Mikonos [Grecia]: La mimada de las Cícladas

La isla donde se dice que nacieron Apolo y Artemisa es famosa hoy por su animada vida nocturna.

Aunque en temporada alta se puede llegar a esta pequeña isla en vuelo directo desde Madrid y Barcelona, lo suyo es desembarcar en Mikonos tras unas horas de navegación en ferry por el Egeo, el mar de los dioses. No en vano su nombre hace honor a uno de los reyes mitológicos de Atenas, quien, persuadido por error de que su hijo Teseo había muerto durante su expedición contra el Minotauro, se arrojó desesperado desde el Cabo Sunión, al sureste de Atenas. También el nombre de la isla más glamourosa del archipiélago de Las Cícladas entra en la genealogía mítica, ligándose, según la historia narrada, a Heracles, Apolo y Dionisios. Pero si nos ceñimos a la pura etimología, Mikonos viene a ser simple y llanamente una pila de rocas. De granito, para ser exactos. A este paisaje árido, que no parecía tener mucho futuro, llegó en los años 60 Jacqueline Kennedy de la mano de Aristóteles Onassis. A partir de entonces, la jet-set comenzó a tumbarse en sus playas. La isla pronto adquirió fama gracias a la postal de entramado de callejuelas y casas encaladas que conforman el centro de su ciudad principal, llamada también Mikonos, aunque conocida por Chora, el nombre usado por los griegos para denominar a sus capitales.

Atardeceres chill-out

A Mikonos se va a trasnochar o a relajarse en sus numerosas playas y calas. Mucho más no se puede hacer en sus 85 kilómetros cuadrados. Pero resulta que aquí lo importante es el escenario y los personajes. Como en un teatro. Empezando por la misma capital. Pasear por ella es como hacerlo por un catálogo de estética mediterránea: buganvillas resbalando por blancos muros; ventanas, puertas y balconadas poniendo el toque de color –el azul predomina–, viviendas cúbicas de baja altura, calles estrechas… El atardecer es la mejor hora para vagabundear. Las boutiques están abiertas, la interesante colección del Museo Marítimo del Egeo aún se puede visitar, los restaurantes comienzan a animarse y la mal llamada Pequeña Venecia está en su pleno apogeo. Este frontal marítimo donde las casas parecen flotar sobre el agua –de ahí la manida comparación– es el lugar preferido para ver la puesta de sol a ritmo de música chill-out. Si no hay sitio en sus bares y terrazas –donde el Caprice es toda una institución– se puede caminar un poco más allá y verla debajo de los molinos, otra de las imágenes más fotografiadas de Mikonos. Desde este punto se tiene en el objetivo la mejor panorámica de la famosa fachada marítima. Aparte de estos cinco molinos, hay otros once distribuidos por la isla, la mayoría construidos en el siglo XVI por los venecianos. También desde aquí se divisan las rojas cúpulas de las iglesias, donde sobresale Panagia Paraportiani, formada por cuatro pequeños templos de estilo bizantino. Es uno de los 800 enclaves religiosos de la isla, si contamos los centenares de santuarios y capillas privadas distribuidas por su territorio. La dura vida que llevaron sus habitantes –quizás una de las causas de tanta devoción– parece lejana en cuanto llega la noche y la ciudad se abarrota. Dispersa durante el día por las playas, a estas horas la gente busca la famosa vida nocturna de la isla. Según las preferencias se juntarán en el Porta y en las calles adyacentes al Pierro’s Bar, que son los locales clásicos en la escena gay. O en la calle Zouganeli y alrededores, cuyos numerosos bares, como el Agyra, ofrecen un ambiente más heterogéneo. El Astra, otro de los más exitosos, reúne a gente guapa en busca de la primera copa. El resto de la noche la protagonizan clubs como el Cavo Paradiso, que han convertido a la isla en la Ibiza del Egeo.

Orillas con fiesta

La mañana trae de nuevo la toalla y la decisión sobre en qué orilla tumbarse. Si se desea animación y ambiente joven, hay que ir a las playas de Paradise y Super Paradise. Eso sí, la fiesta comienza a media tarde. Se puede llegar a ellas, como a otras, con los caiques que parten desde Mikonos. Para baños más tranquilos y familiares, el sur ofrece Ornos, Platy Gialos y Kapari Beach. En el sureste, Elia Beach atrae al público gay. Para amantes de los arenales menos transitados, en el norte se encuentran Fokos, Agios Sostis –muy cerca se localiza el más que recomendable restaurante Kiki’s– y Ftelia. Los windsurfistas que vienen a esta parte de la isla se aprovechan del meltemi, el viento culpable de la menor afluencia de bañistas.

Centros helenísticos

Cuando la tarde comienza a caer es momento de acercarse a Ano Mera, la otra localidad de Mikonos. Con un aire más tradicional que la capital, en sus alrededores se pueden visitar los monasterios de Panagia Tourliani y Paleokastro. Ya sea a la tarde o a la mañana temprano, hay que bajar al puerto y coger un barco camino de la cercana isla sagrada de Delos. Mitológicamente hablando, aquí nacieron Apolo y Artemisa. Aunque su valor se lo da el que fuera uno de los principales centros religiosos durante el período helenístico. No hay que perderse la terraza de los leones, el teatro, ni los mosaicos de la casas de Dionisio y Delfines, preciosos. Tampoco su Museo del Yacimiento, que alberga una colección muy interesante, aunque los hallazgos más valiosos estén en el Museo Arqueológico de Atenas.

Hoteles: Tradicionales, pero guapos

Quien dude sobre si Mikonos aún es destino preferente entre la gente guapa no tiene más que entrar en el Belvedere Hotel (www.belvederehotel.com). Sus espacios comunes son un oasis de buen gusto y elegancia, apareciendo siempre en la base la esencia de la estética tradicional de Las Cícladas. El blanco es protagonista absoluto en la mayoría de las 35 habitaciones y 8 suites. Al reservar hay que tener en cuenta que el Belvedere está localizado en lo alto de Chora, por lo que no habría que dejar escapar aquellas con vistas al mar, balcones privilegiados sobre los preciosos atardeceres de Mikonos. Además de contar con piscina, Spa y un Martini Bar, el hotel alberga el restaurante Matsuhisa Mykonos, uno de los 19 que tiene abiertos alrededor del mundo el célebre cocinero japonés Nobu Matsuhisa.

A diez minutos a pie de Chora se encuentra el hotel Cavo Tagoo (www.cavotagoo.gr), aún más estiloso que el Belvedere. Es el otro preferido por los famosos y razones no faltan. Este excepcional establecimiento situado en lo alto de un acantilado no sólo ofrece vistas espectaculares sino que ha recibido varios premios por su diseño arquitectónico. Además de las 80 habitaciones y suites –algunas con piscina infinity privada–, hay a disposición de los clientes dos villas decoradas impecablemente. La otra dirección que completa este trío de ases es el Mykonos Theoxenia (www.mykonostheoxenia.com), cuyas 52 habitaciones parecen una vuelta a la década en que Jackie Kennedy Onassis desembarcó en la isla. Muebles inspirados en los 60 y una amplia gama de colores dominan la decoración de este hotel de diseño. Entre las direcciones boutiques destaca el Apanema (www.apanemaresort.com), por sus toques románticos y el trato de Kriton, su dueño. También Bill & Coo (www.bill-coo-hotel.com), cuyas 24 suites atraen a gente guapa. Sobre la playa de Agios Stefanos se encuentra Grace Mykonos (mykonosgrace.com). En sus habitaciones no faltan ni máquina Nespresso ni base para iPod. Si quiere jacuzzi, hay que pedir la VIP Suite.