Formentera [Baleares]: La isla detenida

La isla de Formentera es un milagro del Mediterráneo, apenas a media hora en barco de la vecina Ibiza.

Apenas media hora de viaje en barco deja atrás a la más noctámbula y alocada isla del archipiélago balear. Llega en su lugar uno de los milagros de nuestro Mediterráneo: Formentera. Tan cercana –las conexiones en ferry entre ambas islas son frecuentes y los vuelos a Ibiza cada vez más numerosos– y lejana a un mismo tiempo. Aunque es la típica excursión de un día desde Ibiza, lo suyo es dejar atrás el mundanal ruido y desembarcar en La Savina maleta en mano. El pequeño puerto ya anuncia las medidas y los ritmos del territorio al que llega el viajero. Hablamos de una isla con una superficie de 83 kilómetros cuadrados, cuya carretera principal no llega a los 20 kilómetros. Por eso no es de extrañar que el puerto esté a rebosar de motos y bicicletas de alquiler, los medios de transporte más apropiados para recorrerla.

A ritmo de pedal

El mejor momento para llegar a la isla de Formentera quizás sea durante el mes de junio, cuando el aire ya huele a verano, pero los transbordadores aún no atracan repletos de turistas. Sin olvidar que las no tan elevadas temperaturas facilitan cambiar el acelerador por el pedal. Además de las vías convencionales, Formentera cuenta con doce circuitos verdes que permiten descubrir a pie o en bicicleta el paisaje de un territorio que no siempre fue fácil aliado de sus habitantes. Norias, aljibes y cisternas hablan de los tiempos en que el agua dulce resultaba difícil de conseguir. Y sus cuatro torres de defensa, a la que se une la levantada en la vecina isla de s’Espalmador, trasladan a los siglos en que había que protegerse de los corsarios que navegaban por el Mediterráneo. Mojones, paredes de piedra seca –el elemento más singular de la isla– e higueras centenarias modeladas durante años mediante estalons o puntales también aparecen en el camino hacia, por ejemplo, La Mola. Este promontorio es el territorio más alto de Formentera. Sus casi 200 metros lo convierten en un mirador excelente sobre la isla y la vecina Ibiza, incluido el icónico islote de Es Vedrá. En La Mola, pasado el pueblo homónimo, se encuentra uno de los dos faros de la isla. El otro, el de Barbaria, se hizo famoso gracias a la película de Julio Medem Lucía y el sexo. Aquel, en cambio, tiene el honor de haber aparecido en la novela de Julio Verne Héctor Servadac. Por todo el área de La Mola se puede disfrutar, a pie o en bicicleta, de un circuito verde de diez kilómetros, que es el más largo de la isla.

Arquitectura de supervivencia

Otro de los elementos que sobreviven en el paisaje formenterense son los volúmenes cúbicos, encalados con pequeñas ventanas que conforman la vivienda tradicional ibicenca, que fue traída a la isla en el siglo XVIII. Sus cubiertas planas recogían el agua de lluvia y sus gruesos muros y ventanucos aislaban del frío y del calor al mismo tiempo que protegían de posibles enemigos.

También como pequeños bastiones eran concebidas las iglesias. La mejor prueba de ello es la levantada en Sant Francesc Xavier, la pequeña y acogedora capital de la isla. Construida en el primer tercio del siglo XVIII, cuando aún se vivía con el miedo a los piratas metido en el cuerpo, su robustez la convertía en toda una fortaleza, con planchas de hierro en la puerta del templo e incluso una tronera. Las otras dos iglesias, la de El Pilar de la Mola y la de Sant Ferran de ses Roques, dan menos sensación de cajas fuertes que su hermana mayor. En este último pueblo se encuentra un clásico de la isla de Formentera: Fonda Pepe. Allá por los años 70 se convirtió en el punto de encuentro de los peluts (peludos), como llamaban aquí a los hippies. Hoy, locales y visitantes siguen sentándose a su puerta para beber licor de hierbas.

La receta de su éxito

Pero lo que convierte a Formentera en una joya son sus arenales vírgenes y sus aguas, de una transparencia espectacular. De lo primero tienen el mérito los propios formenterenses, siempre preocupados por la sostenibilidad. De la belleza de sus orillas, la pradera de posidonia. Localizada entre la isla e Ibiza, esta selva de plantas –no es un alga– actúa como depuradora natural, limpia el agua, la oxigena y protege a la costa de la erosión al amortiguar el oleaje. Es tal su importancia natural que fue declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

El circuito verde Camí de sa Guia conduce a las más espectaculares y famosas playas de la isla: Illetes y Levante, que están distribuidas a ambos lados de una larga lengua de arena. En el camino aparecen las salinas, y las lagunas de estany des Peix y Pudent, con el sepulcro de Ca na Costa, el yacimiento megalítico más antiguo de las Baleares. Cala Saona, ubicada al oeste, es otra joya. Enmarcada por acantilados, sus atardeceres son preciosos. O la playa de Migjorn, cinco kilómetros de arenales prácticamente vírgenes. Es la zona preferida por los locales, quienes se acercan a Vogamarí a disfrutar de sus arroces y pescados con vistas. Muy recomendable también por sus platos marineros es Can Rafalet, en el pequeño puerto de pescadores de Es Caló, situado en la costa de la Tramuntana, la más tranquila de toda la isla.

Hoteles: Entre pinares y mar

No hace demasiado tiempo que Formentera dejó de ser el secreto mejor guardado del Mediterráneo. Por eso no abundan los grandes hoteles y ninguna cadena de lujo ha desembarcado en la isla. De ahí que aún siga teniendo mucho de refugio relajado. Con una capacidad de alojamiento a la medida de la isla, lo más recomendable es atravesar las puertas de sus hoteles boutique. El último en incorporarse ha sido Es Marés (www.hotelesmares.com. Desde 330€ por noche en temporada alta), abierto todo el año en Sant Francesc. Sus 17 dobles y una suite reflejan con mucho gusto el carácter contenido de Formentera, sin olvidarse por ello de detalles como la carta de almohadas, equipo de sonido y reproductor de iPhone en todas sus habitaciones. Entre sus instalaciones cuenta con un Spa donde relajarse si cabe aún más gracias a su completo menú de tratamientos. Escondido entre pinares, cerca de El Pilar de la Mola, se encuentra Es Ram Resort (www.esramresort.com), otro de los cuidados establecimientos de la isla. Los huéspedes de sus cuatro villas y seis habitaciones dobles tienen acceso a un gimnasio al aire libre en pleno pinar, a varias camas chill-out donde relajarse a leer y los Fiat Panda Cabrio que el resort pone a disposición de ellos. A pie de playa, en el arenal de Migjorn y a un corto paseo del famoso restaurante Blue Bar abre sus puertas el Geeko Beach Club (www.geckobeachclub.com. 165 € la doble en temporada alta). Con piscina, camas balinesas y un restaurante con vistas al mar, sus 27 habitaciones de tonos contemporáneos son una excelente opción para quien busca dormir oyendo el mar, pero sin renunciar a la postal formenterense donde asoman las aguas turquesas, las dunas y los pinares. Imprescindible reservar con tiempo.