes vientos han podido con ella. Entre los siglos IV a.C. y II d.C. fue la capital de los nabateos, el pueblo que se adueñó del territorio que se extendía al este de Palestina, desde Damasco hasta el Mar Rojo. Conquistada por los romanos en el 106 d.C., Petra formó parte de la provincia romana de Arabia Petraea. Al-Khazneh, el primer gran templo que alcanza nuestra vista nada más cruzar el siq, se conoce en todo el mundo como El Tesoro. Pensaban los romanos que allí estaban enterradas las joyas de algún faraón egipcio. Pero dentro, ni entonces ni ahora, apenas hay nada por mucho que Spielberg llevara hasta sus puertas al mismísimo Indiana Jones.

Monumentos imprescindibles que visitar son el anfiteatro romano, la calle Columnada, los altares en honor del dios Dushara, la tumba de los Obeliscos y el Monasterio, al que se llega después de subir 788 escalones. Admirar el edificio, del siglo II, y las vistas que desde él se obtienen proporciona una calma infinita. También tomar un café bien impregnado de cardamomo en la terraza de enfrente.

Entre vapores

A sólo 20 minutos se encuentra otra ciudad similar pero más antigua y mucho más pequeña, conocida como Mini Petra. Ida y vuelta en taxi puede salir por unos 10 dinares y, aunque no hay que pagar entrada, los vigilantes siempre esperan propina. Aquí no hay tumbas. Lo que hay son salas que los nabateos utilizaban para su descanso. Los viajeros de hoy prefieren relajarse en el Salomé Turkish Bath (www.salometurkishbath.com), un hammam para hombres y mujeres. Hay que seguir el ritual: primero se toma el té y luego se pasa a la sala de vapores. Una buena exfoliación corporal y un masaje con jabón de aceite de oliva harán el resto.

En el desierto

La mejor forma de llegar a Wadi Rum, al este de la autopista del Desierto, es en taxi (30 ó 50 dinares) ya que tan sólo se tarda una hora. También hay autobuses que salen de Wadi Musa en dirección a Aqaba (dos dinares) que hacen parada aquí, pero sólo funcionan hasta la hora del atardecer. A las puertas del desierto se alza el Centro de Recepción de Visitantes, donde hay prácticamente de todo: tienda, baños y un restaurante, el Rum Gate Restaurant, con una terraza con vistas al jebel (formación rocosa) conocido como Los Siete Pilares de la Sabiduría, nombre utilizado por Lawrence de Arabia en el libro del mismo nombre en el que contó sus enfrentamientos contra los turcos otomanos. Durante la revuelta árabe, el escritor, arqueólogo y coronel británico pasó gran parte de su tiempo en Wadi Rum. Emularlo resulta sencillo. Desde el centro de recepción se pueden contratar itinerarios en 4×4 o a caballo, todos con tarifa fija establecida (a partir de 27 dinares). Umm Ulayduyva es el mejor lugar para asistir a la puesta de sol y Al-Dishe una buena zona para entrar en contacto con los beduinos, que venden collares en sus jaimas y ofrecen té a los viajeros. Para alcanzar el puente de roca de Umm Fruth y el impresionante puente de piedra de Burdah se necesita una jornada entera.

Sabores de Oriente

El mansaf –especialidad beduina de cordero, cocido sobre yogurt y acompañado de arroz– es el plato típico de Jordania, que se sirve después de haber degustado los tradicionales aperitivos (menze): hummus (crema de garbanzos), kiev magliva (empanadillas de carne picada)… Otro plato recomendable es el msakhan, pollo asado con cebolla, piñones y aceite. Entre los dulces, una sugerencia: el konafa, pastel elaborado con queso y almíbar.

Hoteles: Bajo las estrellas

Existe una costumbre beduina que invita a acoger con los brazos abiertos a aquél que llega de fuera, sin preguntarle de dónde es ni cómo se llama, de forma desinteresada durante tres días, tiempo límite para indagar, después, si está siendo buscado por algún enemigo. Qué duda cabe que alojarse en una casa privada o incluso en una genuina tienda beduina puede resultar toda una experiencia. Pero no hace falta ir de aventureros si no se quiere. Petra está tan acostumbrada a recibir viajeros que cuenta con una excelente red hotelera en sus inmediaciones. ¿Los más recomendables? Los que están más cerca de la ciudad multicolor. Uno de ellos es el Petra Marriot Hotel (www.marriott.com), donde no hay una sola estancia que no cuente con maravillosas vistas de Wadi Musa. Desayunar en la terraza contemplando el dramático perfil del valle de Moisés puede ser una experiencia única. También bañarse en la piscina del Crowne Plaza Resort Petra (www.petra.crowneplaza.com) o darse el gusto de disfrutar de una sauna tras una larga jornada caminando en el Movenpick Resort Petra (www.moevenpick-hotels.com), el mejor situado de todos, a sólo unos pasos de la entrada principal de la que está considerada como una de las nuevas siete maravillas del mundo.

Dormir en pleno desierto es una de esas cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida. La zona de Al-Dishe, ya en Wadi Rum, cuenta con varios campamentos bien acondicionados para pasar la noche. Uno de ellos es el Oasis Desert Camp (www.oasisdesertcamp.com), formado por numerosas jaimas (tiendas) en cuyo interior hay camas y mantas, algo imprescindible ya que las temperaturas suelen caer en picado durante la madrugada. La estancia incluye siempre, además de alojamiento, cena a base de comida local y el desayuno del día siguiente. Cuenta con una sala-restaurante y zona de duchas y aseos. Aquí mismo se pueden reservar excursiones en jeep o a caballo. Aunque lo mejor, sin duda, es un placer sencillo: contemplar las estrellas del desierto en torno a una hoguera.