[San Petersburgo]: La gran dama del Báltico

La ciudad más bonita de Rusia fue ideada por Pedro El Grande en 1703 y nació como centro comercial.

El olor de los blinis fritos –con chocolate, salmón o queso y champiñones– acompañados de té caliente que venden en la cadena de establecimientos Teremok son toda una institución en San Petersburgo para comer sobre la marcha. Un minuto de refrigerio en medio de la actividad cotidiana; la gente camina con prisa, no pierde el tiempo. Por eso se identifica enseguida a los turistas: se paran a contemplar, se entretienen. Montan en los cruceros fluviales que navegan por el Nevsky Prospekt, en las intersecciones de los canales Fontanka y Moika, para ver la estampa desde el agua (embarque en puente Anichokov, www.peterguide.com). Hasta observan cómo se abren los puentes levadizos cuando pasan los puentes mercantes. Ese gesto explica el origen de la urbe más hermosa de Rusia, nacida como centro comercial. Su importancia como puerto y punto de intercambio de mercancías entre las colonias de Asia central y la región del Cáucaso se comprueba en el histórico Kuznechny Market (8 a 20 horas. Kuznechny Pereulok, 3). Todavía asombra la cantidad y variedad de frutas, especias y tejidos que se mueven a primera vista.

La ciudad soñada por Pedro El Grande en 1703, conocida como Petrogrado entre 1914 y 1924, y llamada después Leningrado entre 1924 y 1991, es un cotizado puerto de escala en las rutas de cruceros por el Mar Báltico. Aunque la principal vía de acceso continúa siendo el aeropuerto de Pulkovo (www.pulkovoairport.ru), a unos 18 kilómetros. El transporte hasta la ciudad se puede realizar en taxi (News Yellow Taxi o Taxi 068, www.taxi-spb.ru; unos 35 €) o en autobús (líneas Nº 39 y 13 hasta el Metro de Moskovskay). Para moverse, el metro (0,30 € trayecto. www.metro.spb.ru) se combina con el autobús y el tranvía, aunque es recomendable cierto manejo del idioma ruso.

Arte bajo tierra

Si durante su época como Leningrado su glam parecía eclipsado por la propaganda, en la actualidad la antigua capital rusa despunta como un destino cultural romántico-chic, pero también como atractivo multi-target; de hecho, resulta apropiada para visitar en familia. No sólo porque se pueda uno entregar a releer las obras de Pushkin y Dostoievsky por los lugares originales, o de escuchar a Tchaikovsky en las salas de conciertos para las que sus piezas fueron concebidas, sino porque aglutina palacios propios de una princesa, espectáculos de circo y hasta la aventura de una inmersión en el metro más profundo del mundo, lleno de esculturas y obras de arte. O sea, hay mucha variedad.

Una visita esencial por San Petersburgo debería comenzar en el núcleo antiguo –el Sitio de Petrogrado, en las islas Kirov–, donde se encuentra la Fortaleza de Pedro y Pablo (www.spbmuseum.ru/peterpaul), levantada sobre una isla entre el río Neva y el canal Kronverk. Cerca se encuentra la Catedral homónima; en su cripta de los zares reposa el último de la dinastía Romanov: Nicolás II.

De compras

Nevsky Prospekt es el gran boulevard que concentra la actividad turística y comercial. El triángulo que forma su parte norte con el canal Fontanka y la orilla del Neva concentra visitas populares como el Palacio de Invierno, la Iglesia del Salvador de la Sangre Derramada o la catedral de la Resurrección, la Sala de Conciertos Mussorgsky Concert Hall y el Museo Ruso (Inzhenernaya Ulitsa 4. www.rusmuseum.ru. 18 €). A pesar de lo disuasorio de su precio, esta joya ofrece una completa visión del arte ruso de los siglos XII al XX, desde iconos medievales hasta obras de Kandinsky y Malevich –en el ala Benois–.

Osos y ballet

La zona central de la ciudad se combina luego con distintos intereses, por ejemplo, los osos y acróbatas del Circo St Petersburg (Fontanka 3. www.circus.spb.ru), instalado desde el año 1877 en un edificio de cúpulas rojas que recibe a un público de todas las nacionalidades. Otros prefieren conseguir entradas para asistir al ballet del Mariinsky Theater (1 Teatralnaya Square. www.mariinsky.ru). O preparar una excursion a Peterhof, el Versalles ruso (Razvodnaya. www.peterhof.org), un delirio de jardines y palacios dieciochescos en perfecto estado de conservación, sobre todo cuando funcionan sus famosas fuentes (de mayo a octubre). Para cenar, se puede evocar el menú de las grandes celebraciones con algún plato de caza o el Stroganoff que figura en la carta del restaurante Molokhovets Dream (Radishcheva 10. 24 €), un local clásico cerca del viejo puerto.

El gran museo

Sea como fuere, hay que reservar un día tranquilo para recorrer el Museo Hermitage (Dvortsovaya Naberezhnaya 32. www.hermitage.ru. Desde 11 €), empezando por el Palacio de Invierno, donde se visitan unas habitaciones imperiales repletas de pan de oro y tallas en madera. El Pequeño Hermitage, con la colección de objetos decorativos propiedad de Catalina La Grande –como su reloj pavo real–, así como la galería de retratos de los militares que obtuvieron la victoria sobre Napoleón resultan especialmente curiosos. Cerca del Museo, al sur de Nevsky queda la Catedral de St Isaac (Isaakevskaya Ploshchad. www.cathedral.ru. 9 €), impresionante por dentro y por fuera. Desde lo alto se obtiene una panorámica genial del Nevsvy Prospekt, la que mejor retrata la nueva cultura de la abundancia que vive la ciudad.

Hoteles: Al gusto del zar

Para dormir en un lecho acorde con la aristocracia imperial, nada como elegir alguna de las nueve suites legendarias (desde 826 €) del Grand Europe Hotel (Mikhailovskaya Ulitsa 1/7. www.grandhoteleurope.com. Desde 250 €), en Nevsky Prospekt, restauradas con mimo y al gusto decimonónico por el interiorista francés Michel Jouannet, artífice del lifting del Cipriani veneciano. El antiguo Evropeiskaya Hotel recupera su esplendor en estas glamourosas estancias. Sus techos de cinco metros de altura exudan armonía decorativa evocando al nombre y la figura de su respectivo mentor –Stravinski, Faberge, Romanov–. La suite Pavarotti (habitación 105), donde el tenor se alojó en 2004, es la favorita de los músicos y cuenta con un oportuno piano en su sala de estar. Otros lujos incluyen la carta de caviares y vodkas de su Caviar Bar y las cenas con ballet de los sábados en su restaurante l’Europe, donde se impone la etiqueta. Otra de las joyas rusas donde se impone el estándar europeo occidental es el impecable Hotel Astoria Rocco Forte (www.roccofortecollection.com. Desde 225 €). En sus instalaciones de un agradable tono decadente se combinan las antigüedades con el diseño contemporáneo de evocación art decó. El resultado le aporta un giro actual al clásico edificio del boulevard Bolshaya Morskaya donde se instala. Considerado el primer hotel de lujo de la nueva imagen turística de la ciudad, su Kandinsky Bar es uno de los puntos de reunión de la gente guapa y con estilo. El tercero en concordia que encabeza la oferta más tentadora de la ciudad de los zares es el Kempinski St Petersburg (Moika 22. www.kempinski-st-petersburg.com). Entre sus puntos fuertes se incluyen las geniales vistas al Hermitage y los tratamientos del spa, muy eficaces para combatir el frío. Otra invitación al lujo la conforma el relajante Corintia Hotel St Petersburg (Nevsky Prospekt, 57. www.corinthia.ru), de atmósfera retro. Y para espíritus más funcionales, el Renaissance St. Petersburg Baltic Hotel (Pochtamtskaya Str. 4. www.marriott.com) resulta una opción más que agradable.