[Rajastán y Agra]: El triángulo dorado

El estado de Rajastán es el favorito de los sentidos, y el Taj Mahal, en Agra, la joya romántica del viaje.

En la cuna de las ciudades defendidas durante siglos por los hombres sin miedo al servicio de los reyes se conserva un sentido romántico de la vida. Acaso por eso, y por su sentido teatral del color y la puesta en escena, el estado de Rajastán sea el más atractivo para la vista y los sentidos. Su derroche evoca el esplendor de los venerados maharajás cuando se contemplan los cielos azules de Jodhpur, las dunas de arena de Jaisalmer, los magníficos palacios de Udaipur, el bullicio del mercado de Pushkar y las preciosas havelis o casas tradicionales que salpican Shehawati, cerca de Pakistán, donde el desierto del Thar hace de frontera natural.

Cómo llegar

Rajastán muestra todas las lenguas y actitudes. Los saris relucen como ricos ajuares, los sonidos de los gitanos hacen de la calle una fiesta y el aroma de deliciosas rasgullas que venden en los templos aglutinan una muestra de su rotunda idiosincrasia: un fresco rural aún ajeno a los cambios del futuro inminente. Una vez que se accede al país a través de Nueva Delhi con compañías como Swiss Air (www.swiss.com), vía Zurich, o Finnair (www.finnair.com), vía Helsinki, la red de ferrocarril (www.indianrail.gov.in) es la mejor manera de recorrerlo si se dispone de tiempo suficiente.

La Ciudad Rosa

El paseo por el Palacio de los Vientos de Jaipur invita a recordar el mundo visto a través de las 953 ventanas por las que las esposas del maharajá recluidas en su interior contemplaban el exterior sin ser vistas. La mejor hora para fotografiarlo es por la mañana. Diseñada en el siglo XVIII de acuerdo a una estructura de nueve barrios rectangulares, originariamente Jaipur era blanca y gris, aunque en 1883 cambió su aspecto por el tradicional color hindú de la bienvenida para recibir al príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria de Inglaterra. Desde entonces, la capital del estado recibe el sobrenombre de la Ciudad Rosa. Alrededor del Palacio se concentran bazares temáticos como el de Bapu, especializado en tejidos, y el de Johari, donde hay sobre todo plata y saris.

En las inmediaciones se localizan varios restaurantes de categoría orientados al turista que culminan con unos bailes folclóricos, como es el caso de Royal Treat (New Ramgarh Mod, Amer Rd. 20 €). Jaipur es también famosa por joyerías centenarias como Gem Palace (www.gempalacejaipur.com).

A unos 11 kilómetros, la fortaleza rajputa de Amber, del 1600, merece una visita por cuenta propia a bordo del autobús público número 113. También es posible realizar el ascenso a lomos de elefante, toda una experiencia fotográfica; el precio se regatea, sobre todo antes de que lleguen los grupos de autobuses.

Hacia el suroeste, Udaipur es ya un asiduo del séptimo arte, ya que su palacio blanco flotando en el lago Pichola –el Lake Palace– y sus calles de casas encaladas han aparecido en numerosas revistas y documentales como uno de los espacios idílicos y más representativos de la India. La tercera gran ciudad del Rajastán, Jodhpur, en la frontera oriental del desierto, cuenta con un enorme fuerte y bazares repletos de objetos curiosos, así como palacios y casas de color azulado, que le han valido el sobrenombre de la Ciudad Azul. Su vida turística se concentra en torno a su fuerte de Meherangarh (8.30 a 17 horas), que exige unas dos horas de recorrido.

Compras a buen precio

A 300 kilómetros al oeste, Jaisalmer, fundada en el siglo XII por el príncipe Jaisal, creció en torno a un puesto de postas para camellos. Hoy, este antiguo bastión amurallado del Thar, con su imponente mole de adobe y preciosos balcones de encaje voladizos, muestra una belleza admirable. Cuenta con muchas tiendas de artesanías donde comprar a buen precio –incluidas las tiendas gestionadas por el gobierno: Khadi Gramododyog–. Desde ella se realizan las excursiones hacia los templos de Ranakpur, el Monte Abu –el punto más alto del estado– y la fortaleza de Chittorgar.

Rajastán es famosa por restaurar y transformar en los últimos años gran parte de las residencias reales en hoteles de lujo, ofreciendo la posibilidad de alojarse y disfrutar de estos establecimientos, antaño reservados al prohibitivo círculo del maharajá y su corte de esposas y protegidos.

El amor del Taj Mahal

En el camino de Jaipur, a poca distancia de la ciudad abandonada de Fatipur Sikri –del siglo XVI–, Agra redime su esplendor como antigua capital de India gracias al amor. Rodeado de bazares, centros comerciales y hoteles, la visión del Taj Mahal (15 €; viernes, entrada gratuita) compensa el desplazarse desde cualquier lugar para visitar el túmulo más hermoso del mundo. Esta “lágrima en el rostro de la eternidad”, como la describió el poeta clásico Rabindranath Tagore, la visitan recién casados de toda Asia; también es el monumento de arquitectura mongol más interesante y delicado que se conserva. Construido por orden del emperador Sha Jahan al fallecer su esposa –hace cuatro siglos–, su factura en mármol blanco reluce fascinante al amanecer, cubierta por la bruma del río Yamuna. Se rodea de zonas verdes que recuerdan los jardines persas, donde gentes de todas las lenguas pasan el día haciéndose fotos de recuerdo.

Hoteles: A cuerpo de maharajá

Los antiguos palacios patrimoniales o heritage se abren a los afortunados que se deciden a vivir una experiencia con el color y el brillo portentoso del Rajastán, que concentra algunos de los más delicados palacios que ojos europeos hayan visto. Una joya es el Rambagh Palace (Bhawani Singh Road. www.tajhotels.com. Desde 400 €), antigua residencia del maharajá de Jaipur hasta 1957, con sus jardines, exquisitas salas, pinturas, alfombras y un completo spa. Otro establecimiento con categoría de la Ciudad Rosa es el Jai Mahal Palace (Jacob Road, Civil Lines. www.tajhotels.com), un magnífico complejo que se remonta al año 1745; fue el primero en abrir sus puertas como hotel. Dos imprescindibles donde rememorar el esplendor de antaño son el Raj Palace Hotel (www.rajpalace.com), que conserva maravillas como el trono Durbar, del siglo XVI, y una sala de ajedrez a tamaño natural; y el impresionante Samode Palace (www.samode.com), una estancia iniciática a sólo una hora al oeste. Y las mejores vistas al Taj Mahal, en el Oberoi Amarvilas (www.oberoihotels.com). Los servicios de Hotel Raas (Tunvarji ka Jhalra. www.raasjodhpur.com. Desde 225 €) marcan un estilo poco habitual dentro de las concurridas murallas de Jodhpur: tratamientos ayurveda, transporte gratuito en tuk-tuk vintage, y una decoración de piedra tallada con patrones modernos e iluminación nómada que contrasta con sus jardines, de estilo mogol.

The Serai (www.the-serai.com. Desde 405 €), a las afueras de Jaisalmer, también crea tendencia entre los alojamientos exclusivos. En este caso se compone de 21 tiendas de lujo ancladas en medio del desierto del Thar. Su spa es tan prestigioso como su programa de ocio activo: incluye safaris en camello y excursiones para contemplar el atardecer en Rani ki Chhatri, el Fuerte Mehrangarh o Jaswant Thada. Contiguo al Ranthambhore National Park, al sudeste, aún es posible contemplar en su hábitat al tigre salvaje; desde el selecto campamento Sher Bagh (www.sherbagh.com) organizan modernos safaris de avistamiento del gran felino. En Agram, The Gateway Hotel Fatehabad Road Agra (Taj Ganj, Fatehabad Road. www.thegatewayhotels.com), a tres kilómetros del Taj Mahal, incluye servicio de astrología, clases de cocina, y alimentación holística. Una estancia, ante todo, saludable.