Hvar [Croacia]: El Adriático seductor

Las dimensiones de Hvar –sesenta km de largo por once de ancho– permiten disfrutarla con sosiego.

Resulta curioso que Hvar, que podría definirse perfectamente con algo así como “la isla violeta” por sus extensos campos de lavanda o “tierra apaisada” por ser la isla más alargada de todo el Adriático, se identifique siempre haciendo alusión a otros destinos. Así, se la conoce como la Madeira de Croacia, la Capri, la Saint-Tropez o incluso la Ibiza croata, pero no por ninguno de sus encantos o cualidades. Y eso que no para de figurar en los Top 10 de islas más bonitas del mundo, es decir, que no le faltan atractivos. Empezando por su capital (también llamada Hvar), que reúne todo aquello que pueda definirse con calificativos como cool, trendy o fashion, terminando con Stari Grad –la ciudad más antigua de Croacia–, y pasando por pueblos pintones como Milna o Vrobska. Tal es así, que a pesar de que diarios como el Sunday Times se empeñan en recomendarlo a sus lectores como uno de los destinos más asequibles de Europa, en sus puertos deportivos siguen amarrando grandes fortunas como la de los Gates o los Hilton. La isla de Hvar se encuentra alcochonada entre las de Brac, Vis y Kórcula frente a la costa de Dalmacia Central y se extiende unos setenta kilómetros a lo largo por sólo once de ancho. Desde el puerto de Split, junto al espectacular palacio del emperador Diocleciano, salen numerosos transbordadores que se abren paso por el estrecho que forman las islas de Brac y de Solta hasta las ciudades de Stari Grad y Hvar. La capital también tiene conexiones por mar con la ciudad italiana de Ancona y existen ferrys diarios desde la localidad dálmata de Drvenik hasta Sucuraj, ubicada en el extremo este de la isla.

Encantos de ayer y hoy

Una vez allí, sus pequeñas dimensiones permiten disfrutarla con sosiego y muchos optan por la bicicleta en detrimento del coche de alquiler, pues la altitud máxima de Hvar es de 628 metros y no hay cuestas excesivamente insufribles. Además, los taxis acuáticos son fáciles de conseguir y una interesante opción para llegar a cualquier punto de la isla o a lugares únicamente accesibles en barco, como las lagunas de Parja, que se ubican al norte. En la isla que recibe más horas de sol del Adriático el termómetro no suele bajar de los diez grados centígrados, lo que la convierte en un destino óptimo para visitar durante todo el año. Aunque siempre hay una época mejor. En este caso es la primavera, cuando los extensos campos de lavanda y de romero emanan su inconfundible fragancia envolviendo el viaje en una experiencia sensorial inolvidable.

La capital, un importante puerto durante la República de Venecia, es hoy el lugar de moda en Croacia por su capacidad para atraer a la beautiful people en detrimento de otros destinos como Dubrovnik. Es usual ver copas de champán o cava en las terrazas que bordean el puerto, donde descansan yates de quitar el hipo. Además, junto al excelente estado de salud de su vida nocturna hay un buen número de galerías de arte que también se encuentran en estado de gloria, como la de la artista Maja Jesulic (Hvaroom), cuyas obras visten la terraza del moderno hotel Riva. Más allá de lo cool, la Catedral de San Esteban, el primer teatro edificado en Europa, la Fortaleza Española –llamada Spanjol– o el Monasterio Franciscano son las citas ineludibles de cualquier ruta turística convencional.

Más de 24 siglos

Stari Grad, “ciudad antigua” en croata, fue fundada por los griegos en el año 384 a.C., convirtiéndola en la ciudad más añeja de Croacia. El nombre de Hvar ha ido derivando de aquel con que los helenos conocían no solo esta ciudad sino toda la isla: Pharos. Su encanto reside precisamente en las reminiscencias del pasado: desde su aspecto medieval y múltiples iglesias hasta su atracción principal –el castillo fortificado renacentista del poeta Petar Hektorovic–, pasando por la famosa llanura de Stari Grad, una muestra viva del sistema agrícola de los griegos. Avalada por la Unesco, conserva intactas paredes de piedra que cuentan más de 24 siglos y en ella se siguen cultivando olivos y vides a la antigua usanza. Si algo bueno tiene viajar a un destino pequeño es que uno puede combinar las visitas turísticas, las actividades y el descanso sin remordimiento de haberse perdido algo. Porque, aunque una visita exprés de tan sólo dos días es suficiente para conocer las gemas de Hvar, pasar en ella una semana permite sacarle todo su jugo sin quedarse únicamente en lo superficial.

Artesanías culinarias

Allí, quien no se emplea en el turismo se dedica a la pesca o al campo. Prácticamente cada uno de sus pueblos está especializado en alguna artesanía culinaria. Romero, aceite de oliva y miel en Brusje, vinos tintos en Sveta Nedilja o Ivan Dolac y blancos en Zavala, lavanda en Velo Grablje… pero nada como ir recalando en los pequeños pueblos –las espectaculares playas de guijarros de Milna, el pintoresco canal y los puentes de piedra de la pequeña Venecia, Vrboska, la cueva neolítica de Jelsa– para descubrir sus lindezas gastronómicas. Hvar también es un excelente lugar para naturistas, así como para amantes del turismo activo y de aventura. Kayaking, senderismo, escalada… y, por supuesto, navegación y buceo. Desde la ciudad de Hvar se obtienen increíbles vistas hacia el archipiélago de Pakleni Otoci, ese conjunto de islas que parecen piezas de puzzle y que usualmente sirven de imagen del destino. Jerolim, Marinkovac, Planikovac, Borovac, San Clemente… son veinte islas pequeñas, conocidas como las Diabólicas debido a una traducción errónea de su voz croata, donde estas dos últimas actividades son una delicia.

Hoteles: Noches de glamour

Las mejores opciones para pernoctar en Hvar son dominios de la cadena Suncani Hvar Hotels (www.suncanihvar.com), que cuenta con nada menos que nueve establecimientos de distintas categorías y precios. Entre ellos destaca el Hotel Riva, militante de la exquisita Kiwi Collection (www.kiwicollection.com) y todo un acierto de estética, funcionalidad y vanguardia. Ubicado en la avenida marítima, en pleno centro histórico de Hvar, sus 54 estancias cuentan con un diseño y estilo único, personificado en las fotos en blanco y negro de leyendas del cine que presiden los cabeceros de cada cama. Un lugar para ver y ser visto que cuenta con una apetecible terraza donde los cócteles y la música lounge son el perfecto aperitivo de la vida nocturna de Hvar. En esa misma línea, el hotel Adriana es otra de las apuestas de la cadena croata. Líneas minimalistas, piscina acicalada en la última planta y servicios de Spa son sus mejores bazas, también en la ciudad de Hvar. Y lo mismo se repite en el Amfora, un resort de lujo situado junto a uno de los mejores beach clubs de la ciudad: Bonj Les Bains. El concepto cambia, sin embargo, con The Palace, un coqueto tres estrellas emplazado en un bonito edificio histórico cerca de la catedral de San Esteban.

Otra opción interesante a 15 minutos de paseo de la ciudad de Hvar es el Hotel Podstine (www.podstine.com). Agradable y con guiños al estilo boutique, ofrece playa privada y 45 habitaciones cómodas y sencillas. También independiente, en Jesla se encuentra el hotel de corte familiar Fontana Resort (www.resortfontana-adriatiq.com), que dispone tanto de habitaciones como de apartamentos con cocina. Claro que ninguna otra opción para garantizar comodidad, privacidad y lujo que Luxury Croatia (www.luxurycroatia.com), que alquila espectaculares chalets con capacidad para varias personas. Una fórmula de alojamiento apetecible que también comparte Croatian Villas (www.croatianvillas.com).