[San Francisco y el Sur de California]: El puente hacia la fortuna

El famoso puente de San Francisco, el Golden Gate, es atravesado cada año por 41 millones de vehículos.

Acaso no exista otro puente más famoso en América que el Golden Gate Bridge (www.goldengatebridge.org) diseñado por el arquitecto Irving Morrow en un ineludible rojo anaranjado en medio de una hermosa Bahía de San Francisco que atraviesan cada año 41 millones de vehículos. Hasta 1937 fue el mayor puente colgante del mundo y atravesarlo en coche resulta impresionante. Pero hay que desplazarse ex profeso para verlo relucir entre Fort Baker y Fort Point, porque el San Francisco International Airport (www.flysfo.com) te deja en pleno centro en 20 minutos (billete, 7 €).

Cangrejos con pan

El corazón cultural y económico de la West Coast californiana –el Estado que, por sí solo, constituye una de las diez primeras potencias del planeta– se encarna en este puente de dorado simbólico, tan famoso como la Torre Eiffel o la Estatua de la Libertad. Y como tal es tratado en las tiendas de souvenires del nuevo centro de ocio de The Embarcadero (www.waterbarsf.com), al lado del Fisherman’s Wharf. En el enclave de siempre se hace cola para las visitas en barco hasta la isla prisión de Alcatraz (Pier 33, www.alcatrazcruises.com). Al mediodía, lo suyo es comer cangrejos y probar el delicioso sour bread, un pan agrio tan típico como el chocolate caliente de Ghiraldelli Square (www.ghirardelli.com), elaborado con la misma receta de 1852. San Francisco es una ciudad construida por muchas comunidades y cada barrio conserva la identidad de sus habitantes originales. Lo mejor es que, al contrario que cualquier otra ciudad del país –con la excepción parcial de Nueva York–, se puede recorrer sin problemas en un tranquilo combinado de transporte público de superficie y paseos. Los barrios cercanos a la ribera, como el lujoso Marina District, el italiano North Italy –cuna del movimiento beat en los 60, como prueba la visita a la librería City Lights (www.citylights.com) de Columbus Avenue–, Nob Hill o Pacific Heights guardan sublimes ejemplos de arquitectura victoriana. La Haas-Lilienthal House (7 Franklin Street) es un edificio Queen Anne que ha sobrevivido a incendios y terremotos; hoy aloja el San Francisco Architectural Heritage (www.sfheritage.org); sus visitas guiadas a pie son únicas.

En cuesta

En el corazón financiero de Union Square, los rascacielos y grandes almacenes míticos como Gumps (www.gumps.com) –otro tesoro de 1861– rememoran el pasado junto con los centenarios tranvías (www.sfcablecar.com). Además de bonitos, resultan prácticos para reptar por las archifamosas colinas. Se recomienda no emular a las heroínas de Alfred Hitchcock (quien grabó cinco películas en la ciudad, incluidas Vértigo, La sombra de la duda o Los pájaros) y recorrerlas sin tacones para evitar lesiones. Sobre todo en lugares tan representativos como la Coit Tower de Telegraph Hill o la calle más sinuosa del país, Lombard Street. Sus ocho curvas y 27 grados de pendiente resultan conocidas: han aparecido en filmes de todos los géneros. Una vez allí se confirma que estas cuestas suponen un reto cotidiano en toda la Russian Hill de Frisco, como apodan a la ciudad sus habitantes.

En pleno centro, en la avenida Grant luce desde 1840 la chinesca Puerta del Dragón, acceso oficial a Chinatown (www.sanfranciscochinatown.com). Autodeclarado el asentamiento chino más grande fuera de Asia, atestigua el flujo migratorio de los trabajadores que construyeron el ferrocarril. Tras ella se averigua un laberinto de tiendas y restaurantes de sabores y olores exóticos, ideal para comer auténtica comida china de distintas regiones, mezcladas con creaciones locales como el chop suey o los fortune cookies. La calle Stockton es la menos turística, y recuerda a Hong Kong; en Portsmouth Square los más ancianos juegan al ajedrez chino.

Cuna de los hippies

El este de la ciudad acoge el conocido Golden Gate Park y su calle Haight Habsbury, ambos claves del movimiento hippy del 68 y cuna del espíritu alternativo, new age y vintage. Asociados con el tirón reivindicativo de la comunidad gay del barrio de Castro, ambos defienden los movimientos liberales con intensidad. Hoy concentran cafés, tiendas y showrooms, junto a locales nocturnos repletos de ejecutivos de nuevas tecnologías. El corazón más mestizo reside en el barrio Mission o La Misión Dolores (3321 16th Street. www.missiondolores.org), que gira en torno a la primera de las siete iglesias fundadas por el español Diego Velázquez en 1776. Sus calles animadas de locales, restaurantes y cafés dan fe de una exultante comunidad que habla spanglish (inglés españolizado) en mil y un acentos.

Rumbo al Sur

Desde San Francisco, la ruta del Big Sur permite poner rumbo a las delicias enológicas del vecino Napa Valley y los Parques Nacionales de Yosemite (www.nps.gov/yose) y Sequoia (www.nps.gov/seki) –en el que se puede abrazar a los seres vivos más longevos del planeta–, hasta las palmeras de Sunset Boulevard en Los Ángeles. Desde Sacramento, la Big Sur Coast Highway baja hacia Monterey y su Acuario (www.montereybayaquarium.org), Carmel, la reserva de Point Lobos (www.pointlobos.org) y San Simenon, uno de los paisajes idílicos de California (más información en www.byways.org/explore/byways/2301).

Hoteles: Caruso, Hitchcock y rock

Tan sólo un puñado de hoteles en el mundo forma parte de la historia de una ciudad. Así sucede con el Palace Hotel San Francisco (New Montgomery Street 2. www.sfpalace.com. Doble, desde 327 €), construido en 1875 en plena calle Market, por obra y gracia de un empresario enriquecido con el transporte de buscadores de oro. Sus cifras fueron noticia desde entonces: con 755 habitaciones, ocupaba las ocho plantas de un lujoso edificio neoclásico, con todas las novedades de confort de la época. Sus incorporaciones posteriores estuvieron sincronizadas con el cambio de esta floreciente ciudad hacia la gran metrópolis de la Costa Oeste. Entre sus insignes invitados figuran la flor y nata del famoseo retro: Caruso, Sarah Bernhard, John D. Rockefeller… Toda su historia no forma parte de una leyenda sino que puede, literalmente, respirarse en los espacios del Palace actual. Aunque sometido a los cambios estéticos y estructurales de la modernidad –remodelado en 2002 y premiado por la prensa especializada–, ahí están los candelabros de cristal austriaco, los titanes de bronce y palmeras de la entrada, el porte grandeur de la Court Room, el personal vestido de librea y la delicadeza de la Palm Court donde al menos hay que sentarse a tomar el té y rememorar aquellos locos años 20. Una opción moderna y céntrica en Lower Nob Hill, en otro edificio con historia, tiene guiños cinéfilos: los del Hotel Vertigo (Sutter Street 940. www.hotelvertigosf.com. Doble, desde 71 €). El edificio sirvió de plató para el rodaje de la película Vértigo de Hitchcock, lo que inspira buena parte de su decoración casi futurista. No hay que perderse las lámparas con cabeza de caballo y las sillas de cuero. Para clientes más informales que necesitan un precio ajustado y que quieren coger muchos tranvías, está a un tiro de piedra de Union Square. Los irreverentes y amantes del espíritu reivindicativo preferirán el renovado Hotel Phoenix (601 Eddy St. www.jdvhotels.com/hotels/sanfrancisco/phoenix. Desde 100 €), elegido por rockeros no fumadores y por actores alternativos.