[Río de Janeiro]: Olha que coisa mais linda

El Cristo de Corcovado, de 38 metros de alto, es una de las nuevas Siete Maravillas del Mundo.

En la maniobra de aproximación al aeropuerto internacional de Galeão, situado en la isla del Gobernador, a unos 20 km al norte de Río de Janeiro, uno no sabe muy bien a qué atenerse. A tus pies, una inmensa urbe de 6,5 millones de almas se arremolina entre una sucesión de playas de arena blanca, unos promontorios rocosos cubiertos de vegetación, que emergen aquí y allá, y las lenguas de selva que serpentean entre los barrios de favelas y los complejos hoteleros. La lucha por el espacio es feroz. ¿El resultado? Una amalgama de asfalto y hormigón, salpicado por manchas de un vívido verde botella, recortada por el azul metálico del océano. Es muy probable que los descubridores portugueses quedaran igualmente pasmados al observar, ellos desde la vasta bahía de Guanabara, esa maravilla natural de playas, cerros y selva. Tan profunda les debió parecer desde allí la ensenada de Botafogo que pensaron que se trataba de la desembocadura de un caudaloso río (¡vana impresión!). Al darse la circunstancia de que tal observación la efectuaron el primero de enero de 1502, sin más, llamaron a aquel lugar Río de Enero; aunque teniendo en cuenta la nacionalidad de Gaspar de Lemos, es lógico que bautizara su paraíso recién estrenado como Río de Janeiro…

Si no se tiene concertado el traslado al hotel, busque en el aeropuerto los minibuses Gray Line que le acercarán a la zona Sul (Sur) (trayecto: 16 €), donde se alinean la mayoría de los hoteles; también puede tomar un taxi con tarifa prepagada (25-30 euros, en el vestíbulo del aeropuerto) o un taxi convencional (a partir de 15 € según el tráfico y el taxista). Los desplazamientos por la ciudad se realizan cómodamente en metro, con un combinado metro-bus o en taxi.

Cultura de playa

Recién llegados, pues, y tras dedicar no más de un minuto a deshacer las maletas, nos abalanzamos hacia la playa. Nos pueden servir perfectamente la playa de Copacabana, donde todo el mundo va a dejarse ver y a mirar lo que ve, o en la de Ipanema, quizá cerca del bar Garota de Ipanema (rua Prudente de Morais), donde Vinícius de Moraes (letra) y Antonio Carlos Jobim (música) compusieron en 1962 la famosa bossa nova al inspirarse en los andares de una moça do corpo dourado (…) caminho do mar. Muy pronto observará la pasión carioca por el deporte y en especial por los juegos de playa. Si por la mañana la playa es para el baño y el tueste, por la tarde la playa es una cancha deportiva. Puede que le sorprenda ver a tantos grupos practicando al frescobol (juego de pala y pelota), la roda de altinho (círculo de jugadores que se pasan la pelota con los pies) o el futevôlei (balonvolea con pies, pecho o cabeza, pero no con las manos). Y para emociones algo más fuertes, un paseo en helicóptero (a partir de 64 € por un vuelo de 6 minutos contorneando la estatua del Cristo Redentor); un descenso en ala delta en tándem desde Pedra Bonita (520 m) hasta la playa surfera de São Corvado, abrazado sobre la espalda del instructor (una confianza que cuesta 130 €, pero incluye la recogida en el hotel y un refresco para aliviar el susto); una caminata o una excursión en todoterreno por la Floresta de Tijuca, de casi 3.200 hectáreas, repoblada por decisión de Dom Pedro II en la segunda mitad del siglo XIX, o la escalada (para expertos) al Pan de Azúcar, el morro (también peñasco, cerro o colina) más fotogénico de todo Río.

Cumbres sagradas

Mucho más cómoda es la ascensión al Pão d’Açúcar (395 m) en teleférico. Se realiza en dos tramos: de Praia Vermelha al morro de Urca y de ahí a la cumbre (billete: 19 €). Es una experiencia breve (3 minutos en cada etapa), pero inolvidable la panorámica que se contempla desde lo alto. Y ya que nos agradan tanto las alturas, es inexcusable la subida al morro de Corcovado (710 m) en tren cremallera (estación en rua Cosme Velho; pasaje: 15,5 € ida y vuelta) y luego en ascensores panorámicos o en escaleras mecánicas o las de toda la vida (220 peldaños) hasta llegar al pie de la estatua. El Cristo Redentor (38 m), que mira hacia la bahía de Guanabara con los brazos en cruz, se construyó para conmemorar el primer centenario de la independencia del país. Es una de las nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno. La vista es inolvidable con las playas, la selva y toda la ciudad desparramada a sus pies.

Centro y samba

Y ya solo nos queda un breve recorrido por el Centro, el distrito financiero, repleto de comercios, restaurantes y edificios de interés. Cerca del puerto, la Praça XV de Novembro y alrededores acoge los palacios de antiguos gobernadores y emperadores, mientras que en el Museu Histórico Nacional (Praça Marechal Ancora; entrada: 2,6 €), en un par de horas se capta una idea muy clara de la historia del Brasil. No se olvide de hacer una parada en la Confeitaria Colombo (rua Gonçalves Dias), una cafetería con salones que mantienen su elegancia desde 1894. Y algo más allá, al final de la avenida Presidente Vargas, el Sambódromo, un largo paseo diseñado por Oscar Niemeyer, donde desfilan y compiten las mejores escuelas de samba durante el Carnaval, la mayor fiesta del mundo, que en 2011 se celebra entre el 5 y el 8 de marzo, pero con la que se sueña todo el año. Finalmente, en las cercanías, visite el estadio Maracaná y vea cómo se prepara para atender nada menos que el Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

Hoteles: Del Copa al Cama e Café

El Copacabana Palace Hotel (www.copacabanapalace.com) es un enorme hojaldre de nata art decó situado a ras de la playa de Copacabana desde el año 1923. Aquí bailaron los míticos Fred Astaire y Ginger Rogers en “Flying down to Rio” (1933), y Mick Jagger calentó la voz antes del memorable concierto de los Rolling Stones en la misma playa y ante 1,5 millones de personas en el Carnaval de 2006. Alojarse en este hotel es todo un lujo y poder disfrutar de una suite Penthouse, un privilegio. Su restaurante Cipriani, de alta cocina italiana norteña, es la sofisticación gastronómica de Río, mientras que su restaurante Pérgula, algo más informal, ofrece los sábados, como es tradicional, una estupenda feijoada.

Otros dos hoteles en Copacabana son el Hotel Sofitel (www.sofitel.com), considerado un prototipo de elegancia, con terraza en todas las habitaciones y ofertas interesantes, como cuatro noches al precio de tres y la promoción “Aires de romance”, que incluye champagne, flores tropicales y desayuno en la habitación. Su restaurante Atlantis, con una amplia terraza, ofrece un bufet temático en la comida y cena a la carta. Y muy cerca, apenas a 30 metros de la playa, el Portinari Design Hotel (www.hotelportinari.com.br), diseñado por ocho interioristas brasileños distintos, compagina varios ambientes, del romántico al ecológico, en un mismo edificio. Y algo más de diseño, ahora en pleno corazón de Ipanema, en el hotel Fasano (www.fasano.com.br), obra de Philippe Starck, que con madera, cristal y mármol crea un ambiente de charme y sofisticação. El tejado es una piscina con vista panorámica. Su restaurante Fasano al Mare explora la alta cocina mediterránea.

Otras dos opciones de alojamiento hay que buscarlas en el otro extremo de la ciudad, cerca del Centro, en el escarpado barrio de Santa Teresa, al que se accede con tranvía, en taxi o con buenas piernas. El Hotel Santa Teresa (www.santa-teresa-hotel.com), en una mansión de una antigua plantación de café, rezuma un agradabilísimo perfume tropical con notas étnicas. Su restaurante Térèze coquetea con una gastronomía francobrasileña exquisita. Y la última propuesta es Santa Teresa Cama e Café (www.camaecafe.com.br), una red bed and breakfast de soberbias casas vecinales que ofrecen el regalo de convivir unos días con los propios residentes cariocas.