Islas Marquesas [Polinesia Francesa]: Meta de artistas y aventureros

El archipiélago de las Marquesas está formado por 14 islas principales de una profusa vegetación.

Antes de convertirse en un verdadero referente de la literatura juvenil, el escritor neoyorquino Herman Melville recorrió las aguas del Océano Pacífico a bordo del barco ballenero Acushnet, en una aventura de que marcaría el resto de su vida y buena parte de su producción literaria. Tras recalar en decenas de puertos, en el año 1841 el autor de Moby Dick permaneció un mes en las Islas Marquesas, embriagado con la belleza y la virginidad de este remoto archipiélago. Allí permaneció durante ese período de tiempo conviviendo con sus gentes (se decía que algunos practicaban el canibalismo), y luego puso rumbo a Papeete, la capital de Tahití. Su vivencia en las Marquesas le inspiró para la narración Taipi, que durante los dos últimos siglos ha sido un libro de cabecera para muchos de los que se han aventurado por los Mares del Sur.

El calificativo remoto, aplicado a las Islas Marquesas, tiene todo su sentido. De hecho, son la tierra firme más alejada de cualquier continente y para llegar a ellas –están divididas en dos subgrupos, Marquesas del Norte y del Sur, con 14 islas principales, que están habitadas por unas 9.000 personas–, hay que tomar un vuelo de más de tres horas y media desde el aeropuerto de Papeete, que está a una distancia de 1.800 kilómetros. Esa lejanía, curiosamente, ha constituido un acicate para todo tipo de viajeros, fundamentalmente los buscadores de autenticidad y de la belleza natural más pura, para aquellos que anhelan una paz absoluta y para un buen número de artistas que encontraron aquí su fuente de inspiración. Estos últimos conforman una lista apabullante, sobre todo si tenemos en cuenta las escasas dimensiones del archipiélago: el ya mencionado Herman Melville y los escritores Robert Louis Stevenson, Jack London, el pintor y escultor Paul Gaugin, el músico Jacques Brel…

Paz, sentido musical y artístico

En esta región del planeta, estos genios creativos encontraron tranquilidad y belleza para realizar sus obras y se sintieron irresistiblemente atraídos por el carácter de marquesinos y marquesinas, hospitalarios, libres de “occidentales” prejuicios morales y con una especial predisposición para la música, el baile y el arte. Sus dotes artísticas se perciben, incluso, sobre su propio cuerpo, con esos llamativos tatuajes que, a veces, cubren hasta el último centímetro de la piel. Los motivos tatuados han traspasado fronteras y hoy no hay rincón del planeta adonde no haya llegado esta técnica que, en el caso de los marquesinos (y tahitianos en general), tiene más que ver con la pertenencia a una comunidad concreta y a un cierto estatus, antes que a una moda.

Ese fue el panorama que encontró el explorador español Álvaro de Mendaña y Neira cuando descubrió el archipiélago, en 1595, durante una expedición por el Pacífico Sur y las llamó Islas Marquesas de Mendoza, como homenaje al virrey del Perú.

Acantilados de impresión

Hoy nada tiene que ver la toponimia general del archipiélago con la particular de cada isla, manteniendo los nombres que le dieron los propios polinesios. Por ejemplo, Nuku Hiva, donde está el aeropuerto que la conecta con el resto de Tahití. Sus 340 kilómetros cuadrados albergan algunos de los parajes naturales más impresionantes de las Marquesas, como el monte Tekao, con sus 1.224 metros de altura, o la cascada de Hakaui, con uno de los saltos más elevados del planeta, situado al final de un estrecho cañón que solo es accesible desde el mar y tras una agradable caminata. Nada que ver con la idea de una isla que se abra al mar en forma de playas de arena blanca: aquí las escarpadas montañas que conforman su perfil suelen hundirse directamente en el mar, conformando bellísimos acantilados de roca basáltica.

La segunda isla en importancia es Hiva Oa. Uno de sus principales atractivos son los tikis hallados en ella: esculturas pétreas de motivos antropomorfos, realizadas por los polinesios desde varios siglos antes de la llegada de los colonizadores europeos y que alcanzan en esta zona el mayor tamaño de cuantos han sido encontrados en Tahití y sus islas. Los tikis, en forma de colgantes y otros complementos, representan uno de los recuerdos más habituales para llevarse de regalo en las Islas Marquesas. La capital de Hiva Oa es Atuona y también lo fue del resto del archipiélago, hasta que una decisión administrativa la trasladó a Taioahe, en Nuku Hiva. Aun así, una buena parte del aparato oficial de las Marquesas sigue estando aquí. La principal atracción turística de la localidad es, curiosamente, su cementerio. No hay que extrañarse, pues entre sus moradores están Paul Gauguin y Jacques Brel, que pasaron en la isla sus últimos años de vida. Sus tumbas se han convertido en un auténtico centro de peregrinación para los admiradores de su arte.

La avioneta de Brel

También aquí, en lo que pretende ser la reconstrucción de la Maison du Jouir (Casa del Placer), en la que vivió el pintor, realizada por completo en madera al estilo polinesio, se sitúa el Museo Segalen-Gauguin, donde cuelgan algunas reproducciones de sus pinturas y una copia de su célebre escultura Oviri. A Brel también se le ha dedicado un museo en la localidad, que alberga, entre otros muchos recuerdos del cantante, su avioneta (Jojo, título de una de sus canciones más queridas), con la que sobrevoló (y disfrutó) una buena parte de este remoto archipiélago.

Hoteles: Una hospitalidad muy familiar

Parece como si las Islas Marquesas intentaran preservar un concepto de la hospitalidad bastante alejado de las comodidades de los hoteles de vanguardia. En sus alojamientos, el lujo no hay que entenderlo en forma de decoración realizada por los mejores interioristas del planeta, aparatos tecnológicos, alta gastronomía o grandes spas sino, más bien, en el trato personalizado, la autenticidad y el mimo que se ofrece a todos los huéspedes.

Los mejores establecimientos pertenecen al grupo Pearl Resorts. Como Hanakee Hiva Oa Pearl Lodge (www.pearlresorts.com), con tan solo 20 cabañas, de las que destacan sus ocho Ocean View, todas decoradas con el toque de artistas locales. Entre las actividades programadas, son muy recomendables las excursiones al interior de la isla a bordo de todoterreno y los trekkings.

Del mismo grupo hotelero es Kekikahanui Nuku Hiva Pearl Lodge (www.pearlresorts.com), también con 20 cabañas, de las que ocho son Premium Deluxe, con espectaculares panorámicas a la bahía. El hotel ofrece un acceso directo a la agradable cala sobre la que se sitúa. También un restaurante donde degustar platos de gastronomía local e internacional bajo las estrellas.

Estos resorts son la excepción, pues en las Marquesas la mayoría de los alojamientos son casas y pequeños hoteles (pensions) de trato y gestión familiar. Como Pukuee (chez.mana.pf/~pukuee), en Ua Pou, a unos 50 kilómetros de Nuku Hiva, que tiene solo cuatro habitaciones. Se trata de una casa de 360 metros cuadrados, en un jardín con piscina y abierta a una atractiva bahía flanqueada por verdes colinas, con servicios básicos pero muy personalizados. Como los de la pension Kanahau (pensionkanahau.com), a un kilómetro de Atuona, en Hiva Oa. Sus cuatro habitaciones, en madera de teka y al más puro estilo tahitiano, resultan muy confortables, con baño privado (algo no tan habitual en este tipo de alojamientos). Los responsables de este alojamiento ofrecen rutas a caballo por el interior de la isla, además de una visita a la vecina Tahuta, a tan solo 40 minutos.