Chipre [Chipre]: Nueve mil años de civilización

Además de buenas playas, la costa de Chipre alberga tesoros naturales, arqueológicos e históricos.

Existe una isla en el Mediterráneo con más de 9.000 años de civilización a sus espaldas, generosa en tesoros arqueológicos, conquistas y leyendas: Chipre. Por aquí pasaron aqueos, fenicios, asirios, griegos, romanos, egipcios, persas, venecianos y otomanos, asentados en la isla durante tres siglos. Su estratégica posición la llevó incluso a ser territorio británico. A finales del siglo XIX, y a cambio de la cesión de la isla, Gran Bretaña se comprometió en el Tratado de Berlín a proteger a los otomanos de la expansión rusa. Así pasó a ser colonia inglesa hasta que en 1960 logró la independencia, proclamándose la República de Chipre. Catorce años más tarde, y tras varios enfrentamientos entre grecochipriotas y turcochipriotas, que incluyeron un golpe de Estado alimentado desde Grecia, los ejércitos de Turquía invadieron el norte de la isla. Nació así un conflicto de complicada lectura que tiene sus raíces en la difícil transición sufrida por el país hasta conseguir su independencia y que mantiene a la isla dividida entre la República de Chipre y la República Turca del Norte de Chipre. La mayoría de los lugares de interés turístico se encuentran en la primera, donde la bandera griega se ve más que la propia chipriota y a la que cada año llegan dos millones de turistas, la mayoría británicos. Desde España sólo hay un vuelo directo operado por Ryanair que une los aeropuertos de Larnaca y Barcelona.

Camino del Silencio Monacal

La capital insular es Nicosia –también llamada Lefkosia–, la única ciudad europea dividida por una alambrada. Con un centro rodeado por murallas venecianas, destaca el coqueto barrio de Laïki Gitonia, el espléndido Museo de Chipre y el tesoro de grabados en plata, retablos policromados e iconos bizantinos de la basílica de Faneromeni, joya del barroquismo que hace siglos desapareció del culto católico para pasar a la iglesia ortodoxa. En el otro lado –el turco, que puede ser visitado por los turistas– resaltan la antigua iglesia de San Nicolás, que fue durante siglos catedral ortodoxa, los restos del templo de Santa Catalina y la impresionante catedral católica de Santa Sofía, construida en estilo gótico flamígero y transformada por los otomanos en la fastuosa mezquita de Selemiye.

A medida que se deja atrás Nicosia va desapareciendo el paisaje llano salpicado de olivos, algarrobos y viñas para dar paso a las curvas, el enebro y el cedro de Chipre. Aquí, entre las montañas de Troodos, se esconden numerosas iglesias bizantinas de las cuales diez están catalogadas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. No hay que perderse las de Asínou –sus frescos son casi un catálogo de arte bizantino–, Ágios Nikólaos tis Stegis, Panagía tou Araká y Stavrós tou Agiasmati. Otro de los enclaves religiosos a destacar es Kykkos, uno de los dos monasterios más importantes de la isla. De factura moderna, a pesar de que data originariamente del siglo XI, sus monjes de larga barba velan un icono de la Virgen María, del que se dice que es uno de los tres que pintó el apóstol San Lucas. El otro gran monasterio, el de Stavrovoúni, ya en las proximidades de Larnaca, corona una cima de 660 metros. Sus monjes, seguidores de las estrictas normas del Monte Athos, no permiten la entrada a las mujeres, pero la vista de los valles circundantes que se contempla desde la entrada bien merece la visita. Los atractivos de Troodos se encuentra a una media de 50 kilómetros de distancia desde los principales centros turísticos, por lo que se pueden conocer fácilmente durante un día de excursión.

Eternidad junto a la costa

Además de las playas de aguas cristalinas y arenas finas situadas en torno a Larnaca, Lemesos y Pafos, la costa alberga otro tipo de tesoros. Los hay naturales, como los bellos acantilados del nordeste y la reserva natural de la península de Akamás, a cuyas playas vírgenes van a desovar las tortugas marinas en las noches de verano. Y los hay arqueológicos. Como la antigua ciudad grecorromana de Kourion, en los alrededores de Lemesos, con el teatro mirando hacia el mar, los preciosos mosaicos de la casa de Eustolios y los baños romanos. O las ruinas de los templos de Apolo y Amathus, en la misma zona. Sin olvidar Pafos, una ciudad turística Patrimonio de la Humanidad que toma el sol a pocos metros de los mosaicos de las casas de Dionisio, Orfeo, Aion y Teseo, que figuran entre los más bellos del mundo.

Culto a Afrodita

También junto al mar se encuentran las fantásticas Tumbas de los Reyes, una ciudad funeraria bajo tierra construida por las clases adineradas durante la dinastía de los Ptolomeo de Egipto. Pafos fue el centro del culto a Afrodita y no lejos de allí, en la cala de Petra tou Romiou, se sitúa el lugar de donde se dice emergió cautivadora la diosa griega. Los cantos rodados de su orilla crean suaves y sensuales sonidos tras cada caricia de las olas. Algo muy propio en este lugar mágico donde al atardecer acuden parejas para ver al sol caer más allá de las fotografiadísimas rocas que emergen del mar. Un buen sitio quizás para despedirse de la isla, a no ser que la estancia supere la semana de duración. Si es así, el viaje se puede completar cruzando a la zona turcochipriota para conocer la ciudad amurallada de Famagusta, en cuyos alrededores se encuentran las ruinas griegas de Salamis, y la encantadora localidad portuaruia de Kyrenia.

Hoteles: Cinco llaves de cinco estrellas

Chipre cuenta con una importante infraestructura hotelera distribuida en torno a sus principales centros turísticos. De entre la oferta de gama alta existente destaca la exclusividad característica del grupo Thasos Hotel, con tres establecimientos. Tal es así, que por el Anassa (www.anassa.com.cy) han pasado, entre otras celebridades, el matrimonio Beckham. Su localización junto a los límites de la Reserva Natural de Akamas, al suroeste de la isla, es fabulosa. Las 175 habitaciones y suites –algunas con piscina privada– se reparten por diversos edificios de estilo mediterráneo y la mayoría tienen vistas a la playa. La masificación de otros puntos aquí no existe y tan sólo el paisaje rural y el mar rodean a este lujoso hotel que cuenta además con un elegante Spa de inspiración romana. Con un estilo hippy-chic, más relajado que el Anassa aunque igual de cuidado, el Almyra (www.almyra.com) presume de su Spa con vistas al mar. Situado en Pafos, desde las terrazas de sus Kyma Suites se observan las mejores panorámicas.

A medio camino entre Pafos y Lemesos se levanta el mayor complejo de toda la isla, 233 hectáreas que incluyen una amplia oferta de villas y apartamentos en alquiler. La principal área del Aphrodite Hills Beach Resort (www.aphroditehills.com), donde se encuentran las 290 habitaciones y suites, se distribuye alrededor de su enorme piscina y su campo de golf de 18 hoyos. Nueve canchas de tenis, áreas infantiles y un lujoso –aunque un tanto kitsch– Spa completan la oferta de este complejo pensado sobre todo para familias. Para viajeros con fobia a las cifras superlativas, en las cercanías de Pafos y mirando hacia Coral Bay se localiza el Thalassa Hotel (www.thalassa.com.cy). Sus 58 habitaciones y suites son impecables, con grandes ventanales mirando hacia el mar. Al estar en una pequeña península orientada al sur, se puede elegir entre disfrutar desde la terraza del amanecer o del atardecer. Para estancias tranquilas. Al igual que en el Londa Hotel (www.londahotel.com), en Lemesos, un estiloso establecimiento que cuenta con 68 habitaciones y suites.