Langkawi [Malasia]: Postal verdemar y turquesa

Langkawi es conocida como “Tierra de deseos”.

Como si se tratase de una frontera acuática entre Tailandia y Malasia occidental, entre el Mar de Andamán y el estrecho de Malaca, la isla de Langkawi preside el archipiélago del mismo nombre con la prestancia de ser uno de los paraísos más demandados de su país. Su tardío desarrollo turístico no le ha permitido competir hasta ahora con otras islas, como la solicitada Penang u otros destinos de playa como el exquisito Kota Kinabalu de Borneo, que es una frecuente escala de la crema y nata mundial. Recuperar el tiempo perdido ha sido cuestión de unos veinte años de constante impulso, unidos a un último y decisivo empujón propiciado por la Unesco al incluir en el año 2007 el archipiélago oscilante malayo en su Red Global de Geoparques.

Las islas de Langkawi parecen unas figuras imposibles esculpidas en setos. Las más pequeñas son como gotas de rocío. Tan diferentes que el único nexo que en apariencia las une es el verde que las tapiza casi por completo. Tan dispares que, según las mareas, su número oscila entre las 99 y las 104. Se las conoce como “la joya de Kedah” y su isla principal recibe el sobrenombre de Isla legendaria o Tierra de deseos. Es la única habitada junto con Pulau Tuba, Pulau Rebak y Pulau Dayang Bunting. Considerada el pedazo de tierra con más solera de Malasia –se estima que tiene unos 550 millones de años de antigüedad, aunque emergió a la superficie hace 220–, su importancia y diversidad geológica se combinan con un fértil imaginario popular cargado de leyendas y mitología. Cultura y naturaleza se dan la mano en un paraíso único que, a excepción del billete de avión, resulta apto para todos los bolsillos.

Dos escalas y veinte horas es el saldo mínimo que uno tiene que emplear para llegar en avión desde España, salvo que se encuentre ya en Malasia o Tailandia, en cuyo caso será suficiente con decidir si coge el ferry de hora y media que parte de Kuala Kedah o el de 45 minutos que sale de Kuala Perlis en el primer caso, o si embarca en el puerto tailandés de Satun en el segundo. Además de sus dotes naturales y sus servicios de primer nivel, Pulau Langkawi es una isla duty free que convierte el shopping en otro de sus aliados. Un síntoma de que este rincón malayo ha abierto la puerta de par en par al turismo de masas, pero que persiste en su pureza condensando la mayor parte de su infraestructura en la zona sur –allí se encuentra la capital, Kuah, y las cinco playas con desarrollo turístico– y manteniendo casi intacta la parte norte –a excepción de la bahía de Datai, casa de los hoteles más lujosos y del campo de golf más exclusivo de la isla, y de Tanjung–. Claro que dos tercios de sus más de 300 kilómetros cuadrados de superficie están cubiertos de vegetación, y no hay para mucho más en una isla que de norte a sur apenas se extiende 25 kilómetros. Solo falta hacerse con un coche de alquiler y recorrer de cabo a rabo la carretera semicircular que traza todos sus encantos… y, por supuesto, prepararse para una sobredosis de contacto con la naturaleza.

Tierra, mar y aire

A pesar de la utilidad innegable del coche, la forma más agradecida de conocer Langkawi es por aire y por agua, aunque también conviene practicar el senderismo por las rutas bosque a través que solo son accesibles a pie. Los dos puntos más altos de la isla permiten realizar la primera opción. Desde Gunung Raya, el pico más alto con 881 metros, además de obtener una panorámica de la isla y del archipiélago de Langkawi, en días claros se pueden ver determinadas zonas de Tailandia, Malasia occidental e incluso Indonesia. Se encuentra en el centro de la isla y a su mirador se llega fácilmente por carretera. Las vistas se repiten en el segundo punto más alto de la isla, Gunung Machincang, aunque no la forma de abordarlo. Para subir al impresionante montículo que se eleva en la península formada al noroeste hay que tomar un teleférico desde Kampung Teluk Buraru. Tras 20 minutos de emoción (las cabinas del funicular llegan a inclinarse 42 grados) sobrevolando la primera porción del sureste asiático que emergió de las aguas en el período cámbrico, habremos hecho dos paradas tácticas. La primera, para recorrer el famoso puente curvo que se suspende a 700 metros de altura; la segunda, para obtener vistas de 360º desde dos plataformas circulares. Memorable.

Entramado de manglares

Experimentar Langkawi desde al agua brinda varias opciones. Hay multitud de empresas operando cruceros privados que bordean la isla con parada en sus mejores playas, disfrute de catering y atardecer incluidos. Pero si hay algo ineludible, es navegar por el entramado de manglares y cuevas que forman los tres estuarios del Parque Natural de Kilim, ubicado en el Este de la isla. Águilas, macacos comecangrejos, cuevas donde los piratas escondían sus motines en pleno auge de la Ruta de la Seda o inverosímiles formaciones de roca cárstica son solo parte de lo que alberga uno de los sistemas de manglares mejor conservados del planeta.

Hoteles: Al abrifo de selvas y playas

A pesar de un desarrollo turístico relativamente reciente, Langkawi tiene una estructura hotelera con muchas alternativas. Si queremos privacidad y exclusividad, el norte de la isla será nuestro dominio. The Andaman (www.theandaman.com), de la línea Luxury Collection de Starwood, y The Datai Langkawi (www.lhw.com), representado por Leading Hotels of the World, se encuentran en el noroeste. Mientras el primero se ubica en primera línea de playa junto a una selva tropical milenaria y ofrece casi 300 habitaciones, el segundo se adentra en la espesura selvática y cuenta con poco más de cien. En el noreste se levanta el resort de lujo que dispone de la playa más romántica de la isla, Tanjung Rhu (www.tanjungrhu.com.my), y también el magnífico Four Seasons (www.fourseasons.com), que no se queda atrás en lo de complacer a parejas. Pernoctar en los típicos palafitos de madera del sureste asiático es posible en el Langkawi Lagoon Resort (www.langkawilagoonresort.com), que posee un Sea Village compuesto de 76 casitas sobre el mar, o en el Berjaya Langkawi Island Resort (www.berjayahotel.com), que combina esta opción con estancias inmersas en la selva. Si optamos por el encanto de un hotel boutique, Bon Ton Resort (www.bontonresort.com.my) está compuesto por ocho casitas de estilo tradicional malayo en el suroeste de la isla, ubicación que comparte con el extremadamente bonito Casa del Mar (www.casadelmar-langkawi.com), el original Temple Tree (www.templetree.com.my) y el sostenible Frangipani Resort & Spa (www.frangipanilangkawi.com).

Por su parte, el Sheraton Langkawi Beach Resort (www.starwoodhotels.com) se ubica en medio de 15 hectáreas de exuberantes entornos tropicales en el suroeste de la isla. También hay alternativas para bolsillos ajustados. En la casa de huéspedes Pondok Keladi (www.pondok-keladi.com) se puede pasar la noche por 30 € en una habitación doble. Por poco más, The Cabin (www.thecabin.com.my) es un hotel familiar situado en una de las playas más populares: Pantai Chenang.