Lamu [Kenia]: Fusión árabe y africana

Los dhows, las embarcaciones de origen árabe, son una constante en el paisaje marítimo de Lamu.

El más concurrrido de los actos que se celebran a lo largo de las cuatro jornadas que dura el Festival Cultural Internacional de Lamu, a finales de noviembre, es la carrera de burros. En la calle que hace las veces de puerto se concentran miles de personas para ver el gracioso paso de estos equinos, montados por jinetes que raramente superan los 15 años. Puede parecer curioso que los burros sean los protagonistas de un certamen de tipo cultural, pero tiene sentido. Sobre todo cuando se conoce la importancia que ha tenido (y tiene) este animal para la economía y forma de vida de los habitantes del archipiélago.

En Lamu, cuya ciudad vieja (la más antigua de las urbes habitadas de Kenia) está declarada Patrimonio Mundial por la Unesco, no hay coches; si acaso alguna moto o bicicleta, y la única competencia a la trascendental función de transporte de estos equinos son los dhows, unos barcos de origen árabe que, aprovechando la fuerza del viento, recorren la costa de este pequeño archipiélago de la costa suajili y que también participan en varias regatas durante el Festival Cultural.

En cualquier caso, la programación de éste no se limita a las competiciones deportivas. Ni mucho menos: hasta aquí llegan cada año grupos musicales, escritores y artistas de las más diversas disciplinas para mostrar y poner en común sus creaciones y conocimientos. Un aliciente más para la estancia en una ciudad donde el arte y el buen gusto estético esperan a cada esquina.

Lamu fue fundada entre los siglos XIV y XV por comerciantes árabes, que decidieron establecer aquí una escala estratégica para sus operaciones por la costa africana del Índico. Los árabes dejaron su impronta, fundamentalmente en la arquitectura, con casas construidas con corales y yeso, que muestran fachadas sencillas y en las que solo destacan los pórticos, tallados en una fina marquetería (sobre madera o yeso) con los célebres motivos vegetales y geométricos del mundo islámico. Las huellas árabes se hacen también patentes en las costumbres y forma de vida de los habitantes de Lamu. Por ejemplo, buena parte de las mujeres van cubiertas con la hiyab, que las cubre de pies a cabeza, y los hombres con las habituales túnicas. Y los artesanos y vendedores de tallas en madera, bisutería, muebles, cerámicas o llamativas telas teñidas con pigmentos naturales (como los kikois que visten muchos hombres) invitan a los visitantes a conocer sus negocios con la hospitalidad y el arte para los tratos comerciales que caracterizan a los árabes.

Museos y fortalezas

En la ciudad vieja conviene visitar la fortaleza, construida en el siglo XIX y que, aparte de baluarte defensivo frente a los periódicos ataques de todo tipo de invasores, ha sido cárcel y hoy centro cultural y turístico. También es recomendable el Museo de Lamu, que muestra una interesante recopilación de objetos de uso cotidiano y paneles donde se explican los principales hechos históricos por los que ha pasado el archipiélago, así como el resultado cultural de la convivencia entre las culturas árabes y suajili.

Didáctico resulta el paseo por las ruinas de Takwa, una ciudad fundada entre los siglos XV y XVI que fue abandonada en el XVII por la progresiva salinización de los pozos en que bebían sus habitantes. Entre los restos de sus casas coralinas o penetrando en los muros que quedan en pie de la antigua mezquita, rodeado de baobabs y acacias africanas, uno emula la fascinación que produce en el lector la leyenda de la ciudad perdida narrada por Kipling en El libro de la selva.

A Takwa se llega en barco a través de una tupida masa de manglares en la que habita una variada fauna, tanto en superficie como bajo el agua, de un gran valor biológico. De hecho, los amantes del submarinismo o quienes se animen a practicar el esnórquel pueden disfrutar de la variedad íctica de estas aguas, repletas de arrecifes de coral. Esta diversidad también se puede disfrutar en lugares como Kinkiya o en Manda Toto, esta última en Manda, una isla donde se encuentra el aeropuerto del archipielago, al que llegan los vuelos que diariamente la comunican con Nairobi y Mombassa. Manda ofrece también alguna de las mejores playas de Lamu, en las que se pueden practicar los más variados deportes náuticos.

Ilustres visitantes

Los alojamientos que se sitúan en esa isla ofrecen un ambiente algo menos bullicioso y mundano que en la ciudad de Lamu o en Shela. Esta última es muy conocida entre el star system mundial, pues varios de sus representantes más conocidos, como Carolina de Mónaco, Sting, Ewan McGregor o Sienna Miller, entre otros muchos, atraídos por la autenticidad y lo recóndito del archipiélago, han decidido construirse o alquilan de vez en cuando algunas de las bellísimas mansiones con jardín y vistas al mar que hay aquí y que preservan al máximo su privacidad.

Tampoco es raro observar a algunos de ellos disfrutando del atardecer desde la terraza del Peponi, un emblemático bar, restaurante y hotel que es una de las principales referencias del archipiélago. Allí, cerveza en mano y contemplando el plácido paso de los dhows de pescadores y comerciantes, con su vela desplegada a la suave brisa de la tarde, resulta muy fácil olvidarse de que más allá de Lamu el mundo real espera.

Hoteles: Sin zapatos y con gusto

Uno de los principales atractivos de los alojamientos de Lamu es que en muchos de ellos se impone el concepto “no shoes”. Es decir, se puede disfrutar de todas sus comodidades sin necesidad de calzarse. Un buen ejemplo del ambiente de relajación que se pretende (y normalmente se consigue) en ellos. Sin zapatos no quiere decir sin gusto. Así lo entienden, por ejemplo, en The Majlis Lamu (www.themajlisresorts.com). Situado en Manda, frente al canal marino que separa esta isla de Lamu, el complejo está decorado de acuerdo con un lujoso estilo árabe y numerosos detalles africanos, tanto en los espacios generales como en las 25 amplísimas habitaciones del establecimiento. Entre los primeros detacan la piscina, el bar chill out y el restaurante, que aprovecha los productos locales en preparaciones de cocina internacional.

En Shela está el Hotel Peponi, (www.peponi-lamu.com) que abrió sus puertas en 1967 y que, desde entonces, es toda una referencia para los visitantes internacionales. Los huéspedes de sus 24 habitaciones encuentran aquí un ambiente mundano, aparte de los mejores atardeceres del archipiélago. Y en su restaurante se sirven pescados preparados al estilo suajili, con alguna influencia internacional, como sus célebres sushis.

Quienes busquen privacidad la tienen más que garantizada en The Red Pepper (www.theredpepperhouse.com), un complejo que es propiedad de un empresario español y que tiene solo cinco habitaciones, un inmenso jardín y acceso directo a una playa de arena finísima. Aquí todo está pensado para conseguir un ambiente de relajación total. Desde los sofás y sillones repartidos por el hotel hasta las grandes camas de sus habitaciones, los baños al aire libre, la estilosa piscina, la delicadeza del servicio o un restaurante con muchos guiños a la cocina mediterránea. Una última recomendación es Kizingo (www.kizingo.com), pequeño resort de ocho habitaciones situado junto a una playa de arena fina de 12 kilómetros. Todo el complejo está conformado por cabañas de madera abiertas a las brisas del Océano Índico.