Roatán e Islas de la Bahía [Honduras]: En busca del otro Caribe

Las Islas están frente al segundo arrecife de coral más largo del mundo tras la Gran Barrera australiana.

A pesar de su pequeña extensión, América Central es un territorio mucho más variado de lo que podría imaginarse. Sí, aquí hay lagos de aguas oscuras rodeados de altos volcanes, selvas profundas y valles cerrados en donde permanecen los restos de la antigua civilización maya y las ciudades coloniales reflejan la presencia española. Pero también se pueden descubrir islas luminosas y coralinas que brillan en un mar de color turquesa, y aldeas en las que personas de tez oscura no hablan castellano ni ninguno de los idiomas indígenas de la región. Tal vez el mejor lugar para vivir esta otra América Central sean las llamadas Islas de la Bahía, que se extienden frente a la costa septentrional de Honduras. Una pieza más de ese inacabable mosaico, que se descubre tras un cortísimo vuelo desde La Ceiba o San Pedro Sula o un viaje en barco, y donde el viajero puede creer que ha ido muy lejos.

En estas islas se puede bucear en el arrecife coralino de Belice, el segundo más largo del mundo después de la Gran Barrera de Coral de Australia. Son tres islas –Roatán, Utila y Guanaja– las que poco a poco se están consolidando como uno de los principales destinos de turismo de playa y para la práctica del submarinismo de Centroamérica. Los visitantes disfrutan también de un ambiente sosegado que invita a la relajación, al contacto con sus habitantes.

Refugio de cinco mil bucaneros

Se sabe que Cristóbal Colón llegó a la isla de Guanaja en 1502, durante su cuarto y último viaje a América. Es interesante recordar un hecho que el almirante refleja sin entender muy bien su importancia: habla de la existencia de unas “almendras” desconocidas para él y a las que los locales tenían un aprecio tan desmesurado que, cuando algunas se cayeron al agua, todos se tiraron de cabeza a recuperarlas, “como si se les hubiera caído un ojo”. No sabía que estaba realizando la primera descripción del cacao, una de las plantas que más pasiones ha despertado en toda la historia de la humanidad.

La población actual de las islas de la Bahía apenas muestra influencias hispanas, al contrario que el resto de Honduras. Poco después de la llegada de Cristóbal Colón, las islas estaban despobladas ya que los indígenas habían sido trasladados a trabajar a las plantaciones de Cuba. Esta situación fue aprovechada por los piratas ingleses, franceses y holandeses, que se instalaron en estos parajes solitarios. Se dice que Henry Morgan tuvo durante un tiempo su base en Roatán a mediados del siglo XVII, cuando había más de cinco mil bucaneros viviendo en este archipiélago. Estas islas acogen en la actualidad a muchos miembros de la comunidad garífuna, descendientes de la relación entre esclavos negros que arribaron a estas islas salvándose de naufragios o escapando de las islas vecinas y los indios caribes que las habitaban. Los garífunas tienen su cultura e identidad propias, con elementos africanos e indígenas. Se los llama en ocasiones los caribes negros y se estima que en la actualidad son más de 600.000 los residentes en Honduras, Belice, Guatemala, Nicaragua, el sur de México y Estados Unidos.

Fondos coralinos

El atractivo principal de las Islas de la Bahía es su carácter de pequeño paraíso caribeño, diferente del resto del mundo, donde es posible vivir el sueño de olvidarse de todo. Los fondos coralinos atraen a un número creciente de submarinistas, deseosos de bucear entre peces de colores, barcos hundidos, cuevas y corales. Las instalaciones turísticas desarrolladas, con pequeños hoteles y restaurantes con verdadera personalidad, resultan ideales para los que evitan los grandes resorts todo incluido de otras islas del Caribe y prefieren un ambiente distinto. Como en otras islas coralinas, las playas hermosas no se distribuyen por todo el litoral sino que se concentran en una parte. Aquí las mejores están en la zona de West Bay y Sandy Bay. Son paraísos de palmeras, arenas blancas y aguas transparentes en las que el bañista se ve rodeado de peces de color rosa. El único pero es la presencia, en ciertas épocas del año, de jejenes en la playa.

A pesar de la llegada de los vuelos internacionales al aeropuerto de Roatán, con el consiguiente aumento de visitantes, todavía se mantiene el ambiente relajado: los pescadores de langosta siguen amarrando sus barcos en French Harbour y las señoras se protegen del sol con sus sombrillas cuando caminan frente a las casas de madera de colores de Oak Ridge.

La Venecia de Honduras

A poca distancia de Roatán, Utila es la más tranquila y uno de los mejores destinos para los submarinistas. Guanaja es la más alejada y misteriosa, con bosques, colinas y cascadas. Gran parte de la isla está protegida como reserva natural y parque marino. Lo curioso es que buena parte de la población de Guanaja no vive en la isla en sí, sino que se agolpa en un pequeño cayo cercano completamente ocupado por las viviendas. Los locales llaman Bonacca a esta extraña ciudad sin coches y por la que se transita por estrechos callejones y canales, a la que se le da el sobrenombre de la Venecia de Honduras. Como casi toda la población y los servicios se concentran en Bonacca, el resto de la  isla permanece intacta, manteniendo en gran medida esa imagen eterna que tanto agradó a Colón cuando la descubrió hace más de cinco siglos.

Hoteles: Vacaciones al sol

El nivel de los hoteles de Roatán no puede equipararse con el de otras islas del Caribe. Los viajeros internacionales han llegado a las Islas de la Bahía hace relativamente poco tiempo, y el turismo de lujo se encuentra dando sus primeros pasos. Es posible encontrar, de cualquier modo, hoteles con el suficiente nivel de confort y servicio para garantizar una estancia cómoda y tranquila. Anthony’s Key (www.anthonyskey.com) es uno de los hoteles más conocidos y es muy apreciado por los submarinistas que vienen a bucear a la segunda barrera de coral más larga del mundo, tras la de Australia. Ocupa la ladera de una colina, y al borde del mar se encuentran las instalaciones dedicadas a los deportes acuáticos, mientras que las cabañas se distribuyen entre la vegetación. También hay bungalós tipo palafitos al borde del mar. Dentro de sus instalaciones se encuentra el Instituto de Ciencias Marinas de Roatán. 
La Palmetto Bay Plantation (www.palmettobayplantation.com) es un lugar apartado que favorece el aislamiento y la tranquilidad. Situado en una bahía de acceso privado, en la que se ha procurado mantener la vegetación autóctona, un conjunto de 37 bungalós, de diferentes características, están distribuidos bajo las palmeras y los árboles tropicales, lo que favorece la sensación de estar inmersos en la naturaleza. La cocina del establecimiento se basa en el marisco y las frutas tropicales.

El Barefoot Cay (www.barefootcay.com) está situado en un pequeño cayo privado, en la orilla meridional de Roatán, por lo que hay que tomar una pequeña lancha para cruzar el canal que lo separa de la isla principal. Solo hay 11 estancias: dos bungalós de un dormitorio y otros dos de dos en la playa del cayo, mientras que las otras siete habitaciones se encuentran en un edificio en el edificio principal, en Roatán, por lo que no es necesario cruzar al cayo. También dispone de centro de buceo. Ya en el extremo occidental de la isla, Infinity Bay Spa & Beach Resort (www.infinitybay.com) es una de las nuevas incorporaciones al nivel más alto de alojamiento de Roatán. Cuatro tipos diferentes de alojamiento, en suites y villas, proporcionan un buen lugar para unas vacaciones al sol.