Malé [Maldivas]: Un hotel, una isla

Maldivas es un archipiélago formado por 1.190 islas coralinas agrupadas en 26 atolones del Índico.

Seamos sinceros. El mundo está bastante convulso con la crisis económica, pero, a cambio, viajar a países exóticos nunca ha sido tan barato como ahora gracias a las ofertas de la mayor parte de las aerolíneas. El archipiélago maldivo se puede alcanzar desde 700 euros a bordo de un avión de Qatar, Emirates o Srilankan Airlines, siendo el vuelo considerablemente más económico que el de aquellos destinos con los que compite por lograr la categoría de “mejor paraíso en la Tierra”, llámense Seychelles o Tahití.

Si a todo esto unimos el hecho de que Maldivas está en serio peligro de extinción, ya contamos con dos buenas excusas para poner rumbo hasta esta región. Se prevé que el calentamiento global y el consiguiente aumento de los oceános hará desaparecer las islas –el punto más alto no supera los dos metros– a finales de siglo y su gobierno ya está barajando como alternativa comprar terreno en tierra firme.

Maldivas, el último paraíso, ha engrosado esa lista de países a los que hay que viajar antes de que… El cúmulo de sensaciones que depara viajar hasta allí comienza incluso antes de llegar al aeropuerto de salida, pues uno ya sueña despierto con esa suerte de paraíso reservado solo a unos pocos afortunados, porque sabe a lo que va. Las altas palmeras, las playas de postal y de arena blanca, el cóctel en la mano, la apasionante tarde de buceo sumergiéndose en unas aguas cristalinas, el plato de deliciosa langosta, el palafito de madera sobre el mar, la isla privada, el imponente atardecer, el relajante masaje del Spa… No es para menos tratándose de un destino cuyo billete o noche de hotel cuesta el equivalente (a veces más) al salario mínimo interprofesional. Un lugar que no conoce la palabra backpacker (mochilero).

La pequeña Malé

Formado por 1.190 islas coralinas agrupadas en 26 atolones en el Océano Índico, al oeste de Sri Lanka, el archipiélago de Maldivas solo cuenta con una puerta de entrada y de salida por aire: la isla de Hulhule, donde se levanta el aeropuerto internacional de la República.

Su vecina, Malé, acoge la capital de mismo nombre, aunque la isla es prácticamente una ciudad en toda su extensión, pues apenas queda superficie construible. Es una de las urbes con mayor densidad de población del mundo –más de cien mil personas en menos de seis kilómetros cuadrados– y el enlace hacia cualquier otra isla maldiva. Porque Malé es realmente un lugar de paso donde encontraremos de todo –tiendas, vida nocturna, cajeros, edificios emblemáticos y muchas motos– y menos exclusividad, privacidad, playa desierta o todo aquello que se identifique con el paraíso.

Lo que sí tiene es un bonito skyline plagado de colorines, una playa artificial, dos mezquitas destacables (sobre todo Hukuru, que sorprende al viajero por sus paredes de piedra coralina), dos palacios presidenciales, un museo nacional, bonitos jardines de orquídeas y rosas en Sultan Park… y tres curiosidades que la hacen original. La primera, sus dos bulliciosos mercados de alimentación, sobre todo el de pescado, donde las piezas se despliegan sobre el suelo cual lonja japonesa. La segunda, recorrer las calles y descubrir que la mayor parte de las casas tienen nombre, algunos tan curiosos como Forget me not (No me olvides) o Always happy house (Casa siempre contenta). Y la tercera y última, explorar las numerosas tiendas de telas –utilizadas por los locales para hacerse la ropa a medida– y maravillarse con los coloridos y estampados.

Glamour en el último paraíso

Hace apenas unos años, la mayor parte de las islas del archipiélago maldivo no se podía encontrar en Google Maps. El desarrollo del turismo siguiendo la fórmula “un hotel, una isla” ha provocado que cientos de ellas hayan quedado ubicadas en el mapa. Una de las experiencias memorables es precisamente sobrevolarlas, pues la mayor parte de traslados desde Malé a los resorts se hacen en hidroavión. Casi todos los establecimientos hoteleros del archipiélago son de gran lujo y reciben a sus huéspedes con un “maruhabba”, “bienvenido” en dhivehi, además de agasajarlos con una bebida refrescante y la mejor de las sonrisas. Incluso es posible que les ahorren el fastidioso check-in. Suelen ser parejas de escapada romántica, urbanitas que buscan el descanso en un marco de ensueño, amantes del buceo y la vida marina o bon vivants que siente una especial predilección por la buena mesa y el cuidado del cuerpo.

Esnórquel y arrecifes de coral

Muchos turistas llegan dispuestos a hacer de todo –deportes acuáticos, excursiones a islas deshabitadas, pesca…– y otros, sin embargo, prefieren no hacer absolutamente nada. Lo ideal es que nadie descarte, al menos, el esnórquel y el buceo. El lujo de los resorts se prolonga bajo el mar en Maldivas. La riqueza del fondo marino –con 3.000 arrecifes de coral, más de mil especies acuáticas y visibilidad hasta los 50 metros de profundidad– hace que muchos dispongan de escuelas de buceo con certificado PADI y del equipamiento necesario para la inmersión. De lo demás se encarga la naturaleza: corales, tortugas, tiburones, mantas raya y peces tropicales vistiendo un sinfín de colores.

Hoteles: Dormir en la gloria

Las islas principales, Malé y Hulhule, cuentan con algunas opciones de alojamiento poco interesantes, a excepción del Hotel Traders (www.shangri-la.com), de la selecta cadena Shangri-La, que está ubicado a menos de diez minutos del aeropuerto. Para disfrutar de Maldivas, nada mejor que dispersarse por las islas que forman los distintos atolones (la misma Shangri-La cuenta con el Villingili Resort and Spa en el atolón de Addu). Muchas de ellas son privadas y están ocupadas por los paraísos vacacionales de las grandes cadenas de lujo. A menos de media hora se encuentran los Soneva Gili (20 minutos) y Fushi (30 minutos), dos interesantes propuestas de la cadena Six Senses (www.sixsenses.com) que no paran de ocupar páginas de papel cuché, sean de viajes, de decoración o de tendencias. Construidos ambos en madera, el primero destaca por sus espectaculares palafitos y el segundo por combinar playa y selva en sus estancias. Aproximadamente en el mismo tiempo se llega a la espectacular versión maldiva del W de Starwood (www.starwoodhotels.com/whotels), a los coquetos Small Luxury Hotels Baros (www.baros.com) y Huvafen Fushi (www.huvafenfushi.peraquum.com) o a uno de los siete One&Only que hay en el mundo, Reetih Rah (www.reethirah.oneandonlyresorts.com). Todos bendecidos por el impecable diseño, la gastronomía gourmet, el Spa exquisito y el servicio perfecto. La asiática Banyan Tree (www.banyantree.com) dispone no de uno sino de dos elegantes resorts en Maldivas: Madivaru y Vabbinfaru.

El sutil Cocoa Island (www.cocoaisland.como.bz), especializado en yoga y ayurveda, es otro de los habituales en el ranking de hoteles maldivos y en las revistas de moda. Sin embargo, una de las propuestas más originales es la de Four Seasons (www.fourseasons.com/maldivesfse) a través de su yate de lujo Explorer. Propone un crucero de tres, cuatro o siete noches con escalas en sus dos resorts, que no admite más de 22 huéspedes a la vez. También está la opción exclusivísima y personalizada de The Rania Experience (www.raniaexperience.com), que brinda la posibilidad de alquilar una isla entera con staff para uso exclusivo, cuyo precio incluye el uso ilimitado de equipamiento de buceo, de su centro PADI y el asesoramiento de un instructor de buceo personal.