Fernando de Noronha [Brasil]: La primera utopía

Las islas e islotes que componen el archipiélago son la parte visible de un enorme volcán.

Fue el británico Tomás Moro quien creó el término “utopía”. Y lo hizo en el título de uno de sus libros, publicado en 1516, tras conocer los avatares del descubrimiento del archipiélago de Fernando de Noronha, llevado a cabo por una expedición financiada por la Corona de Portugal y que acabaría capitanenando Américo Vespucio. El relato del navegante florentino sobre aquel lugar fantástico, lleno de maravillas naturales, azuzó la imaginación de Moro, hasta el punto de que pensó que estas islas podrían ser ideales para ubicar aquella primera utopía.

Desde luego, Fernando de Noronha responde perfectamente a lo que hoy consideraríamos un lugar utópico. Para empezar, no es un archipiélago tropical al uso. Tampoco el típico de destino de vacaciones para todos los públicos. Más bien, todo lo contrario: quien venga aquí debe tener bien aprendidos algunos conceptos básicos de ecología y de escrupuloso respeto al medio ambiente. También, y pese a la aparente sencillez de sus restaurantes, tiendas y hoteles, deberá tener un buen puñado de reales en el bolsillo, pues aquí todo, o casi todo, llega por avión: y eso hay que pagarlo. De hecho, Fernando de Noronha es uno de los destinos más exclusivos del planeta.

Parque Nacional Marino

Las 21 islas e islotes que componen el archipiélago no son más que la parte visible de un enorme volcán cuya base se sitúa a más de 4.000 metros de profundidad, en el lecho oceánico, y que es la consecuencia de una erupción ocurrida hace 10 millones de años. De todas esas islas, Fernando de Noronha es la mayor y la única visitable. En el resto, declaradas Parque Nacional Marino, la presencia humana está prohibida, a excepción de trabajos puntuales de preservación o estudio científico. Las estrictas normas de acceso a Noronha, con un cupo de visitantes muy controlado por las autoridades medioambientales brasileñas y que deben pagar una tasa ambiental de conservación diaria, permiten comprender el valor natural de estas islas. Y es que se encuentran entre los espacios protegidos más singulares del planeta, situadas a 360 kilómetros de la costa continental más cercana, la ciudad de Natal. Esa singularidad ecológica está reconocida como tal por la Unesco que, en 2001, declaró Patrimonio de la Humanidad al archipiélago.

Como decíamos, los viajeros que llegan hasta aquí han de ser muy conscientes de ese valor y aceptar de buen grado las incomodidades que supone la preservación del medioambiente. Por ejemplo, en Noronha no existen grandes grandes complejos hoteleros y, en los alojamientos que hay, muchas veces no se dispone de agua caliente en los baños. Tampoco los viajeros van a encontrar locales nocturnos y diversiones hasta el amanecer, o restaurantes dirigidos por alguno de los grandes chefs internacionales.

A cambio, eso sí, pueden disfrutar de fantásticos paseos por su corazón verde, explorar unos fondos marinos con una fantástica visibilidad (de más de 30 metros) y una riqueza íctica comparable a la del Caribe o las Maldivas, aguas a una temperatura medias de 28 grados, ideales también para disfrutar de las pequeñas y solitarias calas que salpican el perfil costero. O practicar surf (las mejores olas se generan entre los meses de noviembre y marzo).

Peces de colores y tortugas

Para los amantes del senderismo, resulta muy recomendable adentrarse en la exuberancia vegetal de Noronha y subir hasta la base del Morro do Pico, que con sus 321 metros es el punto más elevado de la isla, situado al borde mismo del mar, dibujando una de sus imágenes más reconocibles. El Morro es la mejor referencia para orientarse en la isla, que, por otro lado, tiene un tamaño de lo más asequible: la superficie terrestre del archipiélago apenas alcanza los 26 kilómetros cuadrados.

Los que se decidan a adentrarse en los tesoros submarinos tienen 16 puntos principales de inmersión. Entre ellos está el llamado atolón de Las Rocas, uno de los raros atolones del Atlántico Sur, que es también uno de los más pequeños del planeta. Aquí, los submarinistas y aficionados al esnórquel pueden admirar las evoluciones de hasta 150  especies de peces multicolores, siete de coral, numerosos crustáceos, moluscos o tortugas marinas, aparte de esporádicas visitas de delfines y tiburones. Las Rocas constituye también un relevante espacio para la reproducción de un buen número de aves marinas.

Bucear entre pecios

El fondo marino en torno al perímetro costero está salpicado además de pecios de varias naves hundidas a lo largo de los siglos, lo que se ha convertido en uno de los principales reclamos para el submarinismo. Sobre todo la corbeta VR17 Ipiranga de la Marina brasileña, que zozobró en el año 1987 y cuyo casco se ha convertido en una inmersión recomendada para los más expertos, que en su punto máximo alcanza los 63 metros de profundidad.

Tras las actividades subacuáticas, sobre el mar o en tierra, lo más recomendable es dejarse llevar por el ritmo pausado, ralentizado más bien, de este archipiélago brasileño. Sentir la cálida brisa marina en alguna de las calas, o bien tumbarse en una hamaca y disfrutar de la indolencia de unas islsa que, si no fueran tan real y tangibles, podrían confundirse, tal y como le ocurrió a Tomás Moro, con la utopía.

Hoteles: Acogedoras e íntimas pousadas

No hay grandes hoteles en Fernando de Noronha. Las normas que preservan su riqueza natural no lo permiten. En cambio, sí existen unbuen  puñado de pequeñas “pousadas” y casas de huéspedes con encanto y mucho estilo, en las que experimentar la agradable hospitalidad brasileña. Un buen ejemplo es la Pousada Maravilha (www.pousadamaravilha.com.br), compuesta por cinco bungalós distribuidos en un pequeño jardín y tres apartamentos. Pese a su sencillez, está considerado como uno de los mejores pequeños hoteles de Suramérica y ofrece servicios exclusivos, como spa con sauna, sala de masajes, una escenográfica piscina y un restaurante gastronómico.

Quienes busquen una experiencia subacuática integral la tienen garantizada en Solar dos Ventos (www.pousadasolardosventos.com.br), a apenas 200 metros de Baía do Sueste, lugar con una gran concentración de rayas, pulpos, tortugas marinas y numerosas especies de peces tropicales. La pousada está compuesta por ocho cabañas de madera (dos de ellas para hasta cinco personas). Aparte de las inmersiones, la pousada coordina numerosas actividades para disfrutar de la naturaleza. Es uno de los alojamientos más demandados para las lunas de miel en Fernando de Noronha.

Bastante más sencilla (y económica) es la Pousada Zé Maria (www.pousadazemaria.com.br). Aunque no por ello con menor encanto. De hecho, desde sus habitaciones y bungalós (de entre 50 y 80 metros cuadrados) se disfruta de las mejores panorámicas directas al Atlántico y al Morro do Pico, la postal más reconocible de la isla. Además, los huéspedes también pueden disfrutar de un sencillo restaurante donde se sirve una fusión ente cocina brasileña y platos internacionales, aparte del jardín, con una piscina infinita de 150 metros cuadrados.

La sencillez es también el denominador común de Teju-Açu (www.pousadateju.com.br), con 12 habitaciones y un estilo decorativo muy confortable. Un lugar ideal donde dejar pasar el tiempo sin nada que hacer, a excepción de adormilarse con el balanceo de la hamaca que cuelga de la terraza de cada habitación.