Anguila [Reino Unido]: La antillana de los famosos

Playa exclusiva del hotel Mallihouana.

Aseis minutos en avión de la vecina Saint Martin francesa –y a 25 minutos en barco de la St. Maarten holandesa–, la fama de esta isla con dimensiones de bombonera como refugio de celebrities y actores –Robert de Niro, Beyoncé, Rod Stewart, Brad Pitt, Uma Thurman, Ethan Hawke, Courteney Cox o David Arquette, entre otros muchos– suena tan larga que uno se pregunta cómo pueden caber, con sus séquitos respectivos, en tan caprichoso bocado tropical. Pero entran en sus 26 kilómetros de largo, además de encontrar sitio para la soledad y la desconexión en sus 33 playas públicas de arena rosada. Un tono sublime que se debe a las conchas pulverizadas que tanto abundan en sus costas y que añaden preciosos reflejos al atardecer.

Anguila parece estar de moda en los últimos años de un modo evasivo; no es la isla de más fácil acceso que digamos, o la más barata. Podría calificarse como la niña bonita de un viajero caprichoso que busca paz y relax, magníficas playas, excelentes condiciones de navegación… y, por supuesto, está dispuesto a pagar por estas condiciones. Los acogedores isleños –descendientes de los indios arawak que poblaban la zona– han creado un recinto acotado a la medida de sus necesidades y recogido de multitudes.

En este atractivo influye –para qué negarlo– su condición de paraíso fiscal. Aquí no existen las tasas, lo que ha fomentado el asentamiento de empresas y un flujo de su moneda –el dólar del Este del Caribe– con tanta alegría como si fueran dólares estadounidenses. Eso permite disfrutar de placeres como un impresionante campo de golf diseñado por Greg Norman –el Temenos Golf Club– o contar con la cancha de tenis más grande del Caribe: la de la Anguilla Tennis Academy (www.anguillatennis.com), con capacidad para dos mil espectadores y sede de destacadas competiciones deportivas.

Los mejores resorts del Caribe

Hasta la década de los 80, Anguila permaneció prácticamente incógnita, apartada de los flujos turísticos de quienes solo buscaban plantar la hamaca y conseguir ese bronceado caribeño vuelta y vuelta que tantos aireaban como símbolo de estatus y poder. En la década de los 90 su desarrollo fue espectacular. Punteó su costa oeste –la más cercana a Saint Martin– de grandes resorts de lujo que hoy siguen presentes en las listas de los mejores lugares donde recalar del Caribe. Con el más reciente, el futurista Covecastles (www.covecastles.com), diseñado por el arquitecto Myron Goldfinger, ya supera la docena –incluidos los éxitos noctívagos y de plantation chic como Ku (http://ku-anguilla.com) o CocoBay (www.cocobayresort.com)–. Su interés se mantiene, pese a la crisis, con proyectos de energías renovables, el ecoturismo y la futura apertura de un resort especializado en turismo de congresos.

Shaddick Point, donde se localiza la terminal del Blowing Point ferry, es un lugar que no tiene pérdida. El principal punto de acceso por vía marítima distribuye a muchos hacia las zonas urbanizadas en las playas de Rendezvous Bay, Cove Bay y Maundays Bay. Junto con el bullicio de la capital, The Valley, constituyen el núcleo duro de una Anguila que, por lo demás, cultiva espacios recónditos donde perderse bajo un cielo azul y con arena blanquirrosa, donde se refleja la luz hasta cegar las propias nubes.

Concentrados en un valle

La mitad de los 14.000 anguilenses viven en The Valley, un valle –literal–donde se agolpan edificios gubernamentales, tiendas, oficinas y pocas casas centenarias. El huracán de 1995 planteó una rehabilitación con medidas de seguridad que la modernizaron sin remedio. Los ejemplos tradicionales conservados ascienden por Crocus Hill Road al punto más alto de la isla. Esta avenida, flanqueada por ébanos de gran tamaño, se identifica por coquetas mansiones con jardines vallados en madera, rematados con conchas de color rosa. En lo alto se divisa el primer hotel de la isla, el Lloyd’s Guest House, aún en funcionamiento. Por la zona aparece señalizado un pequeño recorrido que se realiza en dos horas de coche, el Anguilla Heritage Trail, donde se recogen retazos de una historia colonial que incluye el Collection Museum (East End), en el que se exhiben utensilios amerindios; la Old Salt Factory & Pumphouse, en Sandy Ground, antigua fábrica de sal que funciona como bar y café, y la Wallblake House, una plantación de 1787.

Observatorio de aves. Además de almorzar en el mítico Uncle Ernie’s (Shoal Bay), Anguila propone estupendos puntos de observación de aves (hasta 159 especies autóctonas, de las que 68 son muy poco comunes), zonas de navegación y buceo. La navegación por sus numerosos cayos deshabitados, como Sandy Island, Prickly Pear o Gorgeous Scilly Cay, resultan excursiones habituales que se pueden contratar con Funtime Charters o Gotcha Garfield’s Sea Tours (www.gotcha-garfields-sea-tours-anguilla.com). Aunque lo mejor de Anguila es dejar pasar el tiempo en lugares llenos de encanto, como Sandy Isle o Road Bay, en la costa noroeste. Cierto que cada vez están más urbanizados, pero aún funciona su estrategia de lo diminuto, manteniéndolos lejos de los índices de ocupación de Bahamas o Tortola.

Hoteles: No hay sueño pequeño

Con cuatro hoteles de cinco estrellas, multitud de villas privadas –como la coqueta Viceroy (viceroyhotelsandresorts.com)– y numerosas casas de huéspedes, aquí se sueña a lo grande. Tan alto estándar de servicios nocturnos hace difícil poder elegir; hasta hay que recurrir a los matices. En el caso de los dos top, casi lo decide la cercanía o no del agua. El conocido Cap Juluca (www.capjuluca.com. Desde 295 €) pone la quintaesencia del resort perfecto en la orilla de Maundays Bay. Con su blanca estampa greco-morisca, tiene algo de fantasía de millonario a todo trapo, ya que no escatima en instalaciones: su servicio de sorbetes acuáticos, el transporte en jet privado, su Spa romano con productos de Bulgari o su campo de golf diseñado por Greg Norman no dejan a nadie indiferente. Es un especialista en ocultar a los clientes Vip y garantizar la más absoluta privacidad. Sus 400 empleados forman parte de la marca; no dude en ponerlos a prueba.

En el caso de su competidor, el Mallihouana (www.malliouhana.com. Desde 326 €), la estrella de Meads Bay, se impone la perspectiva: una panorámica desde lo alto de una colina con dos arenales a los pies. Sin duda, el lugar donde respirar la esencia caribeña, rodeado de la envolvente vegetación de un parque con fuentes y parque infantil con barco pirata incluido. En los balcones de sus exclusivas Villa Suites flota una quietud impagable. Su restaurante, que dirige el chef belga Fred Cougnon, ha sido galardonado como uno de los tres mejores en la región de América y el Caribe.

La cocina y la salud es la apuesta del tercero en esta particular lucha de chic y glamour: CuisinArt Golf Resort & Spa (www.cuisinartresort.com), en Rendezvous Bay. Rodeado por jardines con jazmines y gardenios, la alimentación no se limita a sus tres cuidados restaurantes sino que también la protagoniza su huerta de cultivo hidropónico y una cocina estadio donde imparten clases y sesiones magistrales. Los menús se combinan con los diversos tratamientos del Spa, que resultan ideales para ponerse en forma.

Un poco fuera de esta disputa, en Crocus Hill, el punto más alto de la isla, la típica Lloyd’s Guest House (The Valley. www.lloyds.ai. Doble, 80 €) propone un plan con muebles neocoloniales y atmósfera familiar.