Hayman y las Whitsunday [Australia]: En la Gran Barrera

Cayo del archipiélago de las Whitsunday.

Para los aussies –apodo con que se autodenominan los australianos– no existe una Australia sino dos: la que resulta de la experiencia del Gran Azul y el resto de la isla continente. Y en primera fila de ese jardín de corales que es la gran barrera coralina, la Great Barrier Reef, que hasta se divisa desde el espacio exterior, el archipiélago de las Whitsunday no sólo es el anhelo de viajeros de los cinco continentes sino también de los propios locales. Todos sueñan con navegar por el Cucumber Group –el nombre oficial de esta islas, el grupo pepino–, y perderse en su paleta de colores y texturas extraterreste.

Tesoro de vida marina

Desde el aire –muchas veces, la mejor forma de acceso–, en su orografía apenas se divisan bancales de arena nacarada emergente, con un reborde cristalino, en torno a un denso tapete de terciopelo vegetal. En las distancias cortas, este mermado centenar de islas e islotes –unos noventa– con clima subtropical y ribeteados de mangles ostentan el récord de albergar un tesoro de vida marina declarada en gran parte Parque Nacional. Y algunas de las mejores playas del mundo, sin discusión.

Deshabitadas hasta la eclosión del turismo en este punto equidistante entre Brisbane, Cairns y la parte central del Great Barrier Reef National Park (www.gbrmpa.gov.au) a partir de los 80, lo bueno de las Whitsunday es que se encuentran cerca unas de otras. Su origen volcánico les otorga una orografía montañosa. El despegue como destino vacacional y romántico ha concentrado el desarrollo de la actividad turística en siete islas, que se suelen visitar en barco. Y nadie olvida recalar en la mítica playa Whitehaven, un arenal de tres kilómetros de largo en la por otro lado casi deshabitada isla Whitsunday. Votada de modo regular como la mejor playa del mundo, sus opciones de alojamiento son extremas: o una acampada con permiso limitado que hay que solicitar con antelación –como en las islas que así lo permitan– o reservar en uno de los resorts más excéntricos y exclusivos del mundo.

A seenta kilómetros del archipiélago casi en línea recta, Airlie Beach suele convertirse en el lugar de estancia para aquellos que optan por permanecer en tierra firme o simplemente no han contratado estancias exclusivas. Además de conocer a muchos visitantes en el concurrido muelle The Explanade, ofrece fantásticas vistas de las islas y suele convertirse en el punto de encuentro entre los viajeros por la zona. Allí, unas sesenta compañías ofrecen todo tipo de servicios turísticos hacia las islas, desde excursiones en avioneta o traslados como los de Air Whitsunday (www.airwhitsunday.com.au), a recorridos o cruceros en velero como los de Sourthern Cross Sailing (www.soxsail.com.au. Desde 90 €). Al contrario que en Whitsunday, esta población costera despliega una animada vida nocturna en la que participan visitantes de todos los rincones del globo. Resulta obligado parar en la ciudad para informarse sobre las plazas y condiciones de acampada (sólo está permitido en las islas Hook, Whitsunday, Henning, South Molle, Denman y Planton) en el servicio oficial Whitsunday Island Camping Connection (www.whitsundaycamping.com.au. Entre 53 y 131 €).

Barrera de olas

Una opción intermedia popular propone quedarse en la parte exterior, el denominado Outer Reef, un arrecife que forma una barrera de olas donde las playas resultan tranquilas. Por eso no suelen atraer a los surfistas o a quienes prefieren desplazarse al anillo exterior, aunque concentra navegantes y submarinistas. Esta franja es de fácil acceso y delicado equilibrio ecológico; se encuentra a 30 kilómetros de tierra firme. Permite visitar Hook Island y Hamilton Island, bucear en zonas de alta riqueza coralina como Bait Reef y Stepping Stones, o simplemente maravillarse con la mejor experiencia de esnórquel posible. Los amarres diurnos son públicos e incluye el espectáculo de Heart Reef, uno de los ecosistemas más hermosos de Queensland. Para aprovechar esta riqueza, lo ideal es practicar inmersiones un mínimo de dos días con especialistas como Fantasea Adventure (www.fantasea.com.au).

Soledad salvaje

Las islas del grupo Molle, como South Molle y Daydream, resultan la segunda opción para adentrarse en las Whitsunday. La última cuenta con excelentes opciones de alojamiento. Más adelante ya se impone el profundo sentimiento de soledad y naturaleza que ofrece el tramo más salvaje y deshabitado; este privilegio está protegido gracias a las estrictas normas de visita que se aplican en todo el área, y que también hay que tener en cuenta a la hora del baño, sobre todo de octubre a mayo. En ese periodo resulta obligatorio utilizar un stinger suit o traje fino de neopreno para protegerse contra la picadura de la medusa Irukandji, autóctona de estas aguas. Conservando las precauciones adecuadas, y limitándose a la estancia en los lugares turísticos y de acampada designados al efecto (información en www.thewhitsundays.org), la experiencia en este archipiélago de espíritu anfibio te transforma, aunque sólo sea como un premio reservado para unos pocos. Y para reserva, la isla Hayman, de propiedad privada y con el resort más exclusivo de todo el archipiélago.

Hoteles: Helipuertos y piscinas olímpicas

Si Queensland es un Estado que culmina los deseos de cualquier amante del mar, sus hoteles lo acompañan. Algunos marcan techos oníricos ocupando zonas privadas con precios para privilegiados. Otros se concentran en opciones asequibles, aunque, sin duda, tocar el cielo en este destino fetiche bien merece algún exceso. Separada de tierra por el Canal de Molle, Daydream Island aloja un resort de gran tamaño, el Daydream Island Resort and Spa (www.daydreamisland.com. Desde 199 €), ideal si se viaja en familia o grupo; la tarifa incluye deportes, navegación, juegos y excursiones. Lo contrario sucede en Hamilton Island, donde Qualia destaca como uno de los más lujosos resorts de nueva generación (www.qualia.com.au. Estancias por 1.953 €). Diseñado por el australiano Chris Beckingham, con estanques infinity y arquitectura minimal y ecológica, con Spa, transporte privado, restaurantes y atención ultra-personalizada, ya ha llamado la atención de los rich & famous. Long Island, apenas a medio kilómetro de tierra firme, reúne varios resorts selectos, con propuestas alternativas como Paradise Bay (www.paradisebay.com.au) –al que se accede en helicóptero–, que propone a sus 20 huéspedes una filosofía eco-lodge que incluye desde agua de lluvia en las duchas al uso exclusivo energía solar; no admiten móviles ni menores de quince años. Los otros dos, Peppers Palm Bay y Long Island Resort, programan actividades al Conway National Park.

Para zambullirse en lo prohibitivo, el icono por antonomasia se llama Hayman Island Resort (www.hayman.com.au. Desde 550 €), propiedad del empresario aéreo Sir Peter Abeles. Yates de gran eslora, un helipuerto que no para, sets completos de equipaje de Louis Vuitton por los pasillos y ejércitos de guardaespaldas esperando en el hall confirman lo que siempre se habla de este envidiado alojamiento: que es la estrella donde recalan los who’s is who que visitan la zona. Aunque sólo cuenta con 244 suites, Spa, tiendas y cinco restaurantes, para moverse por las instalaciones hay un sistema de trenes elecétricos, imprescindible para ir a la Pool Wing; la piscina principal tiene las dimensiones de siete piscinas olímpicas. Todo el complejo fue construido con medidas anti-huracanes.