Barbados [Barbados]: El encanto del Caribe más clásico

Con una extensión similar a Ibiza, Barbados disfruta de excepcionales espacios naturales.

Rihanna, a quien algún periodista ya ha bautizado como la Madonna negra, es quizá la cantante que más ha revolucionado la música pop del siglo XXI. Pocos dudan que Rihanna es hoy la nueva reina de las salas de baile, una mujer que en estos momentos no solo es la mejor embajadora de Barbados, su tierra natal, sino seguramente su quintaesencia. Hija de una mujer guayanesa, de raíces africanas, y de un bajan (los barbadianos se autodenominan así) con sangre irlandesa, creció escuchando música reggae y viendo partidos de críquet, el deporte nacional de la isla. Barbados es, en síntesis, así. Paradigma de la fusión caribeña, la isla más británica de todas las Antillas, pero poblada y animada mayoritariamente por gentes de origen africano. Una isla paradisíaca y dulce, como las caderas de la cantante, que guardan en el alma el pecado original de una plantación de caña de azúcar, y que afortunadamente hoy ha explotado en una economía que es la más desarrollada de América Central, solo situada por detrás de los dos colosos anglosajones del norte, Chile, Argentina y Brasil, si la comparativa incluye todo el Nuevo Mundo.

El “Londres de las Antillas”

Paraíso natural (y fiscal) conocido en todo el mundo por la claridad de sus aguas y el color blanco y rosáceo de sus playas, Barbados resume la perfección qué ha sido y qué es el Caribe. En el origen de los tiempos fue un auténtico paraíso del planeta Tierra, pero en la era colonial vivió en el peor de los infiernos posibles al escribir algunos de los episodios más tristes de la historia de la humanidad: la desaparición de la población nativa que habitaba estas islas y la esclavitud de miles de personas forzadas a venir de la lejana África para trabajar en las plantaciones.

Por suerte, de esa época queda lo más positivo, un extraordinario patrimonio cultural que vale pena descubrir y conocer: están la suntuosa Sunbury Plantation House, el Mount Gay Rum Rafinery y el centro histórico de la capital, Bridgetown, que alguien también ha llegado a definir como “la Londres de las Antillas”, una ciudad que durante siglos fue una importante escala de las rutas comerciales que conectaban África con América y Europa. A las afuera de Bridgetown se sitúa La Guarnición, uno de los principales complejos militares del ejército británico en América. El lugar, que desde 1933 es la sede del Museo Barbados, propone un auténtico viaje a la Inglaterra colonial del XVIII con las fortalezas de Charles Fort y Santa Ana Fort;  la Garrison Savannah (que desde 1905 es un hipódromo) y los Túneles del Cuartel, una laberíntica red de túneles defensivos que hoy son el drenaje de la zona de pantanos de Savannah.

La casa de George Washington

La historia de esta Barbados empezó en torno a 1625, cuando llegó a la isla un capitán llamado John Powell y estableció una colonia que se especializó inicialmente en el cultivo de tabaco, algodón y azúcar. Como no podía ser de otra manera, también destacó como nido de famosos piratas de Caribe, como Sam Lord, quien se dedicaba a colgar luces en los árboles cercanos a los arrecifes para atraer a navíos, provocar su naufragio y quedarse así sus mercancías. Una época en la que también estuvo aquí el padre de las libertades americanas, George Washington, quien a sus 19 años de edad viajó a Barbados junto a su hermano, en la única estancia del primer presidente de Estados Unidos fuera de las colonias de Norteamérica. Su casa, aún en pie, nos proporciona una extraordinaria visión sobre cómo era la vida cotidiana en el siglo XVIII.

La isla es una de las puertas orientales del Caribe. Con una extensión parecida a nuestra mediterránea Ibiza, se localiza cerca de las islas de San Vicente y las Granadinas, y a unos seiscientos kilómetros de la desembocadura del río Orinoco, en la costa continental americana. Sin embargo, sus encantos no se limitan solo a la citada herencia colonial. La naturaleza es otro de sus grandes atractivos gracias a un clima excepcional y a un régimen de lluvias intenso entre los meses de  junio y noviembre. Aunque la isla disfruta de un clima plenamente tropical, suele estar apartada de las severas tormentas, ciclones y huracanes que asolan la región, y solo una borrasca tropical cada tres años (de promedio) y cuatro cada cien años atrapan de pleno al conjunto de la isla.

Y además, santuario natural

Como consecuencia de todo ello, se puede disfrutar en Barbados de una oferta excepcional de espacios naturales: la Reserva de Vida Salvaje, los barrancos de Welchman Hall Gully o el santuario natural de Graeme Hall, un área pantanosa donde conviven especies marinas con peces de agua dulce, y aves migratorias (como los Ibis y los flamencos) con loros, y cotorras. Otro regalo de la madre naturaleza son las cuevas de Harrison, una impresionante galería submarina atravesada por un río de aguas cristalinas que forman diversas cascadas de belleza espectacular, sin desmerecer otras atracciones naturales incitadas por la mano del hombre, como el Jardín Botánico de Andrómeda, concebido en el siglo XVIII, y la plantación de orquídeas y flores salvajes que levantó un horticultor llamado Anthony Hunte y que en la isla es conocido como Hunte’s Garden. Barbados es todo un vergel.

Hoteles: El gusto por el detalle

Otro de los grandes atractivos de la isla es su oferta hotelera y los servicios que ofrece al visitante como zona libre de impuestos. Además de ofrecer numerosos servicios ligados a la pesca submarina, el surf, el golf o paseos en helicóptero, en Barbados hay una gran oferta de joyerías, tiendas de lujo y servicios comerciales, que la hacen prácticamente única gracias al particular tratamiento fiscal que se ofrece al visitante.

Y, por supuesto, un completo abanico de alojamientos, del cual aconsejamos el Coral Reef Club, el Sandy Lane y el The Sandpiper. El primero es una oferta clásica de la alta hotelería caribeña, en activo desde los años 50 gracias a una familia británica (www.coralreefbarbados.com). Cuenta con 88 habitaciones, cottages y suites repartidos en una docena de hectáreas entre bellos jardines y extraordinarias playas. Un hotel incluido en el selecto Small Luxury Hotels of the World, con todos los servicios de un resort de estas características, en el más puro estilo de las ofertas más exclusivas que definen este tipo de establecimientos.

En la misma costa occidental se sitúa el Sandy Lane (www.sandylane.com), otro de los clásicos hoteles resort del Caribe (desde el año 1961) que aúna el estilo colonial de sus instalaciones con la seriedad británica y el esplendor de las Antillas. Tiene 96 habitaciones, 16 suites y una villa con cinco dormitorios que se extienden en un antiguo bosque de caobas con vistas a una fabulosa playa. El complejo ofrece actividades para la familia y todo el bienestar que se espera de un lujoso complejo hotelero en las Barbados (Spa, campos de golf, experiencia gourmet…) miembro además de The Leading Hotels of the World, sin olvidar una completa bodega de vinos y aguardientes, y unas instalaciones que apuestan por el detalle.

Finalmente, la tercera propuesta es The Sandpiper, un hotel muy cercano al Coral Reef Club, con quien comparte gestión y que es una de las ofertas más exclusivas de las llamadas Indias Occidentales (www.sandpiperbarbados.com). Tiene 48 habitaciones íntimas y espaciosas donde disfrutar del paraíso tras haber disfrutado de un completo Spa, gimnasio, partido de tenis o quizá de las piscinas privadas de la suites y del campo de golf situado a cinco minutos del complejo.