Capri [Italia]: El refugio de los elegidos

La bella Capri está solo a media hora de ferry de Nápoles.

Si tú me dices ven, lo dejo todo… pero dime ven. El título de la famosa novela de Albert Espinosa encaja a la perfección con la propia Capri, uno de los escenarios por los que se mueven sus personajes. Capri ha sido siempre como un imán, un gran foco de atracción desde la época de los romanos. Esta isla-refugio italiana emerge poderosa en el Mar Tirreno, frente a la península sorrentina, separada por algo más de media hora en ferry de la caótica Nápoles, con la que nada tiene que ver. Aquí las prisas no existen ni para los escasos 13.000 habitantes que se distribuyen en sus apenas 11 km2 de superficie ni para los viajeros que recalan en ella. Muchos, como Julia Roberts y otras estrellas de Hollywood, huyendo de los paparazzi; otros, como Pablo Neruda en sus tiempos, en busca de inspiración. No resulta difícil imaginar a Augusto clamar: “Quiero Capri para mí”. Una frase que cada cual se repite en voz baja tras contemplar la increíble panorámica que se obtiene desde el mirador que lleva el nombre del emperador. Fue él mismo quien se encargó de realizar una de las primeras exposiciones arqueológicas de la Historia. Al construir su residencia vacacional se descubrieron restos fósiles de civilizaciones pasadas que él quiso exhibir en el jardín de su Palacio del Mar.

Casas que son capricho

Para alcanzar la cima del monte Solaro (589 metros), la elevación más alta de Capri, hay que llegar primero a la plaza Vittoria y subirse al telesilla que emprende un particular viaje sobre viñedos, huertos y pinos. Desde la cumbre se obtiene otra de esas vistas imposibles de olvidar, sobre los golfos mismos de Nápoles y Sorrento, con Ischia –la isla donde Billy Wilder rodó Avanti– de fondo. La bajada del monte puede hacerse a pie, para desviarse hasta otro de esos lugares a los que da vértigo asomarse: la Iglesia de Santa Maria a Cetrella, fundada en el siglo XIV entre las rocas. Su nombre se debe a la erba cetra, la melisa, que abunda por esta zona junto a otras raras especies botánicas, que se estudian y muestran en la antigua residencia que el escritor británico Compton Mackenzie se construyó aquí. Hay muchas casas que ver en Capri, entre ellas Villa Lysis, de principios del siglo XX, rodeada de cipreses y enredaderas y con un cierto aire romántico. También otras más antiguas, como Villa Jovis, a la que Tiberio se trasladó para gobernar su Imperio convencido como estaba de que en Roma sería asesinado.

Pequeños grandes excesos

Presidida por la iglesia de Santo Stefano, la plaza de Umberto I es el centro neurálgico de Capri, el lugar por el que todo el mundo pasa en algún momento del día, algo así como un salón de té donde habituales y forasteros se mezclan con similares objetivos. Uno es caminar y perderse; otro, comprar: algunas tiendas cambian sus horarios en función de cómo se presente el día. Si desembarcan pocos turistas, echan el cierre pronto. Si la isla está a rebosar, cualquiera podrá hacerse, hasta bien entrada la noche, con botellas de limoncello, sandalias de cuero, trajes de Armani o perfumes artesanos que huelen a naranja, musgo y romero, elaborados siguiendo ancestrales técnicas. La vida relajada de Capri está también llena de excesos. Los paseos por sus jardines han de prolongarse siempre cenando en alguno de los restaurantes de moda, ante un plato de pasta –quizás ravioli alla capresse– o el tradicional carpaccio de salmón.

Escritores y piratas

En la parte más occidental, Anacapri acoge algunos de los hoteles preferidos por actores, escritores y celebrities que buscan en la isla un escondite. Eso es lo que hizo mucho antes el intelectual y médico sueco Axel Munthe, que levantó aquí la maravillosa Villa San Michelle en el siglo XIX. En compañía de la reina de Suecia, pasaba en la casa veladas enteras escuchando cantar a los pájaros, a los que decidió proteger de la caza indiscriminada creando una reserva sólo para ellos. Hoy la villa es un museo, con un agradable jardín, que no hay que dejar de visitar. Su situación no tiene pérdida: está en el monte Barbarrossa, llamado así en honor del corsario turco que llegó a la isla allá por el año 1535. También de él toma el nombre el castillo bizantino situado sobre las rocas al nordeste de Anacapri.

El ritual de la Gruta Azul

Nadie puede decir que conoce la isla de Capri si no ha cumplido con un ritual: el de asombrarse una y las veces que hagan falta con la espectacular imagen que se contempla al atravesar La Grotta Azurra. Cuevas, acantilados, arcos naturales y exuberante vegetación conforman el sensual entorno de un recorrido que encuentra su punto final en este lugar, que no es otra cosa que una boca rocosa de muy poca altura. Para llegar a ella hay que saltar a una barca, agacharse lo más posible y cerrar los ojos. La postura no es nada cómoda, pero no será más que un divertido recuerdo tras abrir los ojos de nuevo y disfrutar de la luz que se cuela en la gruta para teñir el agua de un color extremadamente azul, extremadamente intenso. Según la leyenda, esta era la piscina del emperador Tiberio. Algún dios romano le revelaría el secreto.

Hoteles: Para paladares exigentes

Lo que a principios del siglo XX era una simple casa de huéspedes con dos habitaciones es hoy uno de los hoteles más románticos y con más encanto de Capri. Pocos lugares hay como La Minerva (www.laminervacapri.com) que reflejen mejor el espíritu de felicidad plena que tan bien representa la isla. Sus 18 habitaciones, blancas y elegantes, miran al mar y sus farallones, que también se pueden contemplar desde la terraza de la azotea, donde sirven el desayuno. También para gente que huye del bullicio es La Scalinatella (www.scalinatella.com), un cinco estrellas de 30 habitaciones donde el color azul domina cada rincón. Su restaurante de cocina mediterránea es un buen sitio para probar los estupendos vinos locales y disfrutar de una cena mediterránea.

Los huéspedes de La Scalinatella tienen ventajas a la hora de reservar cita en el Spa del Grand Hotel Quisisana (www.quisisana.com), todo un clásico en Capri, inaugurado hace 150 años, al que acudían a descansar importantes personajes de la vida social y cultural en épocas pasadas. En su QuisiBeauty se ofrecen tratamientos revitalizantes a base de caviar, oro y sal marina. Una buena forma de relajarse antes de tomar un aperitivo en el Caffé Morgano o elegir algún capricho de la carta del Krug Room, con los mejores champanes del mundo. Más antiguo es el Hotel La Palma (www.lapalma-capri.com), junto a la plaza Umberto I, e igual de exclusivo el Capri Palace Hotel & Spa (www.capripalace.com), en el corazón de Anacapri. Su restaurante L’Olivo ha conseguido la segunda estrella Michelin, gracias al buen hacer de su chef, Andrea Migliaccio, que ofrece pasta y pescados con coco, vainilla y limón como principales condimentos. El JK Place (www.jkcapri.com) es un exclusivo hotel boutique que solo abre los meses de verano y disfruta de una de las mejores ubicaciones del Mediterráneo. Y en la cercana isla de Ischia se encuentra  el Grand Hotel Excelsior, que sirvió de escenario a la brillante comedia de Billy Wilder “¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?”.