Aitutaki [Islas Cook]: El sueño de los Mares del Sur

El español Álvaro de Mendaña fue el primer europeo que descubrió las Islas Cook, en el año 1595.

Hay que mirar con cuidado para encontrar las islas Cook en un mapa del Pacífico, unos puntos que parecen diminutas motas de polvo perdidas en la inmensidad del océano. En la realidad, Aitutaki, con ser una de las más grandes, es apenas un islote cuya extensión se mide en hectáreas. Es pequeña y hermosa, como una preciosa aguamarina colocada con cuidado en un paño oscuro. Muchos de los conocedores de los Mares del Sur no dudan en afirmar que su laguna —un triángulo perfecto de mar, palmeras y coral— es la más bella de la Polinesia, a pesar de las numerosas competidoras posibles. Sus danzantes son reconocidos como los mejores en todos los archipiélagos entre Nueva Zelanda y Tahití. Danzantes y lagunas, palmeras y soledad. No es exagerado hablar de la imagen mítica del paraíso, la que encontraron los exploradores del viejo continente hace más de dos siglos y que desde entonces está grabada en el inconsciente del europeo que soporta fríos y largos inviernos.

En Aitutaki también se mezclan los paisajes a pesar de sus escasas dimensiones. En realidad consta de una isla principal, Maungapu, de origen volcánico, rodeada por un arrecife que forma una laguna. Un rosario de motus —los mínimos islotes de coral que apenas sobresalen unos metros sobre el nivel de las aguas— es la única barrera frente al mar infinito. La leyenda, y muchas veces hay que prestar atención a los mitos para tratar la historia, las guerras y los linajes en la Polinesia, refiere que Maungapu es la parte superior del monte Raemaru, de Rarotonga, la isla principal de las Cook, que fue recortada y traída por los guerreros victoriosos de Aitutaki.

A primera vista resulta difícil imaginar los lazos que pueden unir entre ellas a las islas Cook. Son 15 islotes desperdigados en 2.300.000 kilómetros cuadrados de océano cuando la suma de la superficie de todas ellas apenas supera los 240. Hasta hace muy poco tiempo era fácil navegar por estas latitudes y pasar cerca de cualquier isla de noche sin distinguirla, aunque los antiguos navegantes maoríes, que colonizaron buena parte de la Polinesia, llegaron a asentarse en ellas hace siglos. A los primeros exploradores europeos les aparecían en el camino, no las encontraban en el viaje siguiente y luego las descubrían de nuevo con la sorpresa de la primera vez. Se sabe que el español Álvaro de Mendaña las descubrió en 1595, Pedro Fernández de Quirós volvió a hacerlo en 1606, y todavía hubo muchos más navegantes que las descubrieron en los años siguientes. El capitán Cook, el más importante explorador del Pacífico, visitó varias de ellas, y en su honor el cartógrafo ruso Adam Johann Krusenstern les dio su nombre en el año 1824.

Rarotonga

Salvo que el viajero navegue por los Mares del Sur en su propio barco, el camino a Aitutaki pasa siempre por Rarotonga, la isla principal de las Cook. La compañía Air New Zealand hace escala aquí en su billete vuelta al mundo que parte de Londres. Rarotonga es lo más parecido a tierra firme para los habitantes de Aitutaki y de otros islotes: un penacho de picos volcánicos que guardan valles estrechos cubiertos de densa vegetación. Una versión en miniatura de Tahití, la gran isla de la Polinesia Francesa. Avarua es la pequeña capital pero, al contrario que en Papeete, la vida parece desarrollarse allí todavía sin prisas y parece un diminuto puesto comercial del siglo XIX que bien pudiera haber sido descrito por Stevenson o Melville. Junto a algunas construcciones modernas todavía abundan almacenes como los que antaño se utilizaban para guardar la copra. Al vagabundear por las calles se ven, naturalmente, coches, bancos y antenas de televisión, pero también viejas casas de amplias terrazas abiertas a la brisa del mar, pequeñas tiendas donde se vende un poco de todo, iglesias construidas con blanca piedra coralina y un ambiente tranquilo perdido ya en otros muchos lugares del Pacífico. Y si en Rarotonga todavía es posible sentirse vagando por lo que era la Polinesia de antaño, esta sensación aumenta al partir hacia Aitutaki, perdida a más de 250 kilómetros de distancia.

Recuerdos de la “Bounty”

En Aitutaki se vive al borde del mar. En Arutanga, junto al muelle, se agrupan algunos hoteles pequeños y oficinas, y es lo más parecido a una aldea. En las conversaciones de los bares todavía se recuerda que por aquí pasó en 1789 el capitán Bligh a bordo de la Bounty, exactamente 17 días antes de que se produjera el más famoso motín de la historia de la navegación en el Pacífico. Pero en Aitutaki no hay nada comparable a emprender una travesía por la laguna. Recorrer estas aguas tan hermosas que parecen irreales es lo más parecido a vivir el sueño del trópico. Aquí todo es plano, sólo hay agua y cielo alrededor, y la barca que se mueve marca siempre el centro de un espacio extraño, luminoso hasta la exageración y de un azul perpetuo. Después de un tiempo impreciso, difícil de calcular ya que no se siente el haber viajado en el espacio, se llegará a un islote, uno de los doce motus del arrecife, que quizá parecerá sacado de un sueño. Allí se dejarán pasar las horas bajo el sol tropical, buceando, recogiendo conchas en la playa, preparando una barbacoa de pescado o dando en dos minutos la vuelta completa al islote. Por un momento todo es sencillo, como el horizonte, y por lo tanto es fácil sentirse en el mejor lugar del mundo.

Hoteles: El mejor resort boutique

En las últimas cuatro ediciones de los prestigiosos World’s Travel Awards (www.worldtravelawards.com), que son descritos como los equivalentes en los hoteles a los premios Oscar en el cine, el Pacific Resort Aitutaki (www.pacificaitutaki.com) ha obtenido el premio al mejor resort boutique en islas del mundo. El que puede definirse como uno de los hoteles más escondidos del planeta, justo al borde la hermosa laguna de Aitutaki, ofrece una combinación de 27 suites, bungalows y villas perfectamente asimilados en el medio ambiente y completamente disimulados desde el exterior. Aquí todo está pensado para el relax y para poder vivir una verdadera experiencia de la Polinesia. El Pacific Resort Aitutaki es el único miembro de Small Luxury Hotels en las Islas Cook.

Salvo excepciones, todos los viajeros llegan a Aitutaki desde Rarotonga, la isla principal de las Cook, donde Pacific Resorts ofrece otros dos establecimientos de primera categoría. El Pacific Resort Rarotonga (www.pacificrarotonga.com) se encuentra en la playa de Muri, en la costa oriental de la isla y orientado hacia la fabulosa laguna exterior que rodea Rarotonga. Sus 64 habitaciones, bungalows o villas tienen buenas vistas de la laguna o están convenientemente disimuladas en el jardín tropical. Más intimo, e incluso más lujoso, es el Te Manava Luxury Villas & Spa (www.temanava.com), situado relativamente cerca del anterior, en la misma zona de la playa de Muri. Dentro de una categoría de establecimiento de cinco estrellas, Te Manava ofrece un concepto más amplio, ya que ofrece la oportunidad de que los clientes gocen de todos los servicios o, a su elección, prefieran utilizar ellos mismos una cocina completamente equipada para preparar su comida. Ocupa un kilómetro de frente de playa, una de las mejores ubicaciones posibles que se puedan imaginar; no es casualidad que en los World’s Travel Awards del último año le hayan concedido el premio a las villas más hermosas.