[Roma]: La eternidad y mucho más

Todos los caminos llevan a Roma; por lo menos desde Leonardo da Vinci-Fiumicino, cada vez más rápido. Se nota que la señalización y los medios de acceso desde el aeropuerto han mejorado en los últimos tiempos, y recorrer los 15 kilómetros de distancia permite más opciones que el consabido taxi (unos 40 €), sujeto –eso sí que no cambia– a los caprichos del tráfico liderado por Fiats y Vespas. El tren ligero a la estación de Termini, una vez que se ha conseguido el billete (9,5 €) y acomodado el equipaje, resulta una opción sensata y agradable, que hace olvidar los largos trámites de antaño.

No tarda mucho en aparecer la mamma romana, sempiterna, pero con sus matices. Por eso nunca está de más actualizarse los contados ejemplos donde abandona su pódium de eterna juventud y se reinterpreta. El éxito del Museo Nazionale delle Arti del XXI Secolo-MAXXI (www.fondazionemaxxi.it 11 €), que ocupa una antigua estación militar cerca del río Tíber al norte de la ciudad, ha abierto una diálogo propio de lo contemporáneo que tiene sus antecedentes.

En 2006, la inauguración del Museo dell’Ara Pacis (Lungotevere en Auguta. www.arapacis.it 6,5 €), diseñado por Richard Meier, fue la primera obra de arquitectura moderna que se abría en el centro histórico desde la década de los 30, y resultó muy sonado. A este altar de la paz se hilvanan espacios de  gesto futurista como el Auditórium Parco della Musica (largo Luciano Berio 3. www.auditorium.com/it), obra de Renzo Piano; los Musei Capitolini (www.museicapitolini.org), con sus cubiertas acristaladas; el Museo d’Arte Contemporanea Roma-MACRO (via Reggio Emilia, 54. www.macro.roma.museum 4,5 €), que firma Odile Decq, y al que ahora se suma una delegación en MACRO Testaccio (Piazza Orazio Giustiniani. 7 €). También, en una especie de recorrido moderno, se incorpora la Galleria Nazionale d’Arte Moderna e Contemporanea (Viale delle Belle Arti, 131. www.gnam.beniculturali.it), revisada por la arquitecta Zaha Hadid para alojar piezas del XIX y el XX. En todos se establece un contrapunto con la cittá de siempre. Una visión novedosa donde las haya, que se combina con la aventura romana tradicional.

Siempre con glamour

“A Federico Fellini, que hizo de Via Veneto el teatro de la dolce vita”. La gran avenida capitalina ostenta esta placa conmemorativa entre palazzos dieciochescos, cafés de aperitivo y hoteles de diseño. Hay pocas calles en este planeta que se pueden dar el gusto de recrearse en su propio glamour sin sonar petulantes; esta es una de ellas. Por ella se pasea la Roma arreglada para salir, bien enjoyada con sus Bulgari y sus Fendi, lista para ser contemplada. Por eso, caiga quien caiga, el Prosecco sabe mejor en los salones del Harry’s Bar (nº 150. www.harrysbar.it) y en la barra del Café de Paris (nº 90. www.cafedeparisroma.eu), sobre todo si se acarrean un par de bolsas de Ferragamo. Para almorzar, mejor alguna sencilla taberna con encanto como Colline Emiliane (Via Avignonesi 22. 35 €), con especialidades de la región de Bologna, o la pasta de Il Matriciano (Via dei Gracchi, 49), lugar de reunión de muchos obispos y cardenales. Para la noche queda el sofisticado ReD (Via P. De Coubertin, 30. www.redrestaurant.roma.it), en el nuevo auditorio.

Monumentos

Claro que la monumentalidad no perdona, y algo hay que elegir entre las 400 iglesias, más de cien museos y suficientes vestigios arqueológicos como para enloquecer a cualquier curioso por la historia. En caso de duda, se impone responder a la llamada de lo antiguo; nunca cansa lo esencial: de hecho, hay a quien el arrastrar los ojos y los pies por la cúpula de El Panteón de Agripa (Piazza Della Rotonda), del 27 a.C., tan escondido él entre las callecitas de Trevi, cerca de la Plaza Navona, le cambia la vida. Cosa parecida ejercen en los espíritus sensibles los fastuosos caravaggios de los Musei Capitolini (www.museicapitolini.org. 11 €), los museos públicos más antiguos del mundo, ubicados en esa Piazza Campidoglio diseñada por Miguel Ángel para el Papa Pablo III.

Espacios imperiales

Hay otros lugares donde acceder a esta Roma profunda, enraizada en los orígenes. Uno de ellos marca el exacto punto de su nacimiento: las colinas del Palatino. Auténtico Beverly Hills del Imperio Romano, este área permite pasear por donde floreció la República del siglo I, a través de los vestigios del Foro Romano. En derredor, una retahíla de espacios transportan al periodo lejano de aquel esplendor casi por intuición. Son los triunfos sobre Bizancio que adornan los frisos del Arco Constantino (Piazza del Colosseo), los ecos gladiadores que cerca de 300.000 personas escuchaban acomodadas dentro del Circus Maximus (via del Circo Máximo) levantado por Julio César, la visita a la Cárcel Marmetina (Clivio Argentario, 1) donde estuvieron encerrados San Pedro y San Pablo por apostolar la religión que contribuyó a acelerar su decadencia. La guinda es, sin duda, el apoteósico Domus Aurea (www.apuliadomus.com), el palacio subterráneo de Nerón. Roma despliega en cada uno de ellos su habilidad para evocar, para conducir la memoria de todos los caminos del recuerdo hacia ella.

Hoteles: El abrazo de Morfeo

Dicen que el dios greco-latino revela sus secretos a los mortales a través de sus sueños; sin duda la alcoba perfecta para abrazarle se encuentra entre los grandi alberghi de Roma. Algunos son tan exclusivos que incluyen mayordomo, personal shopper y sastrería de Brioni en la habitación, como es el caso del St. Regis Grand Hotel Rome (Via Vittorio Enmanuele Orlando 3. www.stregis.com/grandrome. Desde 290 €); un lujo con atmósfera Imperio tal, que dan ganas de no salir. Tan sólo vivir la cittá desde su perspectiva, por qué no: su plan de privilegios para viajeros frecuentes es irresistible. Otros se consideran un ejemplo de la dolce vita, como The Westin Excelsior (Via Vittorio Veneto 125. www.westin.com. Desde 260 €), por cuya exquisita fachada de 1906 ha desfilado lo más granado del famoseo del siglo XX. En las habitaciones, amenities de Acqua di Parma. Su suite Villa La Cupola, con más de mil metros cuadrados, dos pisos y capacidad para diez personas, se anuncia como la mayor de Europa.Lo cierto es que impresionan sus vistas a lo largo de siete balcones; cuenta con bodega, cine, biblioteca, comedor y piscina privados.

La capital de Lazio también seduce con numerosos hoteles boutique, como el curioso Boscolo Aleph (www.boscolo.com. Desde 204 €), inspirado en la Divina Comedia de Dante y concebido como un vortex de sensualidad en rojo y negros. El nuevo Boscolo Palace Roma, en Via Véneto, se aloja en un edificio de 1920 diseñado por Marcelo Piacentini y ha sido restaurado con el encanto de un viaje en el tiempo; está a punto de inaugurar su Spa. Entre los espacios de diseño, sin duda no dejan impertérritas las camas y sofás curvilíneos del futurista Es Hotel (via F. Turati, 171. www.radissonblu.com/eshotel-rome. Desde 208 €). Desde su piscina penthouse se ve la estación de Termini. Los bed & breakfast resultan la opción más personal para darse un capricho, como el retro Locarno (via Della Penna, 22. www.hotellocarno.com) con una terraza con vistas a la Piazza del Popolo, o la exquisita Casa Howard (via Sistina, 149. www.casahoward.com), al lado del Vaticano.