Palaos [República de Palaos]: Buceo en la intimidad

El archipiélago de las Palaos estuvo bajo la soberanía de España hasta su venta en el año 1899.

Las Palaos nunca han sido protagonistas de ningún titular de la prensa internacional ni son conocidas en exceso por el gran público. Quizá por ello se han convertido en el refugio secreto de personajes como el director de Titanic, James Cameron; del físico Akio Morita, creador de Sony, y de Paul Allen, cofundador de Microsoft. Unas islas que no hace más de cien años estaban bajo soberanía española hasta que fueron vendidas a Alemania en 1899 (junto a las islas Marianas y Carolinas) por un total de 25 millones de pesetas. Pero no es hora de lamentarse sino de disfrutarlas. La naturaleza aquí es impresionante. La sensación de paraíso que invaden sus paisajes resulta abrumadora. La transparencia de sus aguas cristalinas, insultante, y el esplendor de su naturaleza, inconmensurable. Tantos adjetivos que las han llevado a situarse, en los últimos años, como uno de los cinco destinos preferidos para los amantes del submarinismo.

Efectivamente, las más de 200 islas, islotes y atolones que componen el archipiélago son una de las últimas maravillas vírgenes de Oceanía. De origen volcánico y coralino, parte de las Palaos se asientan sobre una tierra muy fértil cubierta de tupidos bosques y selvas de grandes terrazas y pastizales. Los arrecifes de coral disfrutan de una riqueza biológica excepcional, con gran cantidad de moluscos, corales y peces de mil y un colores. En cambio, del pasado colonial hispano poco queda. A pesar de ser una posesión del rey de España durante cerca de cinco siglos, solo tuvo una fallida misión religiosa del siglo XVIII y una guarnición de soldados y funcionarios que se instaló una década antes de la venta a Alemania. El único recuerdo de este vínculo son algunas palabras palauanas que conservan su raíz castellana, como  badrei (padre, referido a fraile) o ekelésia (templo).

El primer contacto con el archipiélago de las Palaos es el aeropuerto Roman Tmetuchl. Está situado al sur de la isla de Babeldaob, la mayor del archipiélago, y gracias a un puente está unido a la vecina isla de Koror, que es donde se asienta la mayor parte de la población. Babeldaob es enigmática y casi salvaje. Si bien su extensión equivale al 70 por ciento del conjunto del territorio de las Palaos, solo alberga el 30 por ciento de las 20.000 almas que tiene el país. Además, acoge el corazón administrativo, Ngerulmud, de apenas 200 habitantes, sin lugar a dudas la capital de Estado más pequeña del mundo.

La isla es montañosa, a diferencia de la mayor parte del archipiélago, aunque su punto más alto solo alcanza 242 metros. También es muy extensa, si se la compara con su entorno más inmediato (es la segunda isla de Micronesia en extensión). Los bosques son frondosos y la vegetación exuberante. La jungla se muestra casi impenetrable, y junto a los generosos saltos de agua (como el Ngardmau Falls) y los antiguos monolitos de piedra, que los arqueólogos no han sabido aún descifrar, el conjunto se presenta con un halo de misterio y aventura poco habitual en estas islas del Pacífico occidental. En el solitario norte pueden encontrarse bellas playas.

Los nácares más preciados del Pacífico

No obstante, el nervio del país se encuentra en la vecina isla de Koror, al sur de Babeldaob, donde se asienta gran parte de los habitantes del archipiélago y se localiza la principal localidad del país, del mismo nombre que la isla. En Koror se instalaron en el pasado las autoridades coloniales alemanas y más tarde las norteamericanas (hasta 1994, cuando Palaos se independizó). También los pescadores japoneses que en el siglo XIX fueron en busca de ostras perlíferas y atún. Porque aquí se encontraban algunos de los nácares más preciados del Pacífico, junto a los del archipiélago de Tuamotu y la zona del estrecho de Torres. Hoy, además, en Koror se localiza una gran parte de la oferta hotelera, el actual motor económico de un país con una de las rentas per cápita más altas de la región.

El secreto está en el mar

El gran atractivo de las Palaos (su nombre correcto en castellano, aunque se suele utilizar también el término anglófilo Palau o el local Belau) son las actividades ligadas al submarinismo y al esnórquel. La gran variedad de corales y especies marinas que habitan estas aguas claras, limpias y cristalinas ofrecen unas postales dignas de los más bellos reportajes del viejo Cousteau. Entre ellos están las llamadas Rock Islands, un atolón virgen y deshabitado de bellas playas y lagunas azules, situado cerca de Koror, que permite una convivencia con la naturaleza sin igual. En medio de una de estas islas se encuentra otro lugar excepcional, el llamado lago de las Medusas, que actualmente no tiene salida al océano y donde en el pasado quedaron atrapadas un tipo de medusas que se reprodujeron exponencialmente gracias a la concentración de algas.

Más al sur hay otros dos atractivos de las Palaos: Peleliu y Angaur. La primera es una isla que fue escenario de una de las batallas más encarnizadas del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. En los fondos de sus aguas los submarinistas pueden disfrutar del testimonio de estos enfrentamientos entre norteamericanos y japoneses, que se ha convertido hoy en un vivero de especies marinas. En tierra firme, las instalaciones militares y una pequeña pista aérea, casi abandonada, sirven también de recuerdo de la guerra. En otra isla cercana, Angaur, donde también hubo un choque entre marines y nipones, existe un lugar muy popular para la práctica del surf.

Hoteles: Tranquilos y aislados

Las islas Palaos se sitúan a mitad de camino entre Indonesia (700 kilómetros), Filipinas (800 kilómetros), Japón (2.000 kilómetros) y la isla norteamericana de Guam (800 kilómetros). Delta Airlines (www.delta.com) y Japan Airlines (www.jal.co.jp/en) vuelan desde Japón. Desde Guam hay servicio diario; también se llega desde Manila, que cuenta con dos vuelos semanales, operados por Fly Guam (www.flyguam.com) y Continental Airlines (www.continental.com).

En cuanto a la oferta hotelera, es múltiple y diversa. Las Palaos no son las Maldivas, pero desde finales de los años 90 el país está poniendo al día su oferta hotelera y de alquiler de bungalós, cottages y apartamentos. Entre ellos destaca el Carolines Resort (www.carolinesresort.com), donde es posible disfrutar de vistas extraordinarias. Tranquilo y aislado, el complejo ofrece diversas casas de madera junto a un marco natural envidiable; todas ellas disponen de una gran terraza frente a un océano de ensueño. Otra buena opción es Palau Plantation Resort (www.palau-resort.com), con su ambientación tropical, y el Palau Pacific Resort (www.palauppr.com), un resort de cinco estrellas de 160 habitaciones con todas las comodidades y servicios de un establecimiento de esta categoría y servicio. De hecho lleva once años consecutivos ganando el Best Diving Resort, otorgado por Dive & Travel Awards. Palau Pacific Resort es lo más parecido a una escapada al fin del mundo, un oasis donde las preocupaciones cotidianas se desvanecen entre el suave rumor del oleaje.

En el área de Koror se sitúan también otros hoteles que ofrecen buenos servicios, como el Sea Passion Hotel (www.palauseapassion.com), y los de categoría inferior, aunque de buena relación calidad-precio, como el Palasia Hotel Palau (www.palasia-hotel.com) y el Cliffside Hotel (www.cliffsidehotelpalau.com). En cambio, una buena alternativa a este modelo de alojamiento (y también de precio) es el alquiler de bungalós en las apartadas playas del norte del país (www.northbeachcottages.com). Allí, con unos precios más asequibles (unos 120 dólares por noche) es posible también disfrutar del paraíso en la más estricta intimidad.