Tonga [Reino de Tonga]: La tierra donde nace el tiempo

Cómo resolver la paradoja del viajero que llega al punto donde hoy siempre será mañana. Sencillo si se plantea en Tonga, considerada La tierra donde nace el tiempo. Su reino –acaso el último en resistir ideas preconcebidas por el turismo en otras latitudes– cae justo encima del DAB (el UTC o Tiempo Universal Coordinado, en castellano), lo que permite jugar a cualquier visitante con 12 horas de antelación sobre lo sucedido en la vecina Samoa, a solo 150 kilómetros de distancia, o con 24 horas sobre lo que sucede en el resto del mundo. Aquí todo se vive desde lo que será.

La única nación del Pacífico que nunca ha sido colonizada guarda estímulos que la hacen diferente al resto del mundo. En el corazón de la cultura polinesia rebosa abundancia en todos los sentidos, incluida la física: la obesidad es considerada hermosa y los árboles se doblan bajo el peso no solo de la fruta sino también de los murciélagos gigantes que luego sirven de aperitivo.

A diferencia de Samoa o Fiyi, Tonga no ha cambiado casi en el último medio siglo. No es necesario fomentar el pánico primitivista –el último misionero que terminó en una olla en Tonga fue en 1806– ni tomarse en serio las descalificaciones del escritor Paul Theroux en su libro Las islas felices de Oceanía, donde califica a los tonganos de “xenófobos” y “de mal carácter”, entre otras lindezas. Pero sí es mejor olvidarse de los grandes grupos de viajeros, los complejos hoteleros y las hordas de honeymooners o recién casados que se ven en otras latitudes del Pacífico Sur. Aquí resulta imprescindible ajustar los relojes vitales tanto a la hora de confirmar un vuelo como para entender los horarios de museos, tiendas y restaurantes: a veces solo abren dos o tres horas al día. El archipiélago de Tonga se concentra en tres racimos de islas: Tongatapu –el punto de llegada donde se encuentra su capital, Nuku’alofa– y, al norte, Ha’apai y Vava’u; los tres están separados por más de cien kilómetros de mar abierto. De estos grupos de islas, es la última el objetivo primordial de quienes quieren sumergirse, literalmente, en el espíritu ancestral, ya que ningún colonizador extranjero –ni siquiera el capitán Cook en sus dos viajes de descubrimiento– puso el pie en esta parte del archipiélago.

Pirámides reales

Mu’a, en la primera, recibe la mayoría de visitantes, pues concentra en una jornada interesantes yacimientos arqueológicos. Las 28 tumbas reales o langi fueron traídas de lugares remotos (Pangaimotu, Motutapu o Futuna) en canoa. La estructura cercana a la carretera es la paepae‘o (plataforma) de Tele’a, una gran pirámide del tu’i o rey del siglo XVI. El Palacio Real, localizado en el muelle, y otros atractivos geológicos del oeste de la isla, incluidos varios géiseres, forman parte de los recorridos de Jones Travel (www.tonga-travel.travel). Otra parada donde conectar con la cultura local en Nuku’alofa se centra en la visita al Tongan National Centre (Taufa’ahau Rd. Vaiola. Entrada: 6,6 €), que muestra la elaboración de tejidos of tapa, tatuajes y tallas en madera. Su espectáculo nocturno tradicional (24 €) comprende baile y la ceremonia de Taumafa Kava –en la que se elabora esta tradicional bebida hecha con la raíz de la planta kava-kava (Piper methysticum)– de acuerdo a un ritual que permanece inalterable desde hace dos mil años.

El kava –uno de los productos que Tonga exporta tradicionalmente, junto con la vainilla– compite en popularidad con la cerveza en todo el Pacífico. Con un 55 por ciento de sus cien mil habitantes menor de 25 años, esta bebida nacional se elabora los viernes por la noche en versión actual y se sirve en numerosos clubes.

Las artesanías de Tonga resultan auténticas respecto a las que se ven en el resto del Pacífico. En Nuku’alofa, el Talamahu Market (abierto de lunes a viernes, de 6 a 17 horas), la Langafonua Women’s Association Handicraft Centre –ubicado en una casa colonial de Taufa’ahau Road– y el taller del artista Sitiveni Fehoko The Art of Tonga ofrecen piezas interesantes.

Rumbo a lo imprevisto

Acercarse a Ha’apai garantiza encontrar playas que se extienden como un desierto imprevisto de arcilla blanca, arrecifes intactos y apenas un puñado de viajeros. Todo en este enclave resulta tan vibrante como inexplotado, sin las distracciones de tiendas o poblaciones; apenas algunas fale o casas tradicionales donde es posible alojarse. Una sensación incluso extraña para los muchos viajeros que aseguran buscar esta experiencia con ahínco. En esta zona se pueden realizar excursiones a la caldera volcánica de Tofua y las islas apenas habitadas de Lifuka y Uoleva.

Vava’u y Eua National Park (www.eua-island-tonga.com) proporcionan opciones para practicar kayak de mar, pesca, surf y submarinismo. La mayor atracción de la zona consiste en contemplar la colonia de ballenas jorobadas que se aparean y crían en estas aguas durante los meses de junio a octubre. Para moverse por esta parte de Tonga, lo mejor es renunciar al código occidental y adoptar el atuendo del ta’ovala, una tela de fibras de pandano que se ata a la cintura y es muy confortable.

Neiafu se utiliza de un modo generalizado como punto de partida para ascender hasta el Mount Talau National Park, desde donde sobrecogen las vistas de Port Refuge. Antes del contacto con los europeos, Neiafu era un cementerio sagrado para los pueblos indígenas, y allí eran enterrados la mayor parte de sus jefes.

Hoteles: Aguas sin dueño

Existe una ley que prohíbe a los extranjeros poseer tierra en el reino de Tonga, y ésta ha sido una medida clave para mantener el candor de estas aguas del Pacífico Sur. Aquí no hay grandes cadenas hoteleras ni enormes alojamientos con suites y televisiones. Frente a los inmensos complejos hoteleros de Samoa o Fiyi, aquí solo sobresalen apuestas de bajo impacto medioambiental, como la del Eueiki Island Eco Resort (www.tongaecoresort.com. Doble, 305 €), en Vava’u, que ya suenan a otro modo de dormir y viajar. Esta isla privada de arenales blancos, palmeras y aguas translúcidas, rodeada de bosque tropical y cuevas naturales, es perfecta si se quieren ver cetáceos e incluso nadar con ellos en sus rutas migratorias porque pasan justo por delante de las cabañas. Para estancias informales en fales tradicionales donde pescar y nadar son populares The Island Explorer (www.islandexplorertonga.com), Mystic Sands Bungalows (www.mysticsands.net) o Tapana Island Resort. Cerca de la capital, otra isla privada, con laguna interior y repleta de vegetación, aloja el Fafa Island Resort (www.fafaislandresort.com. Desde 170 €), compuesto por trece fales o cabañas que buscan la simbiosis con el entorno natural en todos los sentidos, incluyendo el uso de energías alternativas como la energía solar para todas las necesidades del establecimiento. El tiempo de estancia se emplea en navegar, nadar o recibir tratamientos naturales con plantas y esencias de las islas. En Tontatapu, el Otuhaka Beach (www.otuhaka.to. Doble, desde 40 €), a 20 km de Nuku’alofa, permite aprovechar las instalaciones de una de las playas más concurridas de la capital. Aquí se puede practicar voleibol, kayak o esnórquel. Por la noche también hay un espectáculo polinesio. En Nuku’alofa, Loumaile Lodge (www.loumaile.com) es un complejo con tiendas y centro de negocios, enfrente de las Tumbas Reales.