Vieques y Culebra [Puerto Rico]: Entre olas de plata y coral

El ferry que lleva a Vieques desde Fajardo permite disfrutar más del azul eléctrico de las aguas.

Tierra pequeña. Eso es lo que significa Vieques, aunque hay quien asegure que tal nomenclatura hace referencia al apellido de un cacique taíno que habitaba el lugar. Los colonos ingleses de territorios vecinos la llamaban Crab Island, por la abundancia de cangrejos, y Luis Llorens Torres, poeta y periodista local de principios del siglo XX, “la isla nena” que un día dio a luz la isla madre. Apenas mide 33 kilómetros de largo por siete de ancho, pero ha conseguido que viajeros de todo el mundo suspiren por este pedacito de tierra, hermoso y muy codiciado, que llegó a estar controlado por España, Inglaterra y Francia en diferentes etapas. Todos esos países dejaron su particular poso en esta isla situada diez kilómetros al Este de Puerto Rico, bañada al norte por el Océano Atlántico y al sur por el Mar Caribe. Hasta aquí se puede llegar por avión desde San Juan y en ferry desde la ciudad de Fajardo, una travesía para disfrutar del azul eléctrico de sus aguas. Los vientos alisios que soplan directamente sobre ella moderan su temperatura, aunque bañarse de sol sea aquí el objetivo principal que persiguen quienes ponen un pie en el puerto de Isabel II. La fantástica mezcla cultural es la principal seña de identidad de este particular oasis cuya mayor elevación también tiene un nombre evocador: Monte Pirata.

Diosas de agua

El monte, con 301 metros de altura, ofrece una panorámica única, aunque quizás sea mejor contemplarlo desde el miradero de la laguna Kiani, bautizada así en honor de una de las diosas de agua a la que los indígenas taínos rendían culto. Es una de las lagunas bioluminiscentes más importantes de todo el Caribe y está rodeada de un paseo marítimo abierto al público sólo de día. Para hacer de la noche un momento mágico y especial lo mejor es dirigirse a la vecina bahía Mosquito, cuyos vecinos se pasan el día mirando el tamaño que tiene la Luna. La suerte llega si no está llena. Porque sólo cuando no hay luz suficiente es posible asistir a uno de los fenómenos más impresionantes del mundo. En la ensenada viven unos microorganismos –los dinoflagelados– que desprenden energía cuando se agitan. Basta con pasar la mano sobre el agua para que el mar se vuelva casi fluorescente. Hay dos opciones: contemplar el espectáculo desde la borda de alguno de los muchos barcos que realizan trayectos nocturnos o subirse a un kayak y remar al viento sobre un manto pintado de un azul extrañamente luminoso.

Palmeras y coral

Otro color es el que tiñe la arena de la Playa Negrita, de origen volcánico, aunque también hay otra de la Plata, de arenas blancas, y otra Green, justo en el punto exacto en el que se unen las aguas del Océano Atlántico y el Mar Caribe. Los solitarios deberán dirigir sus pasos hacia la playa Escondida, romántica como pocas, en la que sólo caben cuatro personas. Para quienes quieran practicar esnórquel, ninguna como la playa de la Chiva, siempre con peces naranjas, amarillos y violetas a los que mirar con las gafas puestas. Para ver de cerca los arrecifes de coral es aconsejable preparar la inmersión en Punta Este y Punta Mulas, al norte, y en Punta Arenas y Punta Bocas, al sur. En el sur queda también la ensenada Sombe, donde aparece inmensa la exótica Sun Bay, con palmeras alineadas en primera línea de mar y merenderos dispuestos para que familias enteras disfruten de las bondades de Puerto Rico. Aquí está el único balneario de Vieques, muy cerca del municipio de Esperanza, uno de los primeros asentamientos en la isla que después fue una importante plantación de caña de azúcar.

Historia y Naturaleza

Además de destino de Naturaleza, Vieques es un destino histórico en sí mismo, con algún monumento de interés, como el Faro de Punta Mulas, en el la localidad de Isabel II, del siglo XIX, con una torre octogonal de 15 metros de altura. En la ciudad más importante de la isla se alza también el fortín del Conde de Mirasol, construido en 1845 por el español Rafael de Arístegui, gobernador de Puerto Rico, para controlar los posibles ataques por mar de franceses e ingleses. Sus murallas nunca fueron terminadas, pero aún se aprecian sus restos sobre una colina. Pero, sin duda, el principal símbolo de Vieques no es ni un fuerte ni una playa, ni siquiera los arrecifes de coral. Es una gigantesca ceiba de unos 400 años, próxima a bahía Mosquito. A su sombra descansan y pastan multitud de caballos salvajes que recorren los caminos de interior que pueblan la isla.

La última isla virgen

A diez kilómetros al Este de Puerto Rico, a unas nueve millas al norte de Vieques, emerge en el mar la isla Culebra, también llamada la isla Chiquita, de sólo 30 kilómetros cuadrados de superficie, descubierta para el mundo por Cristóbal Colón en 1493 y residencia habitual de piratas durante siglos. Rodeada de arrecifes de coral y declarada reserva natural, es un refugio de vida silvestre junto a otras 23 islas adyacentes, entre ellas la de Culebrita. Su costa está repleta de acantilados y manglares y ofrece playas únicas, como la de Flamenco, de arena blanca, aguas cristalinas y apenas oleaje. De noche es el mejor lugar para contemplar las estrellas.

Hoteles: Habitaciones con vistas

Lavanda, té, aloe vera, jengibre, extractos de coco, granos de café… Son algunos de los condimentos que aparecen diluidos en aceites esenciales y cremas especiales para los tratamientos de belleza y relax que se pueden seguir en el Away Spa del Hotel W Retreat (www.wvieques.com), no demasiado lejos de Isabel II. Las fabulosas habitaciones con vistas al Atlántico encuentran su complemento perfecto en la piscina, en el W Café frente a la playa y, sobre todo, en el restaurante miX, que lleva la firma del chef francés Alain Ducasse, que experimenta aquí con los sabores caribeños. Otro restaurante en el que es obligado reservar mesa es el bbh, del Bravo Beach Hotel (www.bravobeachhotel.com), en los Bravos de Boston, en el que el pescado es el gran protagonista. El hotel está pensado para parejas, que pueden decantarse por la suite Luna de Miel –toda decorada en tonos blancos, con terraza privada– o por la Villa Bravo, con un interior de diseño y vistas al mar.

Más íntimos son el Inn On The Blue Horizon (www.innonthebluehorizon.com), a sólo cinco kilómetros de bahía Mosquito, con habitaciones con cierto aire colonial y una piscina que casi se confunde con el mar, y el Hix Island House (www.hixislandhouse.com), que ofrece apartamentos tipo loft, muy minimalistas, en tres casas diferentes: la Redonda, la Triangular y la Rectangular. Un lugar con personalidad propia para disfrutar de la Naturaleza y relajarse. Esa misma premisa siguen también en el Club Seaburne (www.clubseabourne.com), un coqueto hotel boutique en isla Culebra. Cuenta con un muelle privado y con unos preciosos jardines en los que no faltan palmeras, flamboyanes, árboles de alelí y aves del paraíso. Su restaurante es el mejor lugar para probar auténticas delicias locales, como la langosta culebrense, el pionono de chillo o el quesito hojaldrado de camarón. Cerca de la laguna de Comelio, el Tamarindo Estates Beach Apartments (www.tamarindo-beach.com) ofrece pequeñas villas para sentirse un habitante más de la pequeña Culebra.