Penang [Malasia]: La historia sigue viva

Penang es una diminuta Asia con tradiciones ya desaparecidas en otros lugares del continente.

La historia de la colonización de Penang por los europeos empieza con una escena digna de Hollywood. Aquí tenemos a sir Francis Light, navegante y aventurero inglés que, después de negociar con el sultán de Kedah el protectorado británico de la isla –entonces cubierta de selva y prácticamente despoblada–, decidió atraer a cientos de trabajadores por un medio tan expeditivo como asombroso. Cuenta la leyenda que llenó los cañones de su barco con monedas de oro y plata y los disparó a la selva. Todo sería para quien lo encontrara. Como es fácil de imaginar, los malayos locales y los indios recién llegados a aquellas tierras limpiaron rápidamente a golpe de machete un pedazo de selva de Pilau Pinang, la Isla de la Nuez de Betel, como era conocida entonces. Allí, en lo que ahora es Fort Cornwallis, se fundó Georgetown, cuyo nombre honraba al rey inglés del momento, y se estableció un protectorado que duraría “mientras el sol y la luna permanezcan en el cielo”.

Para entonces, Penang ya tenía una oscura historia como escondrijo de los piratas malayos que merodeaban por las aguas del estrecho de Malaca. Por aquí, entre Sumatra y la península malaya transitaban todos los barcos repletos de valiosísimos cargamentos que emprendían el viaje a Europa desde las cercanas Islas de las Especias. Con los ingleses se establecieron también mercaderes de China, India e Indonesia, atraídos por este puerto floreciente que controlaba las rutas comerciales de la zona. Desde entonces, Penang es un pequeño microcosmos, una diminuta Asia donde perviven costumbres que ya han desaparecido en muchos otros lugares del continente. Hoy en día no resulta muy difícil encontrarse con escenas que parecen sacadas directamente de un libro de Joseph Conrad o Rudyard Kipling. Y cualquiera podría imaginarse todavía a Somerset Maugham saltar a puerto desde la cubierta de un bergantín o tomando un cóctel en el conocido bar del Eastern and Oriental Hotel bajo las aspas de un ventilador colgado del techo.

En las calles de Georgetown se mezclan todas las razas, todas las lenguas y todas las religiones, y forman uno de los ambientes más cosmopolitas y asombrosos de todo el mundo. Los chinos han aportado la seda, el té y la porcelana, y los indonesios, las especias que conquistaron el gusto de todo el mundo. Los indios trajeron el opio y el algodón; los árabes, el islam y los perfumes, y los europeos, la ciencia occidental. Todo ello da como resultado una sociedad de múltiples facetas, inabarcable en sus ritos y costumbres, que se convierte en el más fabuloso espectáculo humano que quepa imaginar.

Patrimonio de la Humanidad

En una época en que los barrios chinos tradicionales de Singapur y Hong Kong caen poco a poco a golpe de piqueta y ya casi se puede decir adiós a estos Chinatown que reflejaban casi mejor que en China las viejas costumbres milenarias, Georgetown aparece –en la medida de los posible– como un pequeño reducto que se resiste a morir. Cada vez es más difícil encontrarse en Singapur con esos fastuosos funerales en los que se honraba a los difuntos con coches y otras ofrendas de papel, o a los viejos calígrafos chinos, que mantenían vivo su arte centenario como uno de los lazos con el pasado. Pero en Penang perviven los viejos modos, las indumentarias tradicionales, los orfebres, los restaurantes, los comercios y las farmacias donde se destilan todavía las antiguas fórmulas magistrales a base de raíces, polvos resecos y partes de animales. La arquitectura peranakan subsiste casi intacta en calles por las que parece no haber pasado el último siglo. En 2008 la Unesco incluyó el barrio histórico de Georgetown en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Penang es el único Estado malayo dominado por los chinos, lo que le da un carácter abierto y tolerante. Dónde, sino, puede encontrarse una calle como Jalan Masjid Kapitan Keling, donde se atestigua mejor que en ningún otro sitio la libertad religiosa y la convivencia de culturas de la isla. Conocida como “la calle de la armonía”, debe ser uno de los pocos lugares del mundo donde se encuentren juntos una mezquita, un templo hindú, un templo chino y una iglesia cristiana. A pocos metros, en otra calle, está el templo budista de la ciudad.

Mansiones coloniales

Sin embargo, la gran joya arquitectónica de la isla permanece escondida entre los estrechos callejones de la ciudad. Khoo Kongsi no es realmente un templo sino el centro de un kongsi, una organización clánica, una especie de sociedad benevolente que ayuda económica y espiritualmente a todas las personas de un mismo apellido. Así se mezcla el culto a los antepasados con el concepto confuciano de la ayuda mutua. Aparte de la arquitectura religiosa, Penang guarda celosamente una extraordinaria riqueza en las magníficas mansiones coloniales chinas construidas a principios del siglo XX, durante el período de auge del caucho y el estaño. El tiempo no ha pasado en vano para muchas de ellas, que muestran el melancólico decaimiento de las imponentes construcciones abandonadas al trópico, pero otras siguen en un perfecto estado, sustentadas por las familias que mantienen vivas sus costumbres ancestrales y el espíritu de convivencia entre las distintas culturas. Los viejos lazos perviven en las estrechas callejuelas de Georgetownn como un homenaje al pasado y como la mejor forma de enfrentarse al futuro.

Hoteles: Placeres coloniales

Desde su apertura en 1885 por los hermanos Sarkies –que después fundaron muchos otros hoteles, como el Raffles de Singapur y el Strand de Yangoon–, el Eastern & Oriental Hotel (www.eohotels.com) es la gran dama de la hostelería de Penang. Desde los primeros años marcó el estándar del lujo y el glamour de la época colonial inglesa. La parte conocida como Heritage Wing es la original y, perfectamente renovada, mantiene el encanto de otros tiempos. Por algunas de sus cien suites han pasado los nombres que han colaborado a crear y difundir la atmósfera de exotismo y aventura del misterioso Oriente, como Rudyard Kipling y Somerset Maugham. Es el lugar para revivir, con todo lujo de detalles, la atmósfera nostálgica de un mundo pasado. Enclavado en una zona declarada Patrimonio Mundial por la Unesco, se encuentra a poca distancia de los principales centros de interés de Georgetown, por lo que se puede caminar hasta la mayoría de ellos.

Más allá de Georgetown se abre toda la isla de Penang, pero el destino evidente son las playas. Batu Ferringhi es la más conocida, y allí se encuentra el Lone Pine (www.lonepinehotel.com), el único hotel boutique de lujo de esta playa, donde abundan los establecimientos de calidad pero normalmente de dimensiones más grandes. Forma parte del mismo grupo que el Eastern & Oriental, y se puede decir que es la versión playera: un toque de aire nostálgico pero con un carácter más abierto y moderno. Al tener solo 90 habitaciones conserva un carácter relativamente íntimo, y la sensación de bienestar se complementa con el Spa. Más grande, con 304 habitaciones, en la playa de Batu Ferringhi, también destaca el Rasa Sayang Resort & Spa (www.shangri-la.com), que forma parte de la prestigiosa cadena Shangri-La. El establecimiento alcanza los máximos niveles de calidad, y los que piensen que es muy grande deben tener en cuenta que está compuesto por dos conjuntos diferentes, por lo que los clientes de la exclusiva Rasa Wing gozan de las características de un hotel de lujo de 115 habitaciones.