Mar de Cortés: Cortesía del Pacífico

Cruceros privados, avistamiento de ballenas y alta gastronomía  son señas de los hoteles de Los Cabos.

Cruceros privados, avistamiento de ballenas y alta gastronomía son señas de los hoteles de Los Cabos.

Siendo Jacques Cousteau embajador de honor del mar bautizado en homenaje a Hernán Cortés es fácil entender que se haya convertido en un gran atractivo turístico, especialmente para el turismo norteamericano, que lo mismo cruza la frontera entonando el Welcome to Tijuana en busca de experiencias trepidantes que se entrega unos días al descanso en acogedores escondites a pocos kilómetros de casa. “El acuario del mundo”, como así lo definió el gran oceanógrafo francés, une cuatro Estados mexicanos que, sin embargo, no gozan del mismo desarrollo turístico. Mientras que las Californias mexicanas llevan años despuntando –sobre todo en su litoral oriental, abierto al Pacífico–, Sonora y Sinaloa asisten a una evolución más lenta, pero muy bien encaminada. Baja California, dividida en dos Estados y bañada a partes iguales por las vigorosas aguas del Pacífico y el calmo Mar de Cortés, condensa la mejor experiencia acuática de México y combina viñedos, misiones y desiertos en una península que culmina en el finis terrae charro: Los Cabos, el destino más exclusivo y selecto de todo el país.

Los Cabos integran nada menos que dos destinos turísticos de primera: San José del Cabo y Cabo San Lucas, separados por 30 kilómetros de costa. El primero, una antigua misión colonial cargada del encanto de tiempos pasados y cuna de una creciente comunidad artística; el segundo, un paraíso para los amantes de la navegación, la vida nocturna y las compras.

Diseño y cocina

En medio de ambos enclaves se disfruta de algunos de los mejores resorts y campos de golf del mundo. Como Las Ventanas al Paraíso, de la firma Rosewood, ubicado en una zona desértica de Cabo Real, cerca de San José del Cabo. Un hotel cuyo propósito es elevar a sus huéspedes al edén a través de idílicas suites con chimenea, un Spa basado en los cuatro elementos, cocina inspiradora y una decoración sustentada en piezas de arte y artesanías originales que cuenta con obras de Rodrigo Pimentel o Deloss McGraw. A unos seis kilómetros de Cabo San Lucas e inmerso en el enclave privado de Punta Ballena destaca el Esperanza Resort, un establecimiento de Auberge auspiciado por la firma francesa Relais & Chateaux. Único en el mundo por su colección de arte, que incluye piezas de arte clásico, contemporáneo y mexicano, y un jardín de esculturas, sus 57 casitas asentadas en las colinas miran hacia una bahía privada donde la puesta de sol es un amenity más. Mítica es también la restauración de sus restaurantes y el Cabo Spa, reconocido como el mejor de Latinoamérica.

En el llamado Corredor Turístico que separa ambas poblaciones se encuentra un Leading Hotel of the World, Marquis Los Cabos, que entre sus más de 200 estancias ofrece 28 casitas con piscina privada. La cadena Starwood también está presente con dos hoteles cinco estrellas: el modernísimo Westin Los Cabos, de impecable arquitectura, y el Sheraton Hacienda del Mar, ubicado entre dos campos de golf y cuyo restaurante Pitahayas está considerado de lo mejorcito en Baja California. Ya en los núcleos poblacionales, el coqueto Casa Natalia, en pleno centro de San José del Cabo, ofrece 14 habitaciones y dos suites de distinto nombre y personalidad. Su creación esconde una bonita historia de amor que aún hoy perdura. En el otro extremo, Meliá convirtió hace unos años su hotel en Los Cabos en el tercer ME de su historia. Situado en la única playa apta para el baño de Cabo San Lucas, Médano, sus bazas son el diseño de vanguardia, el servicio personalizado y la música.

Mar adentro

Más allá de Los Cabos existen otros destinos que sirven de base de operaciones para conocer el Mar de Cortés. En Baja California destacan San Felipe o la Bahía de los Ángeles, donde el San Felipe Marina Resort y sus habitaciones respetuosas con el medio ambiente (las llaman eco-rooms) son un buen punto de partida en el norte del Golfo de California. En la orilla opuesta, ya en Sonora, la localidad de Puerto Peñasco cuenta con Las Palomas Beach & Golf Resort, un complejo de más de 800 estancias donde las suites de lujo con vistas al mar son una maravilla e incluyen hasta cocina.

Misiones y ballenas

En Baja California Sur, las antiguas misiones europeas de San Rafael, San Ignacio, Santa Rosalía o Mulegé sirven de escala antes de recalar en Loreto, la primera misión de Las Californias fundada por Salvatierra. Blanco de muchísimas visitas por su proximidad a los dos puntos calientes de avistamiento de ballenas –Bahía de la Concepción y la polivalente Isla Coronado–, el Hotel Camino Real Loreto, en estilo Santa Fe de Nuevo México, es una buena opción. También bajo el nombre de Posada de las Flores se esconden tres hoteles boutique ubicados en Punta Chivato, Loreto y La Paz que intentan recrear el estilo de las antiguas casas mexicanas combinando la autenticidad de tiempos lejanos con los servicios máslujosos de la actualidad.

De la capital del Estado, La Paz, parten las tres goletas turcas que bajo el nombre de Barcos que Cantan recorren el Mar de Cortés combinando dos servicios ineludibles en todo viaje: alojamiento y visitas turísticas. Por último, si nos decantamos por Sinaloa, Mazatlán es el mejor destino para seguir los pasos de Cousteau. Allí se encuentran Casa Lucila, un hotel boutique de ocho habitaciones que antaño fue un club de jazz frecuentado por Robert Mitchum o Ernest Hemingway, y Las Villas Hotel & Spa, con cuatro restaurantes y campo de golf.

Selección Viajar: One & Only Palmilla, sofisticación mexicana

La exclusiva cadena One & Only, avalada por su genuina filosofía e interpretación del lujo, tiene en Baja California Sur una de sus siete sedes mundiales. Entre San José del Cabo y Cabo San Lucas se levanta el que durante varios años consecutivos ha sido considerado por la prensa especializada como el mejor resort de México. Construido en el año 1956 como un hotel para escapadas de lujo por Abelardo Rodríguez, hijo del presidente mexicano, en sus años iniciales era únicamente accesible por mar o aire y contaba entre su clientela con celebrities como John Wayne, Bing Crosby o Dwight D. Eisenhower. Actualmente, tras haber sido remodelado y ampliado tres veces a lo largo de su historia, ofrece 173 habitaciones de distintas categorías, pero preserva ese ambiente de glamour y sofisticación que lo acompaña desde su inauguración. Paredes blancas, cubiertas de tejas y decoración basada en artesanías, evocando el antiguo México, visten sus instalaciones y habitaciones, que incluyen originales servicios como tequila de bienvenida, fruta fresca diaria, kit de cuidado solar, menú de almohadas y aromaterapia, amenities de Lady Primrose e incluso un telescopio en la terraza para poder contemplar las estrellas y avistar las ballenas grises que se dejan ver en su horizonte. El Palmilla es, además, un hotel children y pet friendly. En su Kids Only Club se desarrollan diariamente actividades gratuitas para niños como clases de yoga y cocina, deportes, elaboración de piñatas mexicanas u origami, y las mascotas reciben casi los mismos cuidados que los propios huéspedes. Alojarse aquí conlleva disfrutar, sin coste alguno, de masajes de pies junto a la piscina, préstamo de iPods, iPads y libros o del Palmilla Golf Club, considerado uno de los cien mejores del mundo, con un campo de par 72 y 27 hoyos diseñado por Jack Nicklaus. También están disponibles, previo pago, las excursiones por mar a bordo de un exclusivo yate o por tierra en un Hummer H2 con chófer, la premiada carta de terapias y tratamientos de su Spa y las exquisitas creaciones culinarias de sus cuatro restaurantes, entre los que destaca la cocina mexiterránea, elaborada por Larbi Dahrouch en Aqua, y la denominada couture-cuisine, firmada por la estrella Michelin Jean Georges Vongerichten en Market.

(www.oneandonlyresorts.com)