Isla Mauricio [Mauricio]: Paisajes de domingo

Casi 900.000 turistas aterrizan cada año en Mauricio, que se encuentra a 860 km de Madagascar.

Fueron las deudas las que en el año 1896 hicieron desembarcar al escritor Mark Twain en Mauricio. Agobiado por sus acreedores, emprendió una gira de conferencias por el mundo para poder sanear sus cuentas, una experiencia que acabaría plasmada en el libro Siguiendo el Ecuador. Al estadounidense no le llamaron demasiado la atención las playas, a las que solo dedicó un par de líneas, sino más bien las tierras del interior, con sus campos de caña y su vegetación tropical. Bonita y encantadora aunque no excitante, según su descripción, para él Mauricio era como un “paisaje de domingo”. Y sí, algo de domingo tiene para los viajeros que acuden hasta esta isla del Índico situada a 860 kilómetros de Madagascar. Van a desconectar, a intentar aparcar rutinas y adquirir otras nuevas: buscar peces de colores, bañarse en sus aguas turquesas, tumbarse en la playa a leer y hacer alguna que otra excursión. Pero, a diferencia de Twain, en la maleta no puede haber sitio para deudas. Porque, aparte de paraíso y playas de infarto, Mauricio también es sinónimo de lujo y exclusividad.

Aguas cristalinas

Los primeros hoteles abrieron sus puertas en los años 60 de la mano de las cadenas Sun International y Beachcomber, pioneras en la industria del turismo mauriciano. En la actualidad, casi 900.000 viajeros aterrizan cada año en el aeropuerto de Port Louis en busca de las arenas blancas y las aguas transparentes que han hecho famosa a la isla. Se dirigen a alguno del centenar de establecimientos esparcidos a lo largo de su litoral, deseando llegar a una bonita habitación de estilo colonial, abrir la maleta y sumergirse en la playa privada del hotel.

Pero, a diferencia de otros destinos paradisíacos, en Mauricio los arenales más hermosos no son privados. Dependiendo del hotel, a veces un corto paseo a través de la orilla conduce a alguno de ellos, donde seguro que habrá más de un mauriciano disfrutando de un picnic o haciendo la sobremesa a la sombra de una casuarina. En el norte, la costa más bella para la mayoría de los locales, se encuentran Pereybere, La Cuvette y Trou aux Biches, con la barrera de coral situada a tan solo 250 metros de la orilla. En el este sobresalen el largo arenal de Belle Mare y Blue Bay, una de las mejores playas donde bucear, mientras que en el oeste se encuentran los seis kilómetros de playa de postal de Flic en Flac. Esta zona también es conocida por ofrecer la mayoría de la treintena de puntos de inmersión de submarinismo de la isla.

Le Morne Brabant

Los fondos de Mauricio permiten ver desde peces ángel, payaso y mariposa hasta tiburones, rayas y barracudas. Y un poco más al sur, una de las mejores playas de Mauricio para practicar windsurf y kitesurf: Le Morne. Con viento casi todo el año, la cara oriental es más apropiada para principiantes, mientras que los más curtidos se mueven por el lado meridional, llamado One Eye. El ojo que se ve es una oquedad presente en Le Morne Brabant, la famosa roca basáltica de la isla. Y no solo es célebre por su característico perfil. Este lugar ya quedó ligado a la historia y el imaginario del país durante el siglo XIX. Refugio de los esclavos que huían de su infortunio, en 1835 un grupo de ingleses se acercó al lugar para comunicar que la esclavitud había sido abolida, con el trágico resultado de que o por no entenderles o malinterpretar sus intenciones, los esclavos saltaron al vacío en busca de la muerte. Hoy este escenario ha sido declarado por la Unesco Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad.

Descubrimientos sin toalla

Las vistas desde lo alto de Le Morne Brabant resultan espectaculares y se pueden disfrutar tras una ruta de senderismo, aunque no es la única caminata que ofrece la isla. Algunas de las mejores se encuentran en el cercano parque natural de Gorges de la Riviere Noire, con numerosas rutas para descubrir por libre o acompañado de un guía del parque. Otros de los rincones más visitados del interior de la isla son Chamarel, un paisaje volcánico llamado “la tierra de los siete colores” –mejor acudir a primera hora de la mañana–; el Grand Bassin, un lago natural e importante lugar de peregrinación para los hindúes, que acuden en masa durante el festival Maha Shivratree, y el jardín botánico Pamplemousses, famoso por sus nenúfares. Es preferible evitar el paseo al caer la tarde, cuando los mosquitos campan a sus anchas.

Y a pocos kilómetros, de nuevo la costa. Aquí, en la cara este, queda Port Louis. Una mañana de paseo es suficiente para conocer sus atractivos, entre los que destaca el mercado y las calles circundantes, más que nada para ver el ambiente multirracial del país, donde conviven criollos, chinos, indios tamiles, musulmanes y malgaches. Si se va a la capital un sábado por la mañana, hay que pasarse por las carreras. Mauricio cuenta con uno de los clubs hípicos más antiguos del mundo, el Mauritius Turf Club, que justo este año cumple dos siglos. Por eso no es de extrañar que la pasión nacional sean las carreras, donde se apuesta por el jinete y no por el caballo.

Hoteles: El lujo como norma

La mayoría del centenar de hoteles de Mauricio son de cinco estrellas y gran lujo. Nombres como Beachcomber, One & Only, Hilton, Oberoi o Sofitel confirman la exclusividad que se encuentra el viajero en la isla. Es el caso de The Residence (www.theresidence.com), el favorito entre el público español y con una de las mejores playas privadas de Mauricio. Sus 168 habitaciones y suites son de estilo colonial, con una superficie que oscila entre los 54 y los 164 metros cuadrados. También en el Este se localizan los exclusivos Four Season Resort at Anahita (www.fourseasons.com) –sus 136 villas tienen piscina privada– y Le Touessrok (www.letouessrokresort.com), que incluye los tratamientos del Givenchy Spa y el campo de golf más largo de Mauricio, situado en la isla Ile aux Cerfs. También de Sun International es el Long Beach Hotel (www.longbeachmauritius.com), el último cinco estrellas en llegar. Se diferencia en su apuesta por las líneas contemporáneas tanto en los exteriores como en sus 255 amplias habitaciones. Otro hotel que ha abandonado los muebles de teca es el Sofitel So Mauritius Bel Ombre (www.sofitel.com), cuyos espacios comunes, suites y villas llevan la firma del diseñador Kenzo Takada. Se encuentra en la costa sur de la isla. La cadena tiene otro establecimiento junto a la playa de Flic en Flac, el Sofitel Mauritius L’Imperial Resort & Spa. En el oeste también se encuentra The Oberoi Mauritius (www.oberoihotels.com), sinónimo indiscutible del gran lujo. Su impecable servicio y los jardines tropicales que rodean el complejo son dos de sus señas de identidad. La del Dinarobin Hotel Golf & Spa (www.dinarobin-hotel.com) es, en cambio, su localización en la península de Le Morne, junto a la famosa elevación de la isla. Sin olvidar su Clarins Spa, otro de los puntos fuertes de este hotel de la cadena Beachcomber. Y una reciente opción son las villas de lujo de Club Med en el nuevo Resort 5 Tridentes La Plantation d’Albion (www.clubmed.es). Las villas de entre 255 y 400 m2 disponen de jardín privado, terraza mauriciana y piscina para vivir momentos privilegiados.